Lo cierto es que no ha pasado nada sobrenatural de momento, así que me centraré en anécdotas poco relevantes. El domingo en el hotel conocí a una pareja que, después de hablar mucho con ellos, resulta que tenían una casa en Don Benito y que habían vivido bastantes años en Extremadura. Ya en el hotel estuvimos hablando bastante, así que me preguntaron que a qué hora terminaba de trabajar para tomarme una cerveza con ellos.
Yo les dije que a las 5, y quedamos que en cuanto yo saliera iría para allá. Me daba un poco de palo que me invitaran, es algo que nunca me ha gustado, pero que siempre se agradece, por qué no decirlo. Yo pensaba: "cuando haya que pagar, haré ademán de sacarme una cartera ficiticia del bolsillo", pensando que antes de que ese gesto finalizara, una mano se alargaría hacia mi brazo deteniéndo sus intentos de extraer cualquier cosa del bolsillo, mientras esa persona chista y dice que no con la cabeza.
Bueno, mi propia película ya estaba montada; no suelo llevarme la cartera a trabajar, solo llevo el DNI y el abono de transporte. El caso es que tuve la suerte de que hacía varias horas un cliente del hotel me había preguntado que si podría cargarle el reproductor del mp3 en un puerto usb de algún ordenador. Yo le llevé hasta el bar, enchufé el aparato al ordenador y allí lo quedé tapado con una servilleta para evitar tentaciones de uno de los mandamientos cuyo número no recuerdo. Pues antes de irme, el mencinado señor vino a por el reproductor, y como muestra de agradecimiento me dio 50 coronas, que son algo más de 2€.
"No hacía falta, muchas gracias", le dije en inglés. Pero en mi interior pensé otra cosa bien distinta: "Perfecto, me acaba usted de financiar dos cervezas".
Las 5: salgo de trabajar y nos reunimos en el bar. Tomamos una cerveza, me invitan como era de esperar, y yo me alegro de que la reluciente moneda siga en mi bolsillo. Tengo mejores proyectos en mente con ella, jeje. Hablamos de muchas cosas, no falta la típica pregunta de qué hago yo en Praga y al final me dicen que quieren ir a cenar por ahí. Les hago la típica recomendación que les haría cualquier persona que conozca un poco el asunto: en la zona céntrica y turística, los precios son iguales o mayores que en España. A medida que te alejas los precios van disminuyendo. Me dicen que les lleve a algún sitio y que me invitan a cenar.
Lo típico: "no, muchas gracias", pero por dentro piensas que qué bien; y total, no tenía planes para esa tarde. Les llevo al único sitio que por el momento conozco, un sitio cerca del hotel, cruzando el río por el Puente Legii. La decoración es curiosa, no es caro y hablan inglés; además está muy escondido, así que es un lugar que gusta. Un plato para cada uno, una ensalada, 3 cervezas y un chupito de no se qué, unas 800 coronas (unos 34€).
Son las 8 más o menos, así que les acompaño hasta el hotel y me voy andando hasta la parada de Narodni Trida, para andar un poco por la calle aprovechando el buen ambiente que había. Tram y llego a casa. Al entrar veo una chica extraña en la cocina, pero enseguida aparece Elena y me la presenta: es una amiga suya, que ha venido para preparar sushi. "Joder", pienso, "si ya he cenado". Le digo que ya he comido, pero que de todas formas comeré sushi también. Me mandó un mensaje, pero no tenía red en el móvil y no me llegó, de haberlo sabido quizás habría declinado la invitación de cenar con los clientes del hotel.
Pues nada, que preparan el sushi y el título de la entrada es porque hicieron tal cantidad que llevamos comiendo sushi a todas horas desde el domingo. Hoy por fin se ha terminado, pero se le echará de menos.
De vez en cuando miro los móviles españoles, así que repito esa rutina después de cenar y veo un mensaje de un chaval que es amigo de Will, compañero de la residencia en Salamanca. Está en Praga hasta mediados del mes que viene, así que quedamos para el día siguiente, para charlar y para ver si qudamos por aquí por la ciudad.
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