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lunes, 7 de julio de 2008

Sábado 5 (parte 1)

Tengo el defecto o la virtud de ser demasiado previsor y de planificar las cosas que tengo que hacer a medio plazo, y eso fue la causa de que me agobiara en muchas ocasiones aquí en Praga los primeros días.

Pensé que podría estar todo el finde viendo pisos, pero al comprobar que solo tenía una cita programada, no podía dejar de preguntarme qué iba a hacer el resto del tiempo en una ciudad donde no tenía donde caerme muerto y sin conocer a nadie. La soledad y la desprotección que sentí en esos momentos generaron en mi cabeza las mismas preguntas que me atormentarían durante todo el día: "¿Por qué estoy aquí?"

Suena el despertador, me levanto y salgo del albergue. Hemos quedado en la parada de metro Flora, a 15 minutos de la de Muzeum, donde yo tenía que cogerlo; no era la más cercana, pero así me evitaría tener que hacer trasbordo. Solo llevo billetes, nada de monedas sueltas; la noche anterior Petr y su novia no me dejaron pagar nada. Por cierto, comprobado: la cerveza checa no deja resaca.

Intento cambiar en la recepción para poder sacar el ticket del metro, pero no tiene suelto o no le da la gana cambiarme; me dice que la máquina del metro acepta billetes. Los checos son así, son gente difícil y poco amigable, para qué engañarnos. Bajo las escaleras y ¡sorpresa!, la máquina tiene pinta de ser de antes de Cristo y no acepta billetes. Al lado hay una caseta donde un hombre mayor está repanchingado en una silla mirándome con cara de desgana, temiéndose que me acercaría a él para preguntarle algo y que eso implicaría el fin de su improvisada siesta a las 9 y poco de la mañana.

De nuevo sorpresa: me dice que no tiene "cash" y algo de "trafika" (una especie de multitiendas) y me hace señas de subir las escaleras. Me doy media vuelta, subo y veo una "trafika" abierta, así que me compro un billete y listo.

Allá vamos. Cojo el metro y después de varias paradas llego a Flora. Siempre me lío con las salidas de los metros y cojo la que no es, pero esta vez acierto. Tal y como me comentó Ángel, hay un centro comercial de 3 pisos con tiendas de todo tipo y un supermercado. Le mando un mensaje a Irina, diciéndole que ya estoy allí, puesto que había llegado antes de tiempo, y me dice que en 10 minutos está ahí.

Entro en el centro para echar un vistazo y paseo por los escaparates de las tiendas. Compruebo que algunas cosas valen lo mismo que en España, mientras que otras son mucho más baratas (¿?). Tampoco me paré mucho a debatir sobre el sistema de precios del país, así que sigo mi paseo cuando recibo un mensaje de Irina diciéndome que está fuera; salgo imaginándome cómo será, y veo una chica delgada, mediana estatura, rubia, con la cara cansada pero sonriente. Nos damos la mano (aquí la gente siempre se da la mano, aunque sea una chica), y nos dirigimos hacia el piso en cuestión.

Charlamos de temas banales hasta que llegamos al portal; parece moderno y es bonito, así es que me creo unas ilusiones que luego se evaporarían al entrar en el piso. Subimos por un ascensor donde apenas cabían dos personas y llegamos al séptimo piso. Salimos, abre la puerta del piso y...creo que se podía tocar los dos extremos del piso con la manos al mismo tiempo si extiendo los brazos. Muy diplomático, le digo que es muy acogedor y que está bien situado, mientras me imagino viviendo ahí. Me disculpo, le digo que tengo que ver más pisos porque he quedado con otras personas y me marcho. Siento pena por la chica, porque me resulta imposible pensar que alguien pueda vivir ahí.

Desesperado porque mi única visita había sido una total decepción, me decido a llamar a otros teléfonos de otros pisos que tenía apuntados y que quería dejar como última opción. "Hasta el lunes nada", me dicen algunos, porque no están en la ciudad; otro de mis recursos casi seguro me dice que ya lo tiene alquilado (que luego más tarde, demasiado tarde por cierto, me llamaría para decirme que al final lo tiene libre y que si quiero verlo); y otros ni me lo cojen.

Me desespero hasta el punto de llamar a uno que era el más caro de todos, y que había apuntado por si acaso. Perfecto, quedo con él a las 6 de la tarde en Namesti Miru; eso me entretendrá un rato. Voy al albergue, cojo mi portátil para conectarme a internet y buscar más pisos, pero no se conecta a la wifi del albergue. Le conecto el móvil y tampoco funciona. Por suerte, el ordenador del albergue se queda libre y me abalanzo sobre él como un perro hambriento. Me meto en internet y busco pisos compartidos.

Veo uno que podría ser interesante; está lejos pero hay un metro directo a la calle del hotel, que tarda unos 15 minutos. Le mando un mensaje para ver si podemos quedar. A las 8 en la parada de Nove Butovice. Un piso a las 6, otro a las 8..."ya tengo la tarde hecha", pienso. Hablo con Ryan, otro de los amigos de Ángel, para quedar con él para comer, pero salió la noche anterior y está de resaca, así que decidimos quedar el domingo mejor.

En el hotel, hablando con uno de los jefes, me dan el número de una chica venezolana que buscaba compañero de piso..la llamo desde el hotel pero mala suerte: la habitación ya la ha ocupado. Sin embargo, me da el número de un amigo suyo mejicano, que también busca piso. Le llamo y quedo con él a las 5 y media para que fuéramos los dos a ver al tío con el que había quedado a las 6, ya que me comentó que tenía dos habitaciones.

A las 5:30 en el Teatro Nacional. Me voy al albergue, sin ganas de comer ni nada, me tumbo en la cama y de nuevo me invade la melancolía. "¿Qué cojones estoy haciendo aquí?" Solo en la habitación, me pongo a leer un poco la guía de checo intentando inútilmente aprender algo práctico; me pongo los cascos e intento escuchar algo que me anime, pero nada, no me apetece ni siquiera escuchar música; intento dormirme pero tampoco lo consigo. Las horas pasan lentamente, pero no pueden detenerse, así que llega el momento y voy hacia el Teatro Nacional.

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