Me pongo los vaqueros y las deportivas; cojo la mochila y meto el paraguas (hasta hace poco había estado lloviendo), una sudadera, la cámara de fotos y 70 coronas que tenía en monedas. Equipamiento suficiente para darse una vuelta, hacer algunas fotos, y darse un pequeño homenaje en alguna de las múltiples "Trafika" que hay por todos lados.
Mi intención es buscar Vysehrad, una iglesia con un cementerio situados en una colina, lugar poco frecuentado incluso por los propios checos (excepto fines de semana), pero de singular belleza. Miro en el mapa que hay pegado en el lateral del frigorífico, y decido hacerle una foto a la zona que me interesa; cutre pero práctico.
Salgo de casa y desciendo la calle hasta una avenida infinita, con bloques de edificios destartalados a ambos lados. La verdad es que no tenía nada interesante que ver, coches pasando en ambas direcciones a gran velocidad, algunos viandantes por las aceras, gente esperando en la parada del bus y del tram...lo típico por aquí; y de repente, no se por qué, miro al suelo y me doy cuenta de que casi no hay suciedad, y pienso en España y sus suelos. Y eso que se trata de una zona del extraradio y de baja clase.
Sigo caminando, caminando, caminando...paso al lado de un estadio deportivo, un parque, y de repente surge delante de mis narices el cartel de una gasolinera, y miro el precio: gasolina de 95 a 32'5 coronas. "Más o menos como en España", pienso, y sigo andando.
Tengo que adelantar que el paseo ha sido prácticamente inútil, de no ser porque he descubierto una armería, pero estaba cerrada; y porque también he descubierto un Lidl. Parece una tontería, pero ya es como comprar en España.
Veo que la avenida gira hacia la derecha, y la iglesia de Vysehrad seguía sin aparecer, como si hubiera desaparecido. "Joder, si ayer la vi...". Decido desviarme hacia la derecha, pasando por un parquecito que estaba en cuesta, y sigo hacia arriba. Cruzo una zona residencial, con casas inmensas y coches de lujo. Nadie a la vista, como si no viviera nadie en el barrio, silencio...
Por fin llego a una calle más transitada, giro hacia la izquierda pensando en dónde narices estaría la maldita iglesia, que ya debería verse. Callejeo un poco hacia ninguna dirección, con la tranquilidad de que aunque no sé muy bien dónde estoy, al menos estoy en la orilla derecha del río; esa es buena señal, aunque tampoco me convence del todo. Miro el reloj y veo que llevo casi una hora andando, y la iglesia no aparece. Me planteo el darme la vuelta, pero ya que estoy en la calle, habrá que aprovechar, al menos una foto y me vuelvo.
Callejeo hasta que al fondo veo un tram, y eso me hace ver la luz, porque quiere decir que es una calle principal. Acelero el paso, ilusionado como alguien que ve una fuente de agua en medio del desierto, llego y cuál sería mi sorpresa...Namesti Miru: la plaza que está a 20 minutos de mi piso, pero que yo he alcanzado en una hora gracias a mi nueva e improvisada ruta. "Me cago en...".
"¿Me voy al piso o sigo buscando?" Otro esfuerzo, sigamos buscando; giro hacia la izquierda, en dirección al río, pero por una calle paralela a la que va directamente desde Namesti Miru hasta el Puente Jiraskuv. Sin darme cuenta me voy desviando y llego hasta una avenida de 4 carriles donde los coches pasan como balas. Miro hacia ambos lados, pero no veo ningún paso de cebra, pero no me cabe en la cabeza que los checos hayan cometido ese fallo. Exacto: unos metros más adelante hay un paso subterráneo. Paso por él y salgo a una calle donde divido en primer lugar un edificio de ladrillos rojizos con tejados con mucho pico de pizarra. No se por qué, pero me recuerda a las películas de Harry Potter.
Voy a c
Ya había perdido toda esperanza de encontrar Vysehrad, así que pensé en volver al piso, improvisando una nueva ruta, para así descubrir alguna cosa curiosa. Antes de darme la vuelta, veo una calle sin salido, junto a la iglesia esta, voy hasta el final y...¡por fin veo Vysehrad! Allí, a lo lejos, la famosa iglesia...Miro el reloj, durante un segundo me planteo la posibilidad de ir, pero eso supondrían casi dos horas entre llegar hasta allí, y luego de vuelta al piso; y también hay que contar con la caminata necesaria para llegar hasta allí.
Nada, otro día será, media vuelta, y decido pasar por el edificio que vi antes. Giro la esquina y me acerco hacia lo que parece la entrada principal. Como dije antes, pensaba que era una iglesia...pero me equivocaba. Justo cuando voy a entrar veo un cartel en la puerta: no entiendo checo, pero deduzco que es una clínica ginecológica (Ginekologicke no sé qué, o algo así). "Joder, si alguien me ve haciendo fotos a una clínica ginecológica...". Aún así, el edificio es bonito.
Fin del paseo, media vuelta y para casa. Improviso una ruta pasando de nuevo por el paso subterráneo, callejeo hasta llegar a Namesti Miru, y desde ahí hasta el piso por la ruta habitual. Toda la avenida hacia abajo, pasando por las tiendas de siempre, las casas de siempre...y mentalmente voy evaluando si ha merecido la pena o no. Mejor que quedarse en casa, por lo menos, sí que ha sido; al menos he descubierto un Lidl, y el paseo me ha servido para darme cuenta de otra cosa. Cuando vas por las calles de Praga, por las zonas no turísticas, puede que haya gente rica o pobre, coches lujosos o antiguos, edificios ostentosos bien cuidados o medio en ruinas, pero el ambiente de tristeza que se respira no se tapa con nada.
La gente no ríe, solo camina.
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