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viernes, 25 de julio de 2008

Embajada española y el Instituto Cervantes

El otro día me acerqué a la Embajada Española, con dos propósitos: en primer lugar, conocer a Ramón Machón, amigo de Ángel y extremeño también (de Santa Amalia); y por otro lado, informarme sobre los trámites necesarios para solicitar un permiso de residencia en la República Checa. Respecto a esto segundo, no creo que sea imprescindible, ya que la mayoría de la gente europea que conozco aquí llevan varios años en el país y no han acudido a la oficina de extranjería de la policía, pero no se, prefiero hacerlo por si acaso.

Es fácil llegar a la embajada, solo hay que coger el metro, línea verde (A) y bajarse en la estación de Hradcanska. El edificio está en una calle bastante concurrida, protegido por un guardia checo de avanzada edad que no me inspira mucha confianza como defensor de la bandera, pero es muy amable y me atiende con una sonrisa (cosa rara en los checos). Le entrego el DNI, apunta el número y adentro.

Una rolliza señora checa que habla español me atiende, le digo que llame a este señor y tras unos minutos aparece. Recuero que Ángel me había enseñado una foto, así que me resulta fácil identificarle. Charlamos mientras se fuma un cigarro en la calle y después entramos en el edificio. Bajamos unas escaleras y al final de un pasillo está su oficina, en la que hay otro joven que resulta ser un becario de Jaén llamado Eufrasio, que lleva en Praga ya varios meses.

Hablamos sobre este asunto de la oficina de extranjería y me advierten de las colas, si bien por suerte ahora en verano la espera no es tan dura como hacerlo a 10 grados bajo 0. Me quedo con la duda interna de si merece la pena el sacrificio de la oficina de extranjería o no, cuando vuelva a tener días libres vermos con qué ánimos me encuentro para soportar 3 horas de cola de pie en la calle. Son las 13 más o menos, así que me proponen irme a comer con ellos; no declino la invitación porque cualquier ocasión de comer fuera de casa es bienvenida.

Vamos a un restaurante cercano y me como un filetón de ternera con patatas y una salsa de tomate muy rica, más una botella pequeña de agua: 160 coronas (unos 7€). Después de comer me despido porque quiero pasarme por la biblioteca del Instituto Cervantes, no sin antes prometerles una nueva visita a la semana siguiente para registrarme en la embajada. Al salir de casa saqué 1.000 coronas del cajero para pagar las tasas de la biblioteca y para tener algo de efectivo con que adquirir productos básicos como comida para el piso o alguna cerveza improvisada.

Metro hasta Namestí Miru y tram hasta Štěpánská‎ (¡copón!). Llego a la biblioteca y la simpática joven de ojos verdes que estaba el otro día sigue allí (por suerte, pienso). Menos mal que se acordaba de mí, así que me hago la tarjeta (250 coronas, por no ser estudiante, joder) y me cojo el libro de ejercicios en checo que la chica me enseñó el otro día cuando fui con Michael; tengo de plazo para devolverlo hasta la segunda semana de agosto, suficiente para aprender algo, espero. Charlamos amigablemente sobre la dificultad del idioma y mis intentos de aprenderlo, y antes de irme le hago una promesa: "la próxima vez que venga te diré algo en checo"...ya se me ocurrirá algo.

Parece un buen sitio la biblioteca del Instituto Cervantes; no puedo evitar darme cuenta de que varias jóvenes checas están por allí danzando entre las estanterías de libros en español. Y no solo por esto, que conste, que estuve echando un vistazo a los libros y me interesaría dedicarle algo de tiempo al viejo arte de la lectura.

Llego al piso feliz con mi libro bajo el brazo, y me encuentro a Toby mirando por la ventana de la cocina. Lleva varios días líado con un problema que tiene en su ordenador, porque no se qué historia le pasa con el Windows XP Service Pack 1...el caso es que nos ponemos en mi ordenador a buscarlo para descargarlo, pero claro, sin nada que beber pues se hace más trabajoso. Veloces como gamos bajamos, compramos una tarrina de cds y unas cervezas de medio litro por 7'9 coronas cada una (35 céntimos aproximadamente) y volvemos "al trabajo".

Nos tiramos toda la tarde dando vueltas para intentar descargarnos eso, que no lo encontrábamos por ninguna parte, pero cuando Elena llega al piso, como está estudiando informática, se lo comentamos...esa misma noche el problema estaba solucionado; no sé qué hizo, pero le arregló el ordenador. Después de cenar me siento en la mesa con la ilusión de un niño pequeño, para poder empezar el librito que me promete que hablaré checo si sigo los pasos que se dicen, ya veremos...

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