Ló último que me gustaría es que este blog tuviera algún contenido político, pero si cuento lo que voy a contar es simplemente porque es así; puede gustar o no, pero es lo que hay, la realidad.
Ayer estuve bastante rato hablando con uno de mis compañeros de trabajo: se llama Camilo, cuarenta y pico años, está soltero y es cubano. Bajito, regordete, con entradas y con un bigotito; usa gafas para ver de cerca, pero normalmente no se las pone porque dice que son molestas. No parece cubano, porque al igual que los otros chicos que hay en el hotel no tienen la piel oscura, podrían pasar por ciudadanos españoles perfectamente hasta que les oyes hablar con su peculiar acento. Por cierto, uno de ellos me confundió con un checo...
Me sorprendió que haya "tantos" cubanos en el hotel, y le pregunté que cómo se venían hasta aquí precisamente en lugar de quedarse en Cuba. Me miró y su respuesta fue clara y directa: "El comunismo", me dijo.
Empezó a hablarme de cómo era Cuba antes de la llegada del régimen de Fidel Castro, y el cambió cuando éste empezó a gobernar, hasta la actualidad. Con todo lujo de detalles me describía, como si estuviera andando en ese mismo momento por las mismas calles por las que anduvo hace más de 30 años; con nostalgia y con una mirada de tristeza me contaba que antes era un lugar más o menos próspero, donde se vivía bien.
Pero tras la llegada del régimen parece que la cosa cambió: muchas de las infraestructuras que habían sido fruto del "demonio capitalista" se dejaron estropear y ahora están en ruinas; antiguos barrios que ahora son solares de escombros; carreteras bien hechas que ahora son caminos para ganado.
Nos metemos en internet, en Youtube (dónde si no...), y ponemos unos vídeos de su ciudad natal, Cárdenas, situada al norte de la Isla. Tal y como él lo describía, las imágenes parecían de hace 50 años o más, y no pude evitar una pequeña risa interior, al escucharle decir: "Sí, este vídeo es reciente". Gente vagando por las calles, en bicicletas oxidadas, en burro, y algunos pocos afortunados con coches que podrían ser de mediados de siglo perfectamente. Pero detrás de esa risa inicial se escondía en realidad una tristeza de ver cómo gente como Camilo, se vé obligado a huir de su país por motivos políticos, independientemente de la ideología. Supongo que no es posible imaginar lo que se tiene que sentir cuando te vas de tu país y no tienes dónde ir porque en ningún lugar eres bien recibido: eso solo se puede experimentar cuando te pasa algo como a Camilo...
Me puse a pensar, y le dije: ¿Pero no se supone que el comunismo debería ser todo lo contrario?. Soltó una leve carcajada mientras se inclinaba un poco hacia atrás, y me respondió que eso es en teoría. "El comunismo está muy bien para quien lo lee, es perfecto; pero para los que lo viven no". Según sus palabras, que no recuerdo exactamente, el comunismo en Cuba logra la igualdad: todos son igual de pobres; trabajes más o menos, el salario recibido es el mismo; la mayoría de la población aprovecha para no trabajar y vivir del trabajo de los demás (casualmente los ciudadanos de raza negra son los que más practican este hábito, y que conste que yo no abrí la boca, eso lo dijo él).
Pensando en el comunismo, de camino a casa, me acordé de las palabras de Ángel diciéndome que muchos trabajadores checos, acostumbrados a este sistema, son perezosos en el trabajo, como todos supongo, y que no hacen nada hasta que no se lo ordenes; y si les das una orden la cumplen a rajatabla, pero sin salirse lo más mínimo. Es decir, que si le dices que coja una caja y la ponga a 10 metros de aquí en la dirección X, y casualmente ese emplazamiento está en el borde de algo y da al vació, el checo soltará la caja y ésta caerá. Esta mañana lo he comprobado, cuando he tenido que quedarme al cargo del restaurante durante los deayunos porque la jefa está de vacaciones: me ha sorprendido cómo acatan las órdenes, pero hasta que no les dices nada no se mueven, ¡no tienen sangre en las venas! Pensé que tendría problemas, porque acabo de llegar y quién soy yo para dar órdenes...pero no, parece que prefieren que les ordenen las cosas en lugar de hacerlas de motu proprio.
Tampoco sé si se tratará de un caso aislado en el hotel o se puede generalizar...
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