Nada especial ha sucedido hoy, excepto que me he dado cuenta de que creo que me estoy mimetizando con el ambiente de la ciudad. El motivo que me lleva a creerlo es que en el tram me han querido entrevistar para la tele checa.
Bueno, no es que haya que tener unas grandes dotes deductivas para ello; no he entendido nada de lo que me ha dicho, pero una chica alta, rubia y bien vestida se me ha acercado con un micro, sonriendo y diciendo algo que podría pasar, para mí, por cualquier idioma de Europa del Este. Detrás de ella, otra chica, (menos atractiva, por qué no decirlo), con una cámara al hombro.
"Sorry, I don't speak Czech" (esas palabras tan comunes para mí ya). No ha parecido importarle, así que se han girado y han ido a la caza de otro potencial ciudadano checo que sí que hable el idioma. Me imagino que sería algún tipo de "Localia" checa o algo así, no sé.
Y también me pasó el otro día, en mi visita al Castillo. Se para un coche a mi lado y un joven me pregunta algo, en una lengua que no entiendo, pero que doy por supuesto que es checo. Alante iban dos chicos, detrás dos chicas, una estampa típica de jovenes europeos viajando en coche; es un Volkswagen Polo negro, diesel, así que no me digas más.
Les digo en inglés que no soy de aquí, se disculpan, sube la ventanilla y se aleja. Miro la matrículo: Polonia. Después de eso me tranquilizo en parte, pensando que al menos no llamo la atención como un señor con gorra, chanclas con calcetines, una mochila y un mapa de la ciudad abierto agarrado con una mano, mientras con la otra se rasca la barbilla mirando en todas las direcciones posibles.
Bueno, se me olvidaba la tontería de esta mañana cuando me he bajado del tram. "Próxima parada, Narodni Trida", dice la voz de mujer robótica (en checo, lógicamente). No dudo un segundo, puesto que la calle del hotel se llama así, y me bajo. Pero me doy cuenta de que eso no es Narodni Trida. Como buen tonto, en lugar de hacer lo que habría hecho cualquiera y seguir la línea del Tram, me meto por unas callejuelas. He estado dando vueltas unos 10 minutos, hasta que milagrosamente, he conseguido dar con el hotel. "¿Por qué llaman Narodni Trida a una parada que no está en esa calle, y a la que está en esa calle la llaman de otra forma?"
Y al volver a casa, voy a Narodni Trida, confiado como si llevara viviendo en la ciudad toda la vida, me pongo en la parada del tram y espero. Como me aburría, me acerco al panel y veo las paradas de las líneas 22 y 23, que son las que llevan a mi casa. Empiezo a leer nombres de estaciones (más bien a mirar, porque cualquiera lee esos nombres con sus tildes y símbolos encima de consonantes) y no encuentro en la que yo me bajo (sé cómo se dice, y si lo escucho la reconozco, pero prefiero no escribirla porque no tengo ni idea); empieza por "V", y lleva alguna "c", "k", "y"...y seguro que algún acento, pero pocas vocales. Y luego Namesti, eso sí: V--------- Namesti.
El caso es que empiezo a pensar, y veo que se acerca el 23 en dirección contraria a la que yo esperaba que debería ir. "Joder, me he equivocado de parada", echo a correr hacia el otro lado de la calle, porque estaba a punto de salir el tram 23 (fíjate, por no esperar 4 minutos a que pasara el siguiente), y cuando estoy llegando las puertas se empiezan a cerrar. En el metro de Madrid cualquiera metería la cabeza para evitar que se cerraran las puertas y poder acoger un viajero más, pero eso aquí no es estila, y he visto en el metro como una señora mayor lo pierde por no llegar a tiempo, sin que ningún caballero, señor, niño o tío cuaquiera hiciera nada. Se quedan ahí, pasamados, mirando. Al menos no se ríen, pienso, aunque puede que se estén descojonando en sus adentros y que luego lo utilicen en sus reuniones de amigos y compañeros de trabajo para echar unas carcajadas.
Tuve suerte, y un tipo que debería ser un turista (sonriente, un gorro de paja, camiseta de manga corta, calzonas y una mochila), sujetó la puerta y pude montar. Miro, no hay asiento. Bueno, era de esperar, con tanta gente es lógico.
Y ya aprovecho para comentar lo de los asientos también, además de lo de las puertas. Para mí y para muchos españoles, bien por la educación de casa, o bien por sentido común, cuando una señora joven o mayor entra en un transporte público, siempre se le cede el sitio (o al menos eso se debería hacer). Aquí en Praga no he visto todavía a nadie ceder el sitio a nadie, en general. Da igual que haya un señor mayor con aspecto de estar en sus últimos años de vida, una mujer joven, una embarazada, una señora de mediana edad; si el asiento está ocupado por quien sea, éste no se inmutará, seguirá mirando el suelo o hacia el horizonte sin siquiera preguntarle si desea sentarse.
Lo cierto es que esto está cambiando, porque me estoy dando cuenta de que la gente empieza a ceder los sitios a la gente mayor y mujeres con niños, como dios manda, como tiene que ser...pero hay algunos que todavía resisten.
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