Imágenes

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Y llegó el invierno...




Menudo día…tenía el día libre y pensé en aprovecharlo para hacer fotos de Praga pero ahora con todo el ambiente invernal; al final me he pasado todo el día caminando y estoy destrozado, pero en la comodidad de la casa, escribo esto para darle algo de vidilla al blog.

Era sábado, el día anterior también tuve libre así que por la mañana aproveché para comprar algunas cosas; por la tarde a las 20 había quedado con Gener y Eduard para cenar por ahí y tomar algo. No quise acostarme tarde porque decidí levantarme temprano el sábado para aprovechar casi la última oportunidad que tendré de hacer fotos de Praga en invierno.

Me desperté algo antes de las 9, decidido a desayunar y salir a la calle. Hasta las 14 no iba a reunirme con estos dos de nuevo, aunque Eduard y yo habíamos quedado en acercarnos a Vyšehrad por la mañana. Miro por la ventana para ver la temperatura, como hago siempre y…nevando!! No era mucho, pero suficiente para impresionar a este personajillo que está poco acostumbrado a la nieve.




Desayuno rápidamente con extraña felicidad por poder contemplar este fenómeno tan poco usual para mí, y salgo de casa en dirección a Andel. Cojo el bus y me bajo en Na Knižeci, y desde allí decido ir andando por Arbesovo Námestí, después Jiraskův Most, sigo al lado del río hasta Most Legií, y me dirijo hacia el centro por Národni Třida. A medida que me acerco al centro la nieve es cada vez más escasa, pero en algunos puntos queda una fina capa de hielo que es suficiente para hacer bailar a los turistas y a los poco preocupados por la seguridad; yo voy con cuidado, pasitos cortos y sin prisa, por si acaso. Paso por Václavske Námestí y luego voy hacia unas tiendas donde compro lo que “necesito”, porque en realidad son regalos para otra gente. Voy hacia Staromětské Námestí, calle PA y voy hacia Letná. Mi idea era hacer fotos desde allí a la ciudad nevada. Aprovecho también para fotografiar el propio parque. Desde allí voy andando hasta Malostranske Námestí; los jardines del Parlamento están cerrados, así que me dirijo hacia otros jardines cercanos que recuerdo de cuando estuvimos visitando a Ángel hace años.

Aunque se cuenta en poco tiempo, llevo unas dos horas andando y haciendo fotos, y eso cansa un poco, así que decido dirigirme ya para Vyšehrad, así que envío un mensaje a Eduard diciéndole eso, para que me diga algo cuando vaya para allá y nos juntemos allí. Cruzo el Puente de Carlos y voy andando de nuevo por la orilla del río hasta Národní Třída. Allí cojo el tram 22 hasta I.P. Pavlova, para ir hacia el parque por la ruta que me sé. Tengo algo de hambre, así que compro una porción de pizza en Pizza Roma para coger fuerzas, y sigo mi camino.

Camino, camino, camino…y por fin llego a Vyšehrad. Doy vueltas por el parque comprobando el cambio con respecto a cuando estuve hace dos meses con mis padres y mi hermano por última vez. No hay nada verde prácticamente, todo está gris y nevado. Se nota que es fin de semana, muchas familias checas paseando por allí y algún que otro turista. Cuando se me agotan los objetivos, recibo un mensaje de Eduard, que ya viene, así que le digo que le espero en la entrada de la iglesia, por lo menos allí estaré resguardado del frío. A todo esto, no he dicho nada, pero hace un frío considerable, a pesar de que de vez en cuando el sol se deja ver un poco, pero eso no quita que haga un viento frío que corta la cara y resulte bastante desagradable.

Nos juntamos allí, hacemos algunas fotillos más y nos dirigimos andando a donde habíamos quedado con Gener y Daniel, un chaval checo amigo de éste: parada de metro de Narodní Třída, jeje, qué originales, pero es lo más fácil. No tenemos mucho tiempo para comer, porque el checo tiene que hacer no se qué, así que después de ir al comedor de la FAMU y comprobar que los fines de semana no está su estupenda oferta de menú de tres platos por 75 coronas, vamos a un chino cercano a la parada del metro.

Después de comer nos despedimos del checo y esperamos a una amiga de Eduard, una chica portuguesa que se llama María. Cuando llega nos vamos en tram hasta Ujezd y allí nos disponemos a pasear por Petřin. Gener se despide porque tiene que ir a la piscina, así que se apresura antes de que la cierren a las cinco, último turno de entradas porque va por horas. Eduard, María y yo paseamos por Letná y va anocheciendo a medida que subimos hacia la torre Petřin. Cuando llegamos arriba comienza a hacer más viento y a nevar, pero resulta muy molesto porque el aire sopla en la misma dirección en la que vamos, así que la nieve se te queda en la cara con el consiguiente frescor, jeje. Agarro la capucha de mi abrigo y la bajo, así que voy andando como una especie de jorobado mirando hacia el suelo para evitar también que la nieve me entre en los ojos; me arrepiento en ese momento de haberle quitado a la capucha la mariconada esa que parece una cola de zorro, pero ahora entiendo su utilidad cuando nieva y hace mucho frío, si bien en España no es que tenga mucho sentido.

Por fin deja de nevar y llegamos a la salida del parque por la zona del castillo, así que cogemos la calle Nerudova y bajamos por ahí ya hacia Praga de nuevo. Llegamos a Malá Strana, cruzamos el Puente de Carlos de nuevo y callejeamos por el centro en dirección a una tienda de ropa de montaña donde Eduard quería echar un vistazo; miramos precios y luego vamos a otra tienda en un centro comercial de Na Přikopě. Bueno, después de tanto andar creo que nos merecemos una cerveza, aunque me apetece más meterme en la cama que otra cosa.

Vamos a un sitio que está cerca de Národní Třída, tomamos una cerveza y después de eso ya podemos dar por concluido el día, al menos por mi parte. Llevo casi doce horas despierto y andando, creo que esta vez he superado mi récord de los primeros días en la ciudad.

Y nada más, ahora termino de escribir esto después de haber cenado y saciado mi apetito; son las 21:25, acabo de asomarme a la ventana y sigue nevando, creo que mañana la ciudad ofrecerá unas vistas interesantes. No obstante, tengo la intención de salir a hacer fotos el fin de semana que viene, el último que estoy aquí, pero a una hora temprana para evitar que la nieve se haya derretido en exceso y que no haya mucha gente, ya veremos si tengo fuerzas suficientes para hacerlo.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Jaguar del '78

Ayer (19 de noviembre) fui con Michael y su novia Tereza a un pueblo, por llamarlo de alguna manera, porque eran cuatro casas mal contadas, que estaba a 2 horas de Praga, para ver un coche que había encontrado por internet, un Jaguar antiguo del año 1978.

Quedé con él en Florenc a las 18 porque antes tenía que ir a entrevistarse con el director de un hotel que van a abrir dentro de poco, así que salí corriendo de la Biblioteca del Instituto Cervantes sobre las 17, llegué a casa, solté el portátil, me puse las deportivas y salí corriendo de nuevo. Llegué justo a tiempo, cuando subo al andén de la línea roja en Florenc, que se cruza con la amarilla, recibo una llamada de Michael y por suerte lo veo a lo lejos, porque en ese mismo momento llegaba un metro. Nos montamos y charlamos hasta llegar a Budejovicka. Allí vamos andando al hotel y le espero en el vestíbulo mientras habla con el director. Recibo una llamada de Petr, para quedar al día siguiente; tengo que verle antes de irme.

Nos vamos del hotel cuando todo termina, dirección Andel, para encontrarnos con Tereza en el Rincón Latino, una discoteca de salsa bastante conocida en Praga. Antes de llegar, Michael recibe una llamada del colega que nos iba a dejar su coche para ir hasta el pueblo este perdido de la mano de Dios: malas noticias, no puede dejarnos el coche; los motivos no están muy claros, pero lo importante es que estamos sin coche. Llamamos a la hermana de Tereza, y menos mal que no hay problema.

Nos juntamos con ella en Smichovske Nadrazi, estación de metro, nos deja las llaves y tomamos un taxi hasta donde vive ella para poder recoger el coche. Es de noche completamente y la zona está plagada de vehículos, así que tardamos como 20 minutos en encontrarlo porque la zona es muy extensa, vive en las afueras de Praga en esos bloques de pisos grises y tristes donde viven los trabajadores.

Cogemos el coche, ponemos el GPS y directos al pueblo este. Está lejos, llegamos sobre las 22 hasta allí. Pasamos por decenas de pueblecitos de pocas casas, sin ninguna luz ni coches ni nadie por la calle, y hablamos de lo triste que tiene que ser vivir ahí. Me sorprende que no sean ni las diez de la noche y no haya ni un alma, ni una luz, nada…También por el camino pasamos por un montón de bazares de coches (Autobazar); creo que ya lo comenté, pero aquí en la República Checa hay muchísimo negocio con el tema de los coches, tanto usados como chocados y que luego reparan y revenden.

Llegamos al pueblo en cuestión y tras dar varias vueltas por el pueblo llegamos a la casa del señor que nos estaba esperando. En el jardín tienen unos 5 coches, todos suyos: uno de ellos es un Alfa Romeo Spider de no se qué año, pero será de principios de los 80 seguramente, muy bien cuidado. Habla con Tereza en checo y luego ella nos traduce. Entramos en una cochera donde tiene un Alfa moderno, comprado en Alemania por 600€ según nos cuenta, con un pequeño choque en el lateral y la luna delantera rota; al lado está el Jaguar de 1978, cambio automático, motor de 5 litros…en las fotos de internet tenía mejor aspecto, sin duda. Está lleno de polvo, y nos cuenta que lleva unos 20 años sin arrancarse…según Michael, el problema es sobre todo el cambio automático, que si no se usa se estropea y es caro de cambiar o reparar. Tiene papeles alemanes, todo en regla, aunque le faltan algunas cosas, como la luna del cristal de atrás, los focos delanteros y poco más. El precio son 40000 coronas, si bien se podría negociar, pero según el experto llevaría mucho trabajo. Además que es un coche de capricho, porque con ese motor no es para usarlo a diario.

Después de hablar largo y tendido con el señor sobre coches, Tereza ejerciendo de traductora lógicamente, nos vamos. Son casi las 23 de la noche, hace un frío que pela y son dos horas hasta Praga. Ya vamos de camino, pero antes paramos en una gasolinera para comer algo y para echar gasolina al coche de la hermana de Tereza. Se nota que fuera de Praga hace más frío, y eso que estamos en Noviembre.

El viaje al final sólo nos ha servido para ver dos coches antiguos y poco más, aunque yo me alegro de haber venido y haber visto otras cosas. Antes de llegar al pueblo este hemos pasado por ciertos sitios que tienen que ser preciosos, me gustaría volver de día. Por el camino pienso otra vez si volveré a venir aquí otra vez, nunca se sabe.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Mecaniqueando a 0 grados

El otro día estuve realizando uno de mis sueños frustados, concretamente el de ser mecánico. No hicimos gran cosa, pero me sentí mecánico por un día.

Quedé con Michael a las 9 en Luka, parada de metro de la línea amarilla. Para algunos pocos entendidos como Ángel, no hace falta decir donde está; para el resto, es una de las últimas estaciones del metro en las afueras de Praga. Nunca antes había estado allí, pero cuando llegué la sensación fue sobrecogedora. Me impactó muchísimo más que Haje o Nove Butovice, era como una colmena gigante. Bloques de pisos de 8 alturas todos iguales en cuanto a diseño y color, en forma circular envolviendo un solitario parque con bancos para sentarse y otras instalaciones que deberían servir para que los niños jugaran, desvencijados y oxidados por el tiempo, de dudoso cumplimiento de las normas de seguridad vigentes en España; es decir, sin escatimar en partes puntiagudas.

La imagen era bastante miserable, pero bueno, esa es la verdadera realidad de la mayoría de la población de la ciudad, supongo.

Quedé con este como digo, para “mecaniquear”, como él dice. Resulta que hace tiempo compró un Rover pequeño que utiliza para experimentar y para entretenerse, porque como él dice, “los carros son mi única válvula de escape”. El coche este tiene un sistema muy curioso en las suspensiones, hidráulico; no lo llevan muchos coches, y menos los pequeños, suele ser más bien de coches más caros. Le sacó el líquido y ahora meterlo de nuevo a presión cuesta no se cuántas coronas, pero dice que no quiere gastarse más en el coche. Me propuso dármelo porque dice que está harto de él, que se ha gastado un montón de dinero en él ya; me dijo que me lo llevara a España en lugar de irme en avión…la idea es tentadora, pero no estoy como para gastarme dinero en un coche que no me garantiza llegar al destino, jeje.

Por fin pude conducir en la República Checa, me vino a buscar con un coche pequeño que tiene y me dejo conducir. Aquí no es como en España para poder conducir otros coches, resulta que con llevar los papeles del coche en regla no te dicen nada, no pasa nada si no está a tu nombre…no sé si será mejor o peor que en España, pero ahí queda eso. Le digo que no tengo la licencia de conducir encima, la tengo en casa, pero me dice que no pasa nada, que él la tiene vencida desde hace un año. Me cuenta que una vez le pararon y le dijeron que estaba caducado, pero empezó a liarles contándoles que esa era la fecha de expedición y como estaba en español, pues después de pelear un rato no pasó nada…¿realidad o ficción? No sé, pero ya presencié su habilidad con la policía una vez que le pararon en el metro y no llevaba el ticket de transporte, así que no me sorprendería.

Estuvimos sacándole el líquido del freno al Rover, para cambiárselo. Cuando terminamos nos pusimos con el coche de la hermana de su novia, que había que cambiarle la radio, las varillas del maletero y mirarle los frenos, que sonaban raro cuando frenaba y tenían un comportamiento extraño. En eso echamos la mañana, a cero grados y medio lloviendo, pero es lo que hay aquí en esta época; se nota que en las afueras hace más frío que en el centro.

Después, fuimos a buscar a su novia a la universidad y nos fuimos a un pueblo a 40 kilómetros de Praga, para ver un coche “desbaratao”, como dice él. Se dedica a comprar coches que tienen algunos desperfectos fáciles de arreglar, los repara y los revende. Y debe de sacar algo de dinero, porque sigue haciéndolo y además así se entretiene. En Cuba se dedicaba a trabajar en un taller también. También me cuenta historias de Cuba, de la vida allí y cómo no, de cómo el comunismo hace la vida imposible. Me cuenta algunas de las trampas que se hacían allí para poder sacar dinero de donde fuera; los precios de los carros: “¿sabes cuánto vale un Lada de esos en Cuba?”, me pregunta señalando un Lada Niva. “6.000 dólares”. No me parece mucho para nosotros, pero me imagino que para un ciudadano cubano será una riqueza.

Gracias al GPS llegamos al lugar, un pueblo perdido de la mano de Dios, en medio de un bosque precioso, muy denso y muy verde. Casitas pequeñas que se apilan alrededor de la que parece ser la única carretera de la localidad y algunas tiendas forman este enclave. No recuerdo como se llama, “Malá no se qué” (“Malá” significa pequeña). Entramos en el recinto de la casa donde nos recibe un tío alto, rubio, ojos azules y grandulón, con un mono azul lleno de grasa. Hay varios coches allí aparcados, y uno de ellos es que hemos venido a ver: es un Peugeot 206 descapotable, con capota dura. El coche mola mucho, pero está bastante dañado: le han chocado por detrás y tiene una de las ruedas de atrás desplazadas. Además, el motor tiene telarañas, así que llevará bastante tiempo sin ser arrancado. Después de que el experto lo examine, se lleva la decepción de que es demasiado costoso de reparar como para que merezca la pena. No pasa nada, otra vez será. Me fijo, y muchos coches de los que hay allí tienen matrícula francesa; después de que la novia de Michael hable con el señor, nos dice que la semana que viene irá a Francia a por más coches, que puede que traigan alguno parecido o igual. Me doy cuenta del negocio que existe aquí con eso de los coches chocados, porque hay muchos sitios donde los venden.

Allí compruebo de nuevo que fuera de Praga hace mucho más frío, y mientras volvemos miro por la ventana y veo los bosques de las afueras de la capital; miro el reloj y son las cuatro pasadas, pero ya está anocheciendo, y llueve ligeramente. Empiezo a pensar que lo que me decía una chica del hotel de que incluso a las 3 es de noche en diciembre. Eso me entristece, y más aún cuando pienso en la vida de la gente de esos pueblos pequeños de las afueras de Praga, con 10 casas mal contadas, las chimeneas humeantes, lloviendo y con la noche cayendo apenas llegas del colegio o de trabajar. Esto es una opinión personal, me imagino que habrá quien lo pueda aguantar e incluso le guste, pero para mí que sé que el sol existe y que hay gente que sonríe por la calle en otros lugares, me cuesta asimilarlo e imaginarme viviendo aquí mucho tiempo.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Se acerca el fin

Fue bonito mientras duró, pero las crónicas de Praga pronto llegarán a su fin; este mes de noviembre de 2008 concretamente.

Los motivos son varios, así que no sé por dónde empezar. No me arrepiento de haber venido ni de nada de lo que he hecho; podría hacer más cosas si me quedara más tiempo, pero creo que ya he tenido suficiente y ya sé cómo es la vida aquí, ahora toca probar cosas nuevas y buscar nuevos destinos, ya sea dentro de España o en el extranjero preferiblemente.

Las cosas han cambiado mucho ahora que llega el invierno, no tienen nada que ver con lo que era la vida en verano. Las temperaturas son bajas, aunque de momento menos de lo esperado, si bien lo peor es la falta de luz, pues a las 5 de la tarde ya es completamente de noche; si a ello le unimos la alegría del pueblo praguense, el resultado es una situación bastante triste. Salgo del trabajo ahora que tengo turno de mañana, y en dos horas ya es de noche, no me da casi tiempo a llegar a casa y ducharme, cuando ya está anocheciendo, y eso afecta más de lo que parece. Son las 6 o las 7 de la tarde y psicológicamente sientes como si tuvieras que acostarte, pero miras el reloj y resoplas, mientras piensas cómo puede ser esto, a la vez que entiendes el por qué del carácter de esta gente.

Después de 5 meses creo que ya es suficiente, puedo y debo ver otras cosas, sería un poco absurdo quedarme más tiempo teniendo otras opciones; y aunque no es algo que suela influir en mis decisiones, pero sí que afecta, todo el mundo me dice lo mismo: que qué hago aquí, que esto es un país deprimente (“fucking depressing country”, según Toby), que aquí solo te merece la pena estar si no tienes otra opción…etc., el caso es que cuando digo que pienso en volver a España muchos me envidian, y se alegran por mí (“dělaš dobře”, me dice Ania, una ucraniana que trabaja en la cocina, mientras me brinda una gran sonrisa).

Seguro que hay gente que no opina igual y que le gustaría, pero personalmente no lo veo un lugar cómodo de vivir, en estas condiciones, quizás después del invierno…

Pero no me voy con las manos vacías, todavía me queda un mes por delante que espero aprovechar a tope y hacer lo que pueda. También he conocido gente cuyas amistades espero conservar, nunca se sabe dónde acabará uno.

Hablaba de esto con Michael, y con los ojos enrojecidos haciendo un esfuerzo por no llorar, tal y como él mismo me dijo, me contaba que estaba harto de vivir aquí, y que de no ser por su novia se marcharía son pensar. Su familia está en Miami, que es donde a él le gustaría irse, para estar cerca de ellos, pero su novia no quiere ir a EEUU, España quizás, pero no América…aunque también me dice que si se cansa que se marcha sólo y se acabó la historia; la verdad es que me da pena el pobre chaval, porque me terminó de contar su historia, la de cómo acabó aquí: resulta que iba en un vuelo en dirección a México que hacía escala en Praga; el objetivo era reencontrarse allí con su hermana, y arreglárselas para pasar la frontera hacia EEUU.

Mentira o verdad, lo cierto es que está en Praga, desde hace varios años, aguantando como puede pero realmente cansado de vivir aquí, y seguro que en cuanto tenga la oportunidad se marchará a otro lugar. Espero volver a verle en alguna parte en el futuro, trataré de no perder el contacto con él, y lo mismo con las demás personas que he conocido por aquí.

Se acerca el fin

Fue bonito mientras duró, pero las crónicas de Praga pronto llegarán a su fin; este mes de noviembre de 2008 concretamente.

Los motivos son varios, así que no sé por dónde empezar. No me arrepiento de haber venido ni de nada de lo que he hecho; podría hacer más cosas si me quedara más tiempo, pero creo que ya he tenido suficiente y ya sé cómo es la vida aquí, ahora toca probar cosas nuevas y buscar nuevos destinos, ya sea dentro de España o en el extranjero preferiblemente.

Las cosas han cambiado mucho ahora que llega el invierno, no tienen nada que ver con lo que era la vida en verano. Las temperaturas son bajas, aunque de momento menos de lo esperado, si bien lo peor es la falta de luz, pues a las 5 de la tarde ya es completamente de noche; si a ello le unimos la alegría del pueblo praguense, el resultado es una situación bastante triste. Salgo del trabajo ahora que tengo turno de mañana, y en dos horas ya es de noche, no me da casi tiempo a llegar a casa y ducharme, cuando ya está anocheciendo, y eso afecta más de lo que parece. Son las 6 o las 7 de la tarde y psicológicamente sientes como si tuvieras que acostarte, pero miras el reloj y resoplas, mientras piensas cómo puede ser esto, a la vez que entiendes el por qué del carácter de esta gente.

Después de 5 meses creo que ya es suficiente, puedo y debo ver otras cosas, sería un poco absurdo quedarme más tiempo teniendo otras opciones; y aunque no es algo que suela influir en mis decisiones, pero sí que afecta, todo el mundo me dice lo mismo: que qué hago aquí, que esto es un país deprimente (“fucking depressing country”, según Toby), que aquí solo te merece la pena estar si no tienes otra opción…etc., el caso es que cuando digo que pienso en volver a España muchos me envidian, y se alegran por mí (“dělaš dobře”, me dice Ania, una ucraniana que trabaja en la cocina, mientras me brinda una gran sonrisa).

Seguro que hay gente que no opina igual y que le gustaría, pero personalmente no lo veo un lugar cómodo de vivir, en estas condiciones, quizás después del invierno…

Pero no me voy con las manos vacías, todavía me queda un mes por delante que espero aprovechar a tope y hacer lo que pueda. También he conocido gente cuyas amistades espero conservar, nunca se sabe dónde acabará uno.

Hablaba de esto con Michael, y con los ojos enrojecidos haciendo un esfuerzo por no llorar, tal y como él mismo me dijo, me contaba que estaba harto de vivir aquí, y que de no ser por su novia se marcharía son pensar. Su familia está en Miami, que es donde a él le gustaría irse, para estar cerca de ellos, pero su novia no quiere ir a EEUU, España quizás, pero no América…aunque también me dice que si se cansa que se marcha sólo y se acabó la historia; la verdad es que me da pena el pobre chaval, porque me terminó de contar su historia, la de cómo acabó aquí: resulta que iba en un vuelo en dirección a México que hacía escala en Praga; el objetivo era reencontrarse allí con su hermana, y arreglárselas para pasar la frontera hacia EEUU.

Mentira o verdad, lo cierto es que está en Praga, desde hace varios años, aguantando como puede pero realmente cansado de vivir aquí, y seguro que en cuanto tenga la oportunidad se marchará a otro lugar. Espero volver a verle en alguna parte en el futuro, trataré de no perder el contacto con él, y lo mismo con las demás personas que he conocido por aquí.

Český Krumlov y Česke Budejovice

27 de octubre, excursión doble a Český Krumlov y Česke Budejovice.

La semana pasada quedé con Gener, un chaval de Mataró que está aquí en Praga en el Conservatorio (toca el clarinete), hasta febrero del año que viene. Lo conocimos Álex y yo cuando fuimos a ver el piso que alquilaba la novia de mi ex compañero de piso Thomas (el noruego).

El bus salía de Na Knižeci, al lado de Anděl y a 5 minutos de mi casa en bus, a las 7, así que quedamos en reunirnos en el andén de Anděl a las 6:40. Dos días antes se había retrasado la hora, una hora menos, pero todavía quedaba gente que no se había enterado, y Gener era una de esas personas. A las 5:55 aproximadamente recibo una llamada suya (por suerte ya estaba despierto), y me pregunta nervioso que dónde estoy, pensando que el bus salía en 5 minutos y yo no estaba allí aún; como ya me lo imaginaba le comento lo del cambio de hora y le digo que en media hora estoy ahí. Me levanto, me cambio y salgo para allá.

Llego, perdemos el tiempo hasta que son las 7 sentados en el andén de salida y puntualmente llega el bus amarillo de la Student Agency. Su color y su modernidad destacan en la estación frente a todos los anticuados buses urbanos que andan por allí. Unos orientales algo despistados nos preguntan que si este bus va a Český Krumlov. Subimos al bus y nos sentamos en el asiento que nos corresponde de acuerdo con el billete, y tal y como ya me habían comentado, están muy bien: muy limpios, modernos, con bebidas calientes gratuitas, internet wifi (dentro en el bus), revistas y periódicos (sólo en checo) y cascos para escuchar la radio o la película que pongan. En un folleto del asiento veo una que ofrecen viajes económicos en bus a prácticamente todos los países de Europa; la parte de Rusia aparece como si no hubiera nada en el mapa, jeje, no esperaba menos de los checos.

Ponen un bodrio de película, en inglés subtitulada en checo, así que paso, mejor dormir. Cuando despierto están poniendo capítulos de Friends, también subtitulados en checo, pero ya queda poco para llegar. Sobre las 10:30 estamos en Český Krumlov. Empezamos y por suerte la parte bonita, lo que se suele visitar (casco antiguo y sus monumentos) está al lado de la estación, así que en seguida nos vemos inmersos en ese ambiente mágico que tiene la ciudad. Era cierto lo que decían de que caminando por sus calles es como estar en un cuento, qué pena que las fotos no puedan expresar esos sentimientos.
Es de esas ciudades donde una vez que sacas la cámara ya no puedes volverla a guardar hasta que acabas la visita. No pensé que fuera para tanto, porque ya me lo había comentado la gente, pero puedo afirmar que se trata de uno de los lugares más bonitos que pueda haber en el mundo. El casco histórico está muy bien conservado, limpio y todo agrupado en una península que forma un meandro del río Moldava.

A medida que callejeamos sin rumbo fijo, nos vamos asombrando cada vez más de lo que vamos encontrando. Cuando pensamos que ya no podemos ver nada mejor, nos adentramos por otro callejón y otra sorpresa. Es difícil de explicar, pero sin duda se trata de una visita obligatoria para quien vaya a la República Checa. Praga es diferente, pero me gusta más este pueblo que la capital, menos gente y un ambiente único.

El Castillo y el Teatro se pueden visitar, pero no estamos de suerte y resulta que los lunes están cerrados…bueno, qué se le va a hacer, me hago la promesa de volver para entrar, y también de traer a las personas que vengan a verme.

El bus hacia Česke Budejovive sale a las 15:00, así que decidimos comer aquí. Encontramos un sitio algo apartado donde vemos que pone “Menu 70 kc”…sospechoso pero preguntamos de todas formas. No hay nadie en el bar, sólo una pareja de turistas con un crío. Aparece una joven de ojos claros y pelo negro, y como no habla inglés (para variar), le pregunto en mi checo precario eso del menú: “Jak je menú, co to je?” (cómo es el menú, qué es). Me explica que una sopa y una pizza. “Pizza je velká nebo malá?” (la pizza es grande o pequeña). Me dice que es grande, “pro dvié“ (para dos). “Ale to je sedesat korun?“ (pero son 70 coronas?), le pregunto, y me dice que sí, así que como tenemos hambre y no es caro (menos de 3 euros!!!), pedimos dos menús.

No incluyen la bebida, así que pedimos. “Máte černý Kozel?“ (que si tienen Kozel negra, una cerveza que me gusta), le pregunto; pero como sólo tienen Pilsner, me pido una Coca Cola, así me espabilo con la cafeína. La sopa era de espinacas, estaba buena, y la pizza efectivamente grande, demasiado para uno sólo, pero aún así nos la acabamos.

Queda una hora y pico, así que decidimos ir caminando tranquilamente para la estación.

Puntual como un reloj, el autobús aparece en la estación donde horas antes nos bajamos, y nos subimos de nuevo para ir hacia Česke Budejovice. Por el camino voy observando los paisajes y me doy cuenta de la gran belleza de este país. Ya me lo había dicho Michael, que si conocía el resto de pueblos y lugares de la República Checa, no me querría ir de aquí. No le faltaba razón.

Ceske Budejovice

Llegamos a nuestro nuevo destino. La estación es bastante curiosa, está en la azotea de un centro comercial...no es broma. Para salir de ella hay que cruzar por todo el centro comercial, supongo que por motivos de marketing, y la verdad es que mientras salgo lo voy pensando y no es mala idea.

Mi cámara está agonizante de batería gracias a Český Krumlov, pero Česke Budejovice no tiene tantas cosas que ver. Fácilmente nos orientamos (pura suerte más que nada), y me fastidia porque quería preguntar a alguien lo que fuera con tal de practicar (Prosím váš, chceme jít centrum, kde to je?, o algo así). Pero no hizo falta...

Entramos en la zona visitable, por así decirlo, la parte bonita de la ciudad, porque se trata de un sitio grandecito, una ciudad industrial. Además me llama la atención que dispone de varias líneas de trolebuses y de autobuses urbanos, y eso suele ser un buen indicador del grado de desarrollo y extensión de la ciudad.

La plaza es preciosa, una de las más grandes de Europa según me comenta Gener, aunque no le pregunto la fuente de tal afirmación porque realmente es muy bonita y no quiero romper la magia. Callejear por la zona histórica también es bonito, aunque no tanto como en Český Krumlov (es que para mí este sitio ha quedado el listón muy alto), pero está bien. Mi cámara ya no me deja ni hacer fotos, así que tengo que ir rateando batería para poder hacer fotos en 2 segundos, antes de que me avise de que se apagará por falta de pila...menos mal que esto no me ha pasado en la anterior visita.

La plaza, callejar, una iglesia donde pagamos 10 coronas bien invertidas y una torre que era una antigua prisión y zona de tortura que no podemos visitar por que está cerrada, y creo que poco más hay aquí. Los parques que hay cruzando el río dejando atrás la parte antigua son también destinos obligados, pero por falta de tiempo y de luz no pudimos ir. Otra asignatura pendiente. Paseamos de camino a la estación por estos parques a la orilla del río, y me doy cuenta de lo limpio que está todo, no me daría ningún reparo tirarme al suelo y revolcarme en él. Poco a poco se escucha una música como de feria, cosa que nos llama la atención, pero a medida que avanzamos acabamos descubriendo que efectivamente hay una feria, quizás porque el día siguiente es el día nacional del país.

Llegamos a la peculiar estación, enredamos por las tiendas hasta que son las 19:30 y una vez más llega el bus con sorprendente puntualidad. Ponen la peli de “Dirty Dancing“...pero en checo. Cojo los cascos al menos por praticar, pero como no me interesa mucho la peli me acabo quedando dormido; también es verdad que estaba muy cansado, así que mejor dormir. Me despierta la voz de la azafata, estamos llegando a Praga. Es noche cerrada, son las 21:30 más o menos cuando llegamos a Na Knižeci, pero ya desde las 18 es de noche completamente. Es increíble cómo cada vez anochece antes, y ya me han advertido de que en invierno a las 16 ya es de noche. Me imagino que es duro, pero si otra gente a podido acostumbrarse, por qué no yo. Además el hecho de haber descubierto nuevos pueblos que visitar, y al menos por las fotos son una pasada de sitios, me ha dado ganas de permanecer aquí más tiempo hasta ver todo eso. Me parece un crimen irse de aquí sin ver todas esas bellezas.