Por fin he vuelto a salir a hacer turismo, con su correspondiente ración de fotos que están en el Slide.
Martes:
Por la mañana fui a la Embajada Española, a por los impresos y la información que necesito para registrarme y certificar que estoy residiendo temporalmente en la República Checa. De nuevo me surge la duda de si ir o no ir a la Policía de Extranjería de aquí; no es obligatorio ni indispensable, pero sí recomendable. Pero antes tengo que conseguir que el dueño del piso me firme un documento en el que dice que efectivamente estoy viviendo en su piso, así que ya veremos cuando venga a cobrar el alquiler si me lo firma o no.
Tendré que volver al día siguiente porque no me he traido el Pasaporte no el contrato de trabajo para hacer fotocopias, y paso de ir al piso y volver de nuevo a la embajada, por pereza más que otra cosa, porque no tengo nada que hacer ese día.
Por la tarde quedé con Pablo, un amigo de Will que está estudiando medicina en Salamanca. Está en Praga con un intercambio de prácticas o algo así, en el que estudiantes de toda España y de otros países vienen a un hospital de la ciudad durante un mes. Lógicamente, todos aprovechan para hacer turismo por la ciudad e incluso por otros países colindantes.
Pues quedamos en Malostranske, él, un comapñero suyo de Ceuta y yo. Pateamos la ciudad y hacemos fotos hasta que empieza a anochecer; yo estoy destrozado, llevamos toda la tarde andando sin parar, así que decido irme al piso y quedamos en que al día siguiente repetimos.
Al llegar al piso, Elena me dice que si quiero ir mañana con ella a no se qué biblioteca de la ciudad, que es una pasada, y tal y cual. Me da igual, aparte de trabajar no tengo ninguna otra obligación, además de que ir con ella siempre es agradable, así que le digo que sí. Quedé en ir a la embajada esa mañana, pero prefiero estar con Elena y ver la biblioteca esa a tener que rellenar documentos delante de una vieja amargada con más ganas de salirse a la calle a fumar un cigarro que de ayudar a un compatriota perdido en un país extraño. Así que ni lo dudo. La verdad es que me enseñó fotos por internet y la biblioteca es alucinante; de hecho, incluso se hacen visitas turísticas por ella porque es inmensa. Para los que sepan: Narodni Knihovna.
Miércoles:
Me levanto, me ducho y me cambio para ir a la biblioteca. Cojo mis libros y mis cosas de checo, y me llevo también el portátil para poder escuchar las grabaciones. Cogemos el metro y nos bajamos en Starometska; antes de ir a la biblioteca pasamos por una pastelería que Elena sugiere, porque dice que tienen unos pasteles muy buenos y baratos. Y no mentía en absoluto, mira que los pasteles no es que me llamen especialmente la atención.
Llegamos a la Narodni Knihovna, con muchas ganas de poder ver por fin en la realidad lo que las fotos de internet ya me había mostrado; hasta me había traido la cámara de fotos. Pero por desgracia resulta que está cerrada: reformas de verano o no sé qué. Hasta mediados de agosto no abren.
Nada, buscamos otra biblioteca que hay enfrente y lo mismo, así que nos metemos en una especie de biblioteca técnica, donde hay unos pocos personajes curiosos del mundillo de las ingenierías y esas cosas. Hemos tenido suerte de que casualmente solo abren un día a la semana, y hemos acertado.
Nos tiramos allí toda la mañana, y sobre la una decidimos sin contemplaciones que ya basta por hoy. Me lleva a comer a un restaurante que hay al lado de la parada de metro de Starometska: buen precio y comida típica checa; plato de comida más cerveza de 33 cl por 96 coronas (unos 4€). Después vuelta a casa, y por el camino hablamos de lo de las propinas: me dice que por qué no le dejo propina, y le respondo que es su trabajo y que le pagan para eso. Ella me responde que es costumbre hacerlo, pero yo le vuelto a rebatir que no me sobra el dinero. Supongo que los dos tenemos razón.
Llegamos al piso y veo un mensaje de Pablo, para quedar esa misma tarde en Malostranske, para seguir "turisteando" por Praga.
Quedamos y de nuevo nos pateamos gran parte de la ciudad, visitamos un montón de sitios como la Iglesia de San Nicolás (70 coronas normal/35 estudiante; tenemos suerte y cuelo como estudiante), el muro de John Lennon, la iglesia de Loreta, el Castillo y luego vamos al centro.
Son cerca de las 20:00 y me dice que ha quedado con sus compañeros porque van a celebrar el cumpleaños de un chaval de Egipto, que es compañero de habitación de la residencia. Me acompaña hasta la parada de tram de Narodni Divadlo pero por el camino nos encontramos con unos cuantos de sus compañeros y me dicen que me vaya con ellos, así que no me lo pienso. Son un chico y dos chicas catalanes, y con ellos van otro chico catalán que estudia económicas y que está de visita en la ciudad, y su novia alemana oriental.
Paseamos un poco por el centro porque han quedado en Narodni Trida; allí la chica alemana había quedado con dos amigas brasileñas que trabajan en alemania, y se unen al grupo. Luego aparecen el egipcio con una chica de Turquía. Y para concluir esta fiesta internacional a más no poder, aparecen una chica de Letonia, una eslovaca, una húngara y una checa...jóder, si es que parece un chiste.
Como es muy tarde (para los checos claro, son alrededor de las 22:00), en ningún sitio nos quieren servir, además de que somos unas 15 personas. Les sugiero ir a un chino porque puede ser la única posibilidad de cenar un grupo numeroso a esas horas. Al lado de la estación de Narodni Trida hay uno, así que allí vamos. Los ojos de los camareros se transoforman en simbolitos del dólar, y nos dicen que no hay problema.
Nos sentamos los 15 en una mesa de 10, de esas redondas, pero estamos bien. Un ambiente muy internacional y de buen rollo, la verdad. Y para más cachondeo, llega el camarero y resulta que no es chino sino tailandés; además acabamos hablando con él en alemán porque lo habla mejor que el inglés o el checo...de chiste total.
Jueves:
Último día de descanso, ya está bien. Ahora en agosto hay más jaleo, así que ya me puedo olvidar de esos descansos de 3 días.
Por la mañana voy a la embajada, y por fin quedo hechos los papeleos para registrarme como residente temporal en Praga. Llego al piso y Elena me dice que si me voy a la piscina con ella, pero esa misma tarde quedaré con Pablo para seguir de turismo por la ciudad, además que prefiero ir un día entero cuando tenga un descanso. Bajamos ella, Toby y yo a comer al chino y nos subimos de nuevo al piso.
Quedo con Pablo en la entrada del castillo, a las 16:00. Por suerte dos de los tranvías que pasan al lado de mi casa llevan allí directamente, en unos 30 minutos. Toda la tarde caminando nuevamente, entramos en la catedral del castillo; por suerte no había cola, y tampoco había que pagar. Antes habíamos ido a la iglesia de Loreta: 90 coronas la entrada, y no merece la pena, la verdad. Es bonita, pero la de San Nicolás es menos dinero y es muy bonita también.
Luego bajamos por el Parque Petrin hacia la ciudad: él sube a la torre, pero yo paso de pagar para ello, aunque solo sean 50 coronas. Hay también un laberinto de espejos en el parque, pero como me temía hay que pagar. Solo son 50 coronas, pero ya volveré.
Bajamos por los caminos que llevan hacia Praga, entre naturaleza y grandes árboles que no dejan pasar los rayos del sol y por fin llegamos a la civilización. Lo de por fin es un decir, porque el parque es precioso y merece la pena echarle una mañana o una tarde para caminar por él y descrubrir algunos remansos de paz entre la vegetación donde parejas jóvenes se demuestran su amor mutuo con gestos, besos y abrazos.
Nos acercamos a Malostranske a beber de una fuente que hay allí y luego vamos a Narodni Divadlo en tram para que yo saque dinero. Tenemos intención de ir a tomar una cerveza, que nos la hemos ganado. Pero antes pasamos por la plaza para ver si está abierta la oficina de turismo, para coger unos mapas. Mala suerte: está cerrada. Nos sentamos para descansar en la puerta, y en los escasos 10 minutos que estuvimos allí nos entretenemos viendo a los turistas que pasean distraidos. Y como siempre, inevitable ver un porcentaje muy alto de chicas guapas.
Le recuerdo a Pablo que quería ir a la estación de tren, así que de nuevo en pie y rumbo a la estación. Llegamos sin problemas, vamos a una ventanilla de información y me sorprendo gratamente de que el señor nos atiende bien y nos habla y entiende en inglés. Vuelta al centro: Pablo ha quedado con dos chicas de su residencia para volver juntos y yo me voy a Narodni Divadlo, cojo el tram y para casa.
Y bueno, mañana de nuevo a trabajar se acabó la buena vida. Hemos andado mucho y visto muchas cosas, pero sigo teniendo la sensación de que me queda más de media ciudad por ver. Es lo que tiene la ciudad, que siempre te queda esa sensación de no haberlo visto todo, y necesitas volver a los sitios donde ya has estado.
Y otra cosa: sin duda alguna, uno de los idiomas más escuchados entre los turistas de la ciudad es el español, así que cuidado con decir barbaridades porque puede que alguna chica nos entienda.
jueves, 31 de julio de 2008
viernes, 25 de julio de 2008
Coches baratos y el agobio de Praga
La semana que viene tengo que salir a hacer alguna foto...
En primer lugar hablaré del "agobio de Praga". Ya me ha dicho Ángel que tranquilo, no llevo aquí ni un mes, pero es que quiero hacer un montón de cosas al mismo tiempo y eso te hace sentir agobiado. Pero le pasa a más gente, que ya me he informado, jeje. Son tantas calles por las que pasar, tantos rincones que fotografiar, tantas niñas a las que mirar, tantos bares donde tomarse una cerveza...que uno se siente presionado, sin pensar que ya habrá tiempo para eso.
Pero es normal, según dicen, al poco tiempo te tranquilizas y poco a poco vas conociendo la ciudad. Incluso gente que es de aquí sigusin conocer algunas cosas de Praga, así que con eso me siento más aliviado.
Por otro lado, me ha llamado la atención que exista la posiblidad de comprar reliquias del comunismo como son los coches Lada y Skoda antiguos, de más de 20 años, por precios de risa: hoy precisamente he estado mirando en internet, y los había desde 2.000 coronas (unos 85€). Es que por ese precio, aunque solo te dure un mes, te puede hacer el apaño para visitar los alrededores de Praga...me lo estoy pensando. De hecho me surgió una idea bastante absurda que ya he desechado, y que consistía en ahorrar estos 6 meses, comprarme un cascarrio de esos y volverme a España con él y con todas las cosas. Saldría caro, pero sería una auténtica aventura, si es que consigo llegar.
Pero como ya he dicho, esa idea se ha evaporado. En primer lugar porque me estoy pensando eso de volver; si tal y como me dijo la directora del hotel, que aquí trabajo no me iba a faltar, le estoy empezando a coger cariño a esta ciudad, tal y como auguraron algunos, jeje.
En segundo lugar, si me quedo aquí a vivir intentaría traerme mi coche desde España para usarlo aquí, o venderlo en España y comprarme uno decente aquí. Hacer un trayecto de este tipo en coche tiene que ser una pasada, dos o tres días en coche, la libertad de ir por donde quieres y parar donde y cuando quieras...sería un caprichito por el precio del petróleo, pero algo inolvidable sin duda.
En primer lugar hablaré del "agobio de Praga". Ya me ha dicho Ángel que tranquilo, no llevo aquí ni un mes, pero es que quiero hacer un montón de cosas al mismo tiempo y eso te hace sentir agobiado. Pero le pasa a más gente, que ya me he informado, jeje. Son tantas calles por las que pasar, tantos rincones que fotografiar, tantas niñas a las que mirar, tantos bares donde tomarse una cerveza...que uno se siente presionado, sin pensar que ya habrá tiempo para eso.
Pero es normal, según dicen, al poco tiempo te tranquilizas y poco a poco vas conociendo la ciudad. Incluso gente que es de aquí sigusin conocer algunas cosas de Praga, así que con eso me siento más aliviado.
Por otro lado, me ha llamado la atención que exista la posiblidad de comprar reliquias del comunismo como son los coches Lada y Skoda antiguos, de más de 20 años, por precios de risa: hoy precisamente he estado mirando en internet, y los había desde 2.000 coronas (unos 85€). Es que por ese precio, aunque solo te dure un mes, te puede hacer el apaño para visitar los alrededores de Praga...me lo estoy pensando. De hecho me surgió una idea bastante absurda que ya he desechado, y que consistía en ahorrar estos 6 meses, comprarme un cascarrio de esos y volverme a España con él y con todas las cosas. Saldría caro, pero sería una auténtica aventura, si es que consigo llegar.
Pero como ya he dicho, esa idea se ha evaporado. En primer lugar porque me estoy pensando eso de volver; si tal y como me dijo la directora del hotel, que aquí trabajo no me iba a faltar, le estoy empezando a coger cariño a esta ciudad, tal y como auguraron algunos, jeje.
En segundo lugar, si me quedo aquí a vivir intentaría traerme mi coche desde España para usarlo aquí, o venderlo en España y comprarme uno decente aquí. Hacer un trayecto de este tipo en coche tiene que ser una pasada, dos o tres días en coche, la libertad de ir por donde quieres y parar donde y cuando quieras...sería un caprichito por el precio del petróleo, pero algo inolvidable sin duda.
IKEA otra vez, embajada de Venezuela e Instituto Cervantes de nuevo
EL jueves por la mañana no me apetecía salir de casa, pero como aquí siempre te levantas más temprano que en España, a las 11 ya estás pensando qué hacer porque no tienes ganas de quedarte en casa. El día no estaba muy agradable, nublado y medio lloviendo, pero me armo de valor y decido ir de nuevo al IKEA de Cerny Most.
Cojo la mochila, la bolsa azul de tela del IKEA que me costó 19 coronas (menos de 1€) y el paraguas. Es una aventura, porque es casi una hora de ida, otra de vuelta y casi otra hora entre llegar al IKEA y comprar; no obstante, no tengo nada mejor que hacer. Esta vez no tuve problemas, y ya que fui decidí comprar lo que me hacía falta: la almohada grande, el nórdico grande y las fundas para el nórdico y la almohada. Todo eso, 1.200 coronas (unos 53€). No me parece caro. Al salir del IKEA está lloviendo bastante, suerte que eché el paraguas...
Cuando llegué al piso, a eso de las 12:30, veo un mensaje de correo de Héctor Castillo, de la embajada de Venezuela. Otro "amigo de amigo" vía Ángel. A las 15:00 en la embajada. Me preparo unos macarrones y utilizo una salsa rara que compré de tomate y aceitunas, que por fin termino y que no pienso volver a comprar. Me pongo de camino a la embajada, en tram, para evitar tener que hacer trasbordos de metro y tram. Como siempre, antes de salir lo consulto en http://www.dpp.cz/, página que se ha convertido en mi página principal del navegador por razones obvias. Perfecto, el 22 y el 23 me llevan hasta Malostranske Namesti, y de allí son 3 minutos andando.
Llegué a la embajada y una señorita me invita a que le espere en un sillón bastante incómodo, porque ha salido a comer. Al poco llega y también le reconozco gracias a una foto que Ángel me había mostrado en Cáceres. Charlamos un rato sobre Praga, la vida en la ciudad, los eventos culturales, etc. Apunta mi número y me dice que me avisarán cuando se celebre algún acto cultural, al igual que en la Embajada Española el día anterior.
Al salir me voy "directo" (en tram) al Instituto Cervantes, porque el día anterior se me olvidó coger los cds que vienen con el libro para escuchar las grabaciones. La misma chica de siempre, con la sonrisa de siempre. "Creo que voy a frecuentar este lugar", pienso. Al salir veo unos carteles con anuncios: profesores de español, gente que cambia libros, etc. Me fijo en dos diferentes de chicas que buscan alguien con quien conversar en español, a cambio de poder practicar checo o inglés: próximo objetivo, apuntar esos número y a ver qué pasa; de momento no lo haré, quiero asentarme un poco más y aprender algo de checo, lo que se deje el propio idioma. El martes que viene tengo descanso de nuevo, así que volveré a la biblioteca.
Antes de llegar al piso paso por una librería que hay al lado del portal y veo una caja llena de libros con un cartel que pone: 10 coronas. "Joder, libros a 10 coronas", pienso, así que me pongo a rebuscar. No sé qué esperaba, pero el 99% son en checo, y hay uno en inglés que no me llama la atención. ¡Pero es que son 10 coronas! Busco el libro que parece más sencillo y lo compro, así puedo practicar a leer en checo y traducir aunque sea, total, por 10 coronas.
Pensaba que se avecinaba una tarde sin salir de casa, aunque me lo paso bien en el piso porque Elena, Toby y yo siempre acabamos en la cocina enredando, tocando la guitarra, sentados en el balcón con unas cervezas, o de cualquier forma haciendo tonterías. Pero recibo una llamada de Petr, no me acordaba de que le dije que me avisara cuando pudiera quedar. A las 8 en Hradcanska, donde la embajada. Aviso a Pablo, un amigo de Will y allí quedamos.
Calculo mal el tiempo y llego 10 minutos tarde, y Petr ya está allí; salimos y a los 5 minutos aparece Pablo...me gusta esta cuasi exactitud que se nos pega cuando estamos aquí. Nos montamos en un bus y nos bajamos cerca del parque Letna, y Petr nos lleva a un bar llamado "Le tram". Muy tranquilo, casi no hay gente (es jueves), y hay unos sillones que son como de coche donde sentarte, muy cómodos. Charlamos acompañados por dos cervezas cada uno y luego decidimos marcharnos al otro lugar que quería enseñarnos: "Wakata". Es un bar como más animado, quizás porque esa noche había un DJ. El público parece más alternativo. Otra cerveza, charlamos y ya va siendo hora de irse, todos tenemos cosas que hacer al día siguiente.
Por el camino pasamos por una multitienda versión checa y nos compramos algo para comer, como siempre a un precio de risa. Autobús, metro, tram y al piso.
Cojo la mochila, la bolsa azul de tela del IKEA que me costó 19 coronas (menos de 1€) y el paraguas. Es una aventura, porque es casi una hora de ida, otra de vuelta y casi otra hora entre llegar al IKEA y comprar; no obstante, no tengo nada mejor que hacer. Esta vez no tuve problemas, y ya que fui decidí comprar lo que me hacía falta: la almohada grande, el nórdico grande y las fundas para el nórdico y la almohada. Todo eso, 1.200 coronas (unos 53€). No me parece caro. Al salir del IKEA está lloviendo bastante, suerte que eché el paraguas...
Cuando llegué al piso, a eso de las 12:30, veo un mensaje de correo de Héctor Castillo, de la embajada de Venezuela. Otro "amigo de amigo" vía Ángel. A las 15:00 en la embajada. Me preparo unos macarrones y utilizo una salsa rara que compré de tomate y aceitunas, que por fin termino y que no pienso volver a comprar. Me pongo de camino a la embajada, en tram, para evitar tener que hacer trasbordos de metro y tram. Como siempre, antes de salir lo consulto en http://www.dpp.cz/, página que se ha convertido en mi página principal del navegador por razones obvias. Perfecto, el 22 y el 23 me llevan hasta Malostranske Namesti, y de allí son 3 minutos andando.
Llegué a la embajada y una señorita me invita a que le espere en un sillón bastante incómodo, porque ha salido a comer. Al poco llega y también le reconozco gracias a una foto que Ángel me había mostrado en Cáceres. Charlamos un rato sobre Praga, la vida en la ciudad, los eventos culturales, etc. Apunta mi número y me dice que me avisarán cuando se celebre algún acto cultural, al igual que en la Embajada Española el día anterior.
Al salir me voy "directo" (en tram) al Instituto Cervantes, porque el día anterior se me olvidó coger los cds que vienen con el libro para escuchar las grabaciones. La misma chica de siempre, con la sonrisa de siempre. "Creo que voy a frecuentar este lugar", pienso. Al salir veo unos carteles con anuncios: profesores de español, gente que cambia libros, etc. Me fijo en dos diferentes de chicas que buscan alguien con quien conversar en español, a cambio de poder practicar checo o inglés: próximo objetivo, apuntar esos número y a ver qué pasa; de momento no lo haré, quiero asentarme un poco más y aprender algo de checo, lo que se deje el propio idioma. El martes que viene tengo descanso de nuevo, así que volveré a la biblioteca.
Antes de llegar al piso paso por una librería que hay al lado del portal y veo una caja llena de libros con un cartel que pone: 10 coronas. "Joder, libros a 10 coronas", pienso, así que me pongo a rebuscar. No sé qué esperaba, pero el 99% son en checo, y hay uno en inglés que no me llama la atención. ¡Pero es que son 10 coronas! Busco el libro que parece más sencillo y lo compro, así puedo practicar a leer en checo y traducir aunque sea, total, por 10 coronas.
Pensaba que se avecinaba una tarde sin salir de casa, aunque me lo paso bien en el piso porque Elena, Toby y yo siempre acabamos en la cocina enredando, tocando la guitarra, sentados en el balcón con unas cervezas, o de cualquier forma haciendo tonterías. Pero recibo una llamada de Petr, no me acordaba de que le dije que me avisara cuando pudiera quedar. A las 8 en Hradcanska, donde la embajada. Aviso a Pablo, un amigo de Will y allí quedamos.
Calculo mal el tiempo y llego 10 minutos tarde, y Petr ya está allí; salimos y a los 5 minutos aparece Pablo...me gusta esta cuasi exactitud que se nos pega cuando estamos aquí. Nos montamos en un bus y nos bajamos cerca del parque Letna, y Petr nos lleva a un bar llamado "Le tram". Muy tranquilo, casi no hay gente (es jueves), y hay unos sillones que son como de coche donde sentarte, muy cómodos. Charlamos acompañados por dos cervezas cada uno y luego decidimos marcharnos al otro lugar que quería enseñarnos: "Wakata". Es un bar como más animado, quizás porque esa noche había un DJ. El público parece más alternativo. Otra cerveza, charlamos y ya va siendo hora de irse, todos tenemos cosas que hacer al día siguiente.
Por el camino pasamos por una multitienda versión checa y nos compramos algo para comer, como siempre a un precio de risa. Autobús, metro, tram y al piso.
Embajada española y el Instituto Cervantes
El otro día me acerqué a la Embajada Española, con dos propósitos: en primer lugar, conocer a Ramón Machón, amigo de Ángel y extremeño también (de Santa Amalia); y por otro lado, informarme sobre los trámites necesarios para solicitar un permiso de residencia en la República Checa. Respecto a esto segundo, no creo que sea imprescindible, ya que la mayoría de la gente europea que conozco aquí llevan varios años en el país y no han acudido a la oficina de extranjería de la policía, pero no se, prefiero hacerlo por si acaso.
Es fácil llegar a la embajada, solo hay que coger el metro, línea verde (A) y bajarse en la estación de Hradcanska. El edificio está en una calle bastante concurrida, protegido por un guardia checo de avanzada edad que no me inspira mucha confianza como defensor de la bandera, pero es muy amable y me atiende con una sonrisa (cosa rara en los checos). Le entrego el DNI, apunta el número y adentro.
Una rolliza señora checa que habla español me atiende, le digo que llame a este señor y tras unos minutos aparece. Recuero que Ángel me había enseñado una foto, así que me resulta fácil identificarle. Charlamos mientras se fuma un cigarro en la calle y después entramos en el edificio. Bajamos unas escaleras y al final de un pasillo está su oficina, en la que hay otro joven que resulta ser un becario de Jaén llamado Eufrasio, que lleva en Praga ya varios meses.
Hablamos sobre este asunto de la oficina de extranjería y me advierten de las colas, si bien por suerte ahora en verano la espera no es tan dura como hacerlo a 10 grados bajo 0. Me quedo con la duda interna de si merece la pena el sacrificio de la oficina de extranjería o no, cuando vuelva a tener días libres vermos con qué ánimos me encuentro para soportar 3 horas de cola de pie en la calle. Son las 13 más o menos, así que me proponen irme a comer con ellos; no declino la invitación porque cualquier ocasión de comer fuera de casa es bienvenida.
Vamos a un restaurante cercano y me como un filetón de ternera con patatas y una salsa de tomate muy rica, más una botella pequeña de agua: 160 coronas (unos 7€). Después de comer me despido porque quiero pasarme por la biblioteca del Instituto Cervantes, no sin antes prometerles una nueva visita a la semana siguiente para registrarme en la embajada. Al salir de casa saqué 1.000 coronas del cajero para pagar las tasas de la biblioteca y para tener algo de efectivo con que adquirir productos básicos como comida para el piso o alguna cerveza improvisada.
Metro hasta Namestí Miru y tram hasta Štěpánská (¡copón!). Llego a la biblioteca y la simpática joven de ojos verdes que estaba el otro día sigue allí (por suerte, pienso). Menos mal que se acordaba de mí, así que me hago la tarjeta (250 coronas, por no ser estudiante, joder) y me cojo el libro de ejercicios en checo que la chica me enseñó el otro día cuando fui con Michael; tengo de plazo para devolverlo hasta la segunda semana de agosto, suficiente para aprender algo, espero. Charlamos amigablemente sobre la dificultad del idioma y mis intentos de aprenderlo, y antes de irme le hago una promesa: "la próxima vez que venga te diré algo en checo"...ya se me ocurrirá algo.
Parece un buen sitio la biblioteca del Instituto Cervantes; no puedo evitar darme cuenta de que varias jóvenes checas están por allí danzando entre las estanterías de libros en español. Y no solo por esto, que conste, que estuve echando un vistazo a los libros y me interesaría dedicarle algo de tiempo al viejo arte de la lectura.
Llego al piso feliz con mi libro bajo el brazo, y me encuentro a Toby mirando por la ventana de la cocina. Lleva varios días líado con un problema que tiene en su ordenador, porque no se qué historia le pasa con el Windows XP Service Pack 1...el caso es que nos ponemos en mi ordenador a buscarlo para descargarlo, pero claro, sin nada que beber pues se hace más trabajoso. Veloces como gamos bajamos, compramos una tarrina de cds y unas cervezas de medio litro por 7'9 coronas cada una (35 céntimos aproximadamente) y volvemos "al trabajo".
Nos tiramos toda la tarde dando vueltas para intentar descargarnos eso, que no lo encontrábamos por ninguna parte, pero cuando Elena llega al piso, como está estudiando informática, se lo comentamos...esa misma noche el problema estaba solucionado; no sé qué hizo, pero le arregló el ordenador. Después de cenar me siento en la mesa con la ilusión de un niño pequeño, para poder empezar el librito que me promete que hablaré checo si sigo los pasos que se dicen, ya veremos...
Es fácil llegar a la embajada, solo hay que coger el metro, línea verde (A) y bajarse en la estación de Hradcanska. El edificio está en una calle bastante concurrida, protegido por un guardia checo de avanzada edad que no me inspira mucha confianza como defensor de la bandera, pero es muy amable y me atiende con una sonrisa (cosa rara en los checos). Le entrego el DNI, apunta el número y adentro.
Una rolliza señora checa que habla español me atiende, le digo que llame a este señor y tras unos minutos aparece. Recuero que Ángel me había enseñado una foto, así que me resulta fácil identificarle. Charlamos mientras se fuma un cigarro en la calle y después entramos en el edificio. Bajamos unas escaleras y al final de un pasillo está su oficina, en la que hay otro joven que resulta ser un becario de Jaén llamado Eufrasio, que lleva en Praga ya varios meses.
Hablamos sobre este asunto de la oficina de extranjería y me advierten de las colas, si bien por suerte ahora en verano la espera no es tan dura como hacerlo a 10 grados bajo 0. Me quedo con la duda interna de si merece la pena el sacrificio de la oficina de extranjería o no, cuando vuelva a tener días libres vermos con qué ánimos me encuentro para soportar 3 horas de cola de pie en la calle. Son las 13 más o menos, así que me proponen irme a comer con ellos; no declino la invitación porque cualquier ocasión de comer fuera de casa es bienvenida.
Vamos a un restaurante cercano y me como un filetón de ternera con patatas y una salsa de tomate muy rica, más una botella pequeña de agua: 160 coronas (unos 7€). Después de comer me despido porque quiero pasarme por la biblioteca del Instituto Cervantes, no sin antes prometerles una nueva visita a la semana siguiente para registrarme en la embajada. Al salir de casa saqué 1.000 coronas del cajero para pagar las tasas de la biblioteca y para tener algo de efectivo con que adquirir productos básicos como comida para el piso o alguna cerveza improvisada.
Metro hasta Namestí Miru y tram hasta Štěpánská (¡copón!). Llego a la biblioteca y la simpática joven de ojos verdes que estaba el otro día sigue allí (por suerte, pienso). Menos mal que se acordaba de mí, así que me hago la tarjeta (250 coronas, por no ser estudiante, joder) y me cojo el libro de ejercicios en checo que la chica me enseñó el otro día cuando fui con Michael; tengo de plazo para devolverlo hasta la segunda semana de agosto, suficiente para aprender algo, espero. Charlamos amigablemente sobre la dificultad del idioma y mis intentos de aprenderlo, y antes de irme le hago una promesa: "la próxima vez que venga te diré algo en checo"...ya se me ocurrirá algo.
Parece un buen sitio la biblioteca del Instituto Cervantes; no puedo evitar darme cuenta de que varias jóvenes checas están por allí danzando entre las estanterías de libros en español. Y no solo por esto, que conste, que estuve echando un vistazo a los libros y me interesaría dedicarle algo de tiempo al viejo arte de la lectura.
Llego al piso feliz con mi libro bajo el brazo, y me encuentro a Toby mirando por la ventana de la cocina. Lleva varios días líado con un problema que tiene en su ordenador, porque no se qué historia le pasa con el Windows XP Service Pack 1...el caso es que nos ponemos en mi ordenador a buscarlo para descargarlo, pero claro, sin nada que beber pues se hace más trabajoso. Veloces como gamos bajamos, compramos una tarrina de cds y unas cervezas de medio litro por 7'9 coronas cada una (35 céntimos aproximadamente) y volvemos "al trabajo".
Nos tiramos toda la tarde dando vueltas para intentar descargarnos eso, que no lo encontrábamos por ninguna parte, pero cuando Elena llega al piso, como está estudiando informática, se lo comentamos...esa misma noche el problema estaba solucionado; no sé qué hizo, pero le arregló el ordenador. Después de cenar me siento en la mesa con la ilusión de un niño pequeño, para poder empezar el librito que me promete que hablaré checo si sigo los pasos que se dicen, ya veremos...
martes, 22 de julio de 2008
IKEA y la tontería del metro
El lunes era mi último día de trabajo antes de otros 3 días de descanso, así que estaba contento en el trabajo. El tiempo se me pasó volando. Cuando salí me fui directo al piso porque había quedado con Pablo, el amigo de Will, en la plaza a las 19:00. Luego descubriría que no es recomedable quedar allí a las horas en punto porque está todo lleno de turistas.
Llego al piso, y antes de salir, otra dosis de sushi. "Venga, esto hay que acabarlo", pienso. Sigo las indicaciones de Elena para llegar por medio del metro, porque mi intención era irme en tram hasta Narodni Trida y de allí 15 minutos andando hasta la plaza. Pero le hago caso (y bien que hice) y voy en tram hasta Namesti Miru; allí cojo el metro hasta Starometska. Salgo a la superficie, giro a la derecha y ya se ve la plaza. Nos encontramos, charlamos mientras buscamos un bar donde disfrutar de la cerveza checa, y al final callejeando nos alejamos bastante de la plaza y acabamos en un bar cerca de Karluv Most. 34 coronas la cerveza de medio litro: me parece caro, pero la verdad es que el sitio molaba mucho, tipo Auto Pull.
Me comenta que sus compañeros están planeando ir a Cracovia y Auschwitz el miércoles. En cuanto lo dijo no pude evitar acordarme de cuando Adolfo y yo estuvimos visitando a Ángel, porque ese fue uno de nuestros planes que no salieron adelante. "Cuenta conmigo", le dije sin dudar, aunque hubiera preferido disfrutar los 3 días de descanso aquí en Praga, pero he aprendido que estas oportunidades no hay que dejarlas pasar. Por desgracia, al final la cosa no salió, pero lo hemos pospuesto para más adelante.
Nos despedimos, cada mochuelo a su olivo y ya quedaremos otro día.
El martes "aprovecho" la mañana para gandulear; puedo asegurar que tenía grandes planes, quería acercarme a la embajada y luego al Instituto Cervantes, pero lo pospongo para el miércoles. Descanso en casa sin hacer nada, comemos sushi de nuevo mientras vemos algunos capítulos de "How I met your mom", una serie americana que le encanta a Elena, y que está bastante bien, tipo Friends.
Después de comer me pongo serio conmigo mismo: hay que hacer algo.
Miro el horario de la biblioteca del Instituto Cervantes, pero no abren por la tarde ese día.
¿Pasear por la ciudad?: mmm, suena bien, pero implica andar bastante...de momento no. Además, parece que va a llover, durante la comida han sonado varios truenos.
¿Ir a comprar comida...?: quizás debería comprar algunas cosas como zumo y algo de carne, pero aún puedo sobrevivir varios días gracias a los macarrones del TESCO y los tallarines de 4 coronas. Otra cosa mejor.
Ya está solucionado. Desde que llegué tengo la cama sin un cubrecolchón, y también me gustaría comprar otra almohada más grande, así que me informo de cómo llegar hasta el IKEA que hay en las afueras, en la estación de metro de Cerny Most. Parece una aventura interesante, implica varios trasbordos y la posibilidad de perderse, jeje. Antes de salir le digo a Elena que me escriba en un papel cómo se dice lo quen quiero comprar: "postelní pradlo". OK, todo solucionado.
Salgo con Toby, cojemos el tram 4 hasta Namesti Miru y allí el metro hasta Muzeum. Allí nos separamos, abandonándome a mi suerte en la línea amarilla de metro y con 20 minutos de trayecto por delante. Mientras pasamos de estación en estación me doy cuenta de lo alejadas que están unas de otras, así que me imagino que estamos en las auténticas afueras de Praga. Salgo del metro y está lloviendo, suerte que está techada la zona de esperar a los autobuses. Hay un montón de andenes, menos mal que está bien indicado y te señala que en el andén 12 para ir a IKEA. Aún así, me confundo y tras 10 minutos de esperar y miradas en todas las direcciones, compruebo que me he equivocado de andén...disimuladamente cojo el móvil, y disimulo mientras me cambio de andén.
5 minutos en bus y llegamos a IKEA. Por el camino he ido observando lo que hay en esa zona: está llena de supermercados de todo tipo: muebles, alimentación, ropa...hasta he visto una pista de karts. El IKEA es bastante grande, hasta tiene un restaurante. Está muy bien montado, como un parque de atracciones, con un camino que vas siguiendo y vas pasando por todas las secciones. Busco la sección "Loznice" (dormitorio), en el segundo piso. Sigo el sendero que me lleva hasta allí y tras varios minutos yendo de cama en cama, voy en contra de mis instintos masculinos y decido preguntar. ¡Sorpresa! Me dicen que no hablan inglés, menos mal que tengo la chuleta, la saco, se la enseño y me dicen que es en la sección textil, primer piso.
Media vuelta, voy en contra de toda la gente por la senda de los muebles, mirando el mapa (¡porque tiene un mapa para el supermercado!), y casi sin darme cuenta me encuentro intentando bajar unas escaleras mecánicas que son de subida...joder, cualquiera que me haya visto.
Llego a la sección textil, cojo la primera almohada que veo en el montón de las de 49 coronas y busco el cubre colchón. Al principio no lo encuentro, pero me fijo en unos carros cargados de cosas, y allí estaban. Los había, pero eran para camas pequeñas, y la mía es grande. Sigo el sendero que me lleva por todas las instalaciones hasta llegar a una zona que parece el hangar de aeropuerto. No tengo ni idea, así que me fijo en una señora que lleva cosas y la sigo para encontra la caja. Al final del hangar se ven las cajas, y colas en todas ellas. El supermercado también estaba lleno de gente por todos lados, se ve que la cosa tiene éxito. Tienen mucha variedad de cosas para el hogar y los precios son buenos, mejor que en otros supermercados por lo que yo he visto.
Me pongo en una de las colas, y cuando llega el momento de pagar, la cajera me señala la almohada y me dice algo en checo. Le digo que no entiendo checo, y sorprendentemente me pregunta: "english?". "Yes, of course", le digo alegrándome. Me dice que no me puedo llevar la almohada. No entiendo mucho más, pero intuyo que he cogido una de las que están de muestra o algo así.
¿Ir a por otra almohada? ¿Ahora? ¿Y tener que recorrer esa jungla de muebles y gente? Paso, volveré otro día, así tengo otra cosilla que hacer si me aburro. Cojo el cubre colchó, deseando que me valga, porque si no vaya manera de perder una tarde.
Salgo del IKEA y decido ir andando hasta la estación del metro. Son 5 minutos. Llego a la estación del metro, me equivoco de andén, cambio y me subo al metro. Parecía un viaje aburrido, de no ser por lo siguiente. El vagón estaba plagado de gente, y en una de la paradas me fijo y veo que a lo lejos se monta una chica. La miro, está bien, es rubia, pelo rizado a media melena. Ojos azules, buen tipp, lleva unos vaqueros blancos, y una especie de top cubierto con una chaquetilla de color negro. Va escuchando música y me mira. Miro hacia otros sitios y de vez en cuando la miro y me quedo mirándola. Ella hace lo mismo: nos miramos, sonrío, me sonríe, pero de repente la voz del metro me saca de mi estado de atontamiento y me doy cuenta de que me he pasado 4 estaciones. Joder, salto del vagón sin pararme a pensar en la tía, y me cojo el metro de vuelta hasta Namesti Miru. Luego lo pienso, podría haberle dicho algo, aunque sea en inglés, pero me era imposible llegar hasta ella.
Llego al piso y por suerte la funda me sirve, por fin algo bueno. Tengo pendiente otro viaje a IKEA, quizás el jueves, depende de lo que tenga que hacer...puede que me encuentre de nuevo con la chica del metro, quién sabe.
Llego al piso, y antes de salir, otra dosis de sushi. "Venga, esto hay que acabarlo", pienso. Sigo las indicaciones de Elena para llegar por medio del metro, porque mi intención era irme en tram hasta Narodni Trida y de allí 15 minutos andando hasta la plaza. Pero le hago caso (y bien que hice) y voy en tram hasta Namesti Miru; allí cojo el metro hasta Starometska. Salgo a la superficie, giro a la derecha y ya se ve la plaza. Nos encontramos, charlamos mientras buscamos un bar donde disfrutar de la cerveza checa, y al final callejeando nos alejamos bastante de la plaza y acabamos en un bar cerca de Karluv Most. 34 coronas la cerveza de medio litro: me parece caro, pero la verdad es que el sitio molaba mucho, tipo Auto Pull.
Me comenta que sus compañeros están planeando ir a Cracovia y Auschwitz el miércoles. En cuanto lo dijo no pude evitar acordarme de cuando Adolfo y yo estuvimos visitando a Ángel, porque ese fue uno de nuestros planes que no salieron adelante. "Cuenta conmigo", le dije sin dudar, aunque hubiera preferido disfrutar los 3 días de descanso aquí en Praga, pero he aprendido que estas oportunidades no hay que dejarlas pasar. Por desgracia, al final la cosa no salió, pero lo hemos pospuesto para más adelante.
Nos despedimos, cada mochuelo a su olivo y ya quedaremos otro día.
El martes "aprovecho" la mañana para gandulear; puedo asegurar que tenía grandes planes, quería acercarme a la embajada y luego al Instituto Cervantes, pero lo pospongo para el miércoles. Descanso en casa sin hacer nada, comemos sushi de nuevo mientras vemos algunos capítulos de "How I met your mom", una serie americana que le encanta a Elena, y que está bastante bien, tipo Friends.
Después de comer me pongo serio conmigo mismo: hay que hacer algo.
Miro el horario de la biblioteca del Instituto Cervantes, pero no abren por la tarde ese día.
¿Pasear por la ciudad?: mmm, suena bien, pero implica andar bastante...de momento no. Además, parece que va a llover, durante la comida han sonado varios truenos.
¿Ir a comprar comida...?: quizás debería comprar algunas cosas como zumo y algo de carne, pero aún puedo sobrevivir varios días gracias a los macarrones del TESCO y los tallarines de 4 coronas. Otra cosa mejor.
Ya está solucionado. Desde que llegué tengo la cama sin un cubrecolchón, y también me gustaría comprar otra almohada más grande, así que me informo de cómo llegar hasta el IKEA que hay en las afueras, en la estación de metro de Cerny Most. Parece una aventura interesante, implica varios trasbordos y la posibilidad de perderse, jeje. Antes de salir le digo a Elena que me escriba en un papel cómo se dice lo quen quiero comprar: "postelní pradlo". OK, todo solucionado.
Salgo con Toby, cojemos el tram 4 hasta Namesti Miru y allí el metro hasta Muzeum. Allí nos separamos, abandonándome a mi suerte en la línea amarilla de metro y con 20 minutos de trayecto por delante. Mientras pasamos de estación en estación me doy cuenta de lo alejadas que están unas de otras, así que me imagino que estamos en las auténticas afueras de Praga. Salgo del metro y está lloviendo, suerte que está techada la zona de esperar a los autobuses. Hay un montón de andenes, menos mal que está bien indicado y te señala que en el andén 12 para ir a IKEA. Aún así, me confundo y tras 10 minutos de esperar y miradas en todas las direcciones, compruebo que me he equivocado de andén...disimuladamente cojo el móvil, y disimulo mientras me cambio de andén.
5 minutos en bus y llegamos a IKEA. Por el camino he ido observando lo que hay en esa zona: está llena de supermercados de todo tipo: muebles, alimentación, ropa...hasta he visto una pista de karts. El IKEA es bastante grande, hasta tiene un restaurante. Está muy bien montado, como un parque de atracciones, con un camino que vas siguiendo y vas pasando por todas las secciones. Busco la sección "Loznice" (dormitorio), en el segundo piso. Sigo el sendero que me lleva hasta allí y tras varios minutos yendo de cama en cama, voy en contra de mis instintos masculinos y decido preguntar. ¡Sorpresa! Me dicen que no hablan inglés, menos mal que tengo la chuleta, la saco, se la enseño y me dicen que es en la sección textil, primer piso.
Media vuelta, voy en contra de toda la gente por la senda de los muebles, mirando el mapa (¡porque tiene un mapa para el supermercado!), y casi sin darme cuenta me encuentro intentando bajar unas escaleras mecánicas que son de subida...joder, cualquiera que me haya visto.
Llego a la sección textil, cojo la primera almohada que veo en el montón de las de 49 coronas y busco el cubre colchón. Al principio no lo encuentro, pero me fijo en unos carros cargados de cosas, y allí estaban. Los había, pero eran para camas pequeñas, y la mía es grande. Sigo el sendero que me lleva por todas las instalaciones hasta llegar a una zona que parece el hangar de aeropuerto. No tengo ni idea, así que me fijo en una señora que lleva cosas y la sigo para encontra la caja. Al final del hangar se ven las cajas, y colas en todas ellas. El supermercado también estaba lleno de gente por todos lados, se ve que la cosa tiene éxito. Tienen mucha variedad de cosas para el hogar y los precios son buenos, mejor que en otros supermercados por lo que yo he visto.
Me pongo en una de las colas, y cuando llega el momento de pagar, la cajera me señala la almohada y me dice algo en checo. Le digo que no entiendo checo, y sorprendentemente me pregunta: "english?". "Yes, of course", le digo alegrándome. Me dice que no me puedo llevar la almohada. No entiendo mucho más, pero intuyo que he cogido una de las que están de muestra o algo así.
¿Ir a por otra almohada? ¿Ahora? ¿Y tener que recorrer esa jungla de muebles y gente? Paso, volveré otro día, así tengo otra cosilla que hacer si me aburro. Cojo el cubre colchó, deseando que me valga, porque si no vaya manera de perder una tarde.
Salgo del IKEA y decido ir andando hasta la estación del metro. Son 5 minutos. Llego a la estación del metro, me equivoco de andén, cambio y me subo al metro. Parecía un viaje aburrido, de no ser por lo siguiente. El vagón estaba plagado de gente, y en una de la paradas me fijo y veo que a lo lejos se monta una chica. La miro, está bien, es rubia, pelo rizado a media melena. Ojos azules, buen tipp, lleva unos vaqueros blancos, y una especie de top cubierto con una chaquetilla de color negro. Va escuchando música y me mira. Miro hacia otros sitios y de vez en cuando la miro y me quedo mirándola. Ella hace lo mismo: nos miramos, sonrío, me sonríe, pero de repente la voz del metro me saca de mi estado de atontamiento y me doy cuenta de que me he pasado 4 estaciones. Joder, salto del vagón sin pararme a pensar en la tía, y me cojo el metro de vuelta hasta Namesti Miru. Luego lo pienso, podría haberle dicho algo, aunque sea en inglés, pero me era imposible llegar hasta ella.
Llego al piso y por suerte la funda me sirve, por fin algo bueno. Tengo pendiente otro viaje a IKEA, quizás el jueves, depende de lo que tenga que hacer...puede que me encuentre de nuevo con la chica del metro, quién sabe.
Sushi
Hace ya algunos días que no escribo nada, así que para no perder la costumbre, aunque sea poco, algo pondré. El título no parece tener relación en principio con lo que cuento, pero al final se entenderá.
Lo cierto es que no ha pasado nada sobrenatural de momento, así que me centraré en anécdotas poco relevantes. El domingo en el hotel conocí a una pareja que, después de hablar mucho con ellos, resulta que tenían una casa en Don Benito y que habían vivido bastantes años en Extremadura. Ya en el hotel estuvimos hablando bastante, así que me preguntaron que a qué hora terminaba de trabajar para tomarme una cerveza con ellos.
Yo les dije que a las 5, y quedamos que en cuanto yo saliera iría para allá. Me daba un poco de palo que me invitaran, es algo que nunca me ha gustado, pero que siempre se agradece, por qué no decirlo. Yo pensaba: "cuando haya que pagar, haré ademán de sacarme una cartera ficiticia del bolsillo", pensando que antes de que ese gesto finalizara, una mano se alargaría hacia mi brazo deteniéndo sus intentos de extraer cualquier cosa del bolsillo, mientras esa persona chista y dice que no con la cabeza.
Bueno, mi propia película ya estaba montada; no suelo llevarme la cartera a trabajar, solo llevo el DNI y el abono de transporte. El caso es que tuve la suerte de que hacía varias horas un cliente del hotel me había preguntado que si podría cargarle el reproductor del mp3 en un puerto usb de algún ordenador. Yo le llevé hasta el bar, enchufé el aparato al ordenador y allí lo quedé tapado con una servilleta para evitar tentaciones de uno de los mandamientos cuyo número no recuerdo. Pues antes de irme, el mencinado señor vino a por el reproductor, y como muestra de agradecimiento me dio 50 coronas, que son algo más de 2€.
"No hacía falta, muchas gracias", le dije en inglés. Pero en mi interior pensé otra cosa bien distinta: "Perfecto, me acaba usted de financiar dos cervezas".
Las 5: salgo de trabajar y nos reunimos en el bar. Tomamos una cerveza, me invitan como era de esperar, y yo me alegro de que la reluciente moneda siga en mi bolsillo. Tengo mejores proyectos en mente con ella, jeje. Hablamos de muchas cosas, no falta la típica pregunta de qué hago yo en Praga y al final me dicen que quieren ir a cenar por ahí. Les hago la típica recomendación que les haría cualquier persona que conozca un poco el asunto: en la zona céntrica y turística, los precios son iguales o mayores que en España. A medida que te alejas los precios van disminuyendo. Me dicen que les lleve a algún sitio y que me invitan a cenar.
Lo típico: "no, muchas gracias", pero por dentro piensas que qué bien; y total, no tenía planes para esa tarde. Les llevo al único sitio que por el momento conozco, un sitio cerca del hotel, cruzando el río por el Puente Legii. La decoración es curiosa, no es caro y hablan inglés; además está muy escondido, así que es un lugar que gusta. Un plato para cada uno, una ensalada, 3 cervezas y un chupito de no se qué, unas 800 coronas (unos 34€).
Son las 8 más o menos, así que les acompaño hasta el hotel y me voy andando hasta la parada de Narodni Trida, para andar un poco por la calle aprovechando el buen ambiente que había. Tram y llego a casa. Al entrar veo una chica extraña en la cocina, pero enseguida aparece Elena y me la presenta: es una amiga suya, que ha venido para preparar sushi. "Joder", pienso, "si ya he cenado". Le digo que ya he comido, pero que de todas formas comeré sushi también. Me mandó un mensaje, pero no tenía red en el móvil y no me llegó, de haberlo sabido quizás habría declinado la invitación de cenar con los clientes del hotel.

Pues nada, que preparan el sushi y el título de la entrada es porque hicieron tal cantidad que llevamos comiendo sushi a todas horas desde el domingo. Hoy por fin se ha terminado, pero se le echará de menos.
De vez en cuando miro los móviles españoles, así que repito esa rutina después de cenar y veo un mensaje de un chaval que es amigo de Will, compañero de la residencia en Salamanca. Está en Praga hasta mediados del mes que viene, así que quedamos para el día siguiente, para charlar y para ver si qudamos por aquí por la ciudad.
Lo cierto es que no ha pasado nada sobrenatural de momento, así que me centraré en anécdotas poco relevantes. El domingo en el hotel conocí a una pareja que, después de hablar mucho con ellos, resulta que tenían una casa en Don Benito y que habían vivido bastantes años en Extremadura. Ya en el hotel estuvimos hablando bastante, así que me preguntaron que a qué hora terminaba de trabajar para tomarme una cerveza con ellos.
Yo les dije que a las 5, y quedamos que en cuanto yo saliera iría para allá. Me daba un poco de palo que me invitaran, es algo que nunca me ha gustado, pero que siempre se agradece, por qué no decirlo. Yo pensaba: "cuando haya que pagar, haré ademán de sacarme una cartera ficiticia del bolsillo", pensando que antes de que ese gesto finalizara, una mano se alargaría hacia mi brazo deteniéndo sus intentos de extraer cualquier cosa del bolsillo, mientras esa persona chista y dice que no con la cabeza.
Bueno, mi propia película ya estaba montada; no suelo llevarme la cartera a trabajar, solo llevo el DNI y el abono de transporte. El caso es que tuve la suerte de que hacía varias horas un cliente del hotel me había preguntado que si podría cargarle el reproductor del mp3 en un puerto usb de algún ordenador. Yo le llevé hasta el bar, enchufé el aparato al ordenador y allí lo quedé tapado con una servilleta para evitar tentaciones de uno de los mandamientos cuyo número no recuerdo. Pues antes de irme, el mencinado señor vino a por el reproductor, y como muestra de agradecimiento me dio 50 coronas, que son algo más de 2€.
"No hacía falta, muchas gracias", le dije en inglés. Pero en mi interior pensé otra cosa bien distinta: "Perfecto, me acaba usted de financiar dos cervezas".
Las 5: salgo de trabajar y nos reunimos en el bar. Tomamos una cerveza, me invitan como era de esperar, y yo me alegro de que la reluciente moneda siga en mi bolsillo. Tengo mejores proyectos en mente con ella, jeje. Hablamos de muchas cosas, no falta la típica pregunta de qué hago yo en Praga y al final me dicen que quieren ir a cenar por ahí. Les hago la típica recomendación que les haría cualquier persona que conozca un poco el asunto: en la zona céntrica y turística, los precios son iguales o mayores que en España. A medida que te alejas los precios van disminuyendo. Me dicen que les lleve a algún sitio y que me invitan a cenar.
Lo típico: "no, muchas gracias", pero por dentro piensas que qué bien; y total, no tenía planes para esa tarde. Les llevo al único sitio que por el momento conozco, un sitio cerca del hotel, cruzando el río por el Puente Legii. La decoración es curiosa, no es caro y hablan inglés; además está muy escondido, así que es un lugar que gusta. Un plato para cada uno, una ensalada, 3 cervezas y un chupito de no se qué, unas 800 coronas (unos 34€).
Son las 8 más o menos, así que les acompaño hasta el hotel y me voy andando hasta la parada de Narodni Trida, para andar un poco por la calle aprovechando el buen ambiente que había. Tram y llego a casa. Al entrar veo una chica extraña en la cocina, pero enseguida aparece Elena y me la presenta: es una amiga suya, que ha venido para preparar sushi. "Joder", pienso, "si ya he cenado". Le digo que ya he comido, pero que de todas formas comeré sushi también. Me mandó un mensaje, pero no tenía red en el móvil y no me llegó, de haberlo sabido quizás habría declinado la invitación de cenar con los clientes del hotel.
Pues nada, que preparan el sushi y el título de la entrada es porque hicieron tal cantidad que llevamos comiendo sushi a todas horas desde el domingo. Hoy por fin se ha terminado, pero se le echará de menos.
De vez en cuando miro los móviles españoles, así que repito esa rutina después de cenar y veo un mensaje de un chaval que es amigo de Will, compañero de la residencia en Salamanca. Está en Praga hasta mediados del mes que viene, así que quedamos para el día siguiente, para charlar y para ver si qudamos por aquí por la ciudad.
sábado, 19 de julio de 2008
Varios días...
Como llevo varios días sin actualizar ya toca, pero puedo asegurar que la intención de escribir la he tenido siempre en mente, pero me han surgido cosillas que han entorpecido mi labor escritora.
Como ya comenté, me da miedo que esto me esté empezando a gustar, no sé si será por la novedad y luego me acabaré hartando, o porque realmente estoy disfrutando de la experiencia.
No escribo desde el miércoles, día en el que tampoco trabajé. Tenía la intención de levantarme a las 5 o así, tempranito, jeje, para irme a hacer fotos por la ciudad, pero tal y como me aseguraron mis compañeros, que dijeron que no sería capaz, sonó la alarma, la apagué y seguí durmiendo. No hice nada en todo el día; por la tarde había quedado con Michael para ir al Instituto Cervantes a echar un vistazo a la biblioteca y para que él devolviera unos libros que tenía desde hacía tiempo. Sin embargo, me mandó un mensaje y me dijo que no podía, así que lo pospusimos para el día siguiente. "Se avecina una tarde de internet y/o pelis", pensé.
Pero por fortuna, Elena estaba en la cocina con su portátil, como casi siempre, y me dijo que unas amigas suyas daban una pequeña fiesta de cumpleaños, que si queríamos ir: yo no lo dudé, porque no tenía nada que hacer, así que perfecto.
OK, la fiesta era a las 8, teníamos que salir sobre las 19:30.
Llegamos al bar, y resulta que ella sólo conocía a una de las chicas, así que estuvimos toda la fiesta hablando ella y yo. Yo pensé que ella iba a conocer a todo el mundo y ya me imaginaba yo en una esquina, con una cerveza en la mano viendo los fondos de pantalla y los temas del móvil para hacer tiempo hasta que quisiera irse. Pero no fue así. Salimos del bar no sin antes despedirnos y tomarnos unos chupitos, volvimos a casa y pasamos por Pizzaroma, en I.P. Pavlova, que creo que ya lo comenté porque estuvimos la vez que fuimos al Cross Club.
Lo cierto es que cada vez me cae mejor la chica ésta, además es muy guapa, y nos llevamos bastante bien Toby, ella y yo.
Jueves:
Trabajando por la mañana, por la tarde quedé con Michael para ir al Instituto Cervantes. Nada de interés, salvo que es interesante ir allí con frecuencia debido a las féminas que lo frecuentan con intención de aprender español. Y qué mejor que un nativo cacereño para practicar el español en todos sus ámbitos...bueno, gilipolleces aparte, no solo por eso es interesante, tienen bastantes libros y música, y es un lugar interesante para conocer gente que estudia español. Además hablé con la simpática y atractiva joven del mostrador, preguntándole que si tenían libros para aprender checo, con ejercicios y eso; amablemente me acompañó hasta esa sección y me convinció para que intentara aprenderlo, que me apuntara, que podía venir siempre que quisiera allí a hacer ejercicios y eso..."a lo mejor dentro de poco podemos hablar en checo", me dice con una sonrisa (hablaba español).
Conclusión, que son 250 coronas por todo el año, así que en cuanto tenga dinero allí estaré. Antes de irnos miro algunos cds de las estanterías: Estopa, Extremoduro, Amaral, Maná...tienen bastantes discos y variados. Veo que Michael se acerca con una sonrisilla, le pregunto que qué pasa y me dice que le han prohibido sacar libros durante no se cuánto tiempo por retrasarse en la devolución. Antes de partir definitivamente empezamos con el cachondeo de aprender español y nos ponemos a buscar cuentos infantiles para Michael, pero solo encontramos versiones de libros de adultos para niños; y cuando digo de adultos no me refiero a guarros, sino libros en plan "El lazarillo de Tormes", "Don Quijote", etc. Versión resumida y letra grande, para niños pequeños o aprendices del idioma castellano.
Salimos y nos despedimos. Le digo que le avisaré la semana que viene si salgo con Petr, por si se quiere venir, pero me dice que le operan de la rodilla el lunes y tiene que estar 3 días en cama.
Cuando llegué al piso estaban Toby y Elena en la cocina, que se ha convertido en el salón social del piso, cada uno con su tema: Elena chateando, Toby con la guitarra y yo me puse preparar algo de cena. Me lo podría haber ahorrado porque a las 10 o así, Elena pega un salto del sillón y sugiere que cocinemos unos Gnochi (no sé si se escribe así, son unas bolitas de patata pequeñas). Una decisión un tanto repentina y no premeditada, pero vale.
Viernes:
Llega el finde, y claro, hay que salir o hacer algo. Yo trabajo, pero ahora que estoy aquí no pienso desperdiciar ni una sola oportunidad de hacer cosas, ir a sitios o de conocer a gente, aunque no tenga dinero o tenga que madrugar. Llego del hotel y me encuentro a Toby y Elena en el sofá de la cocina (qué raro), y cuando entro me miran con una sonrisa de felicidad extraña..."venga, que nos vamos al chino y a por unas cervezas". Tengo que reconocer que mi Chemical serio pensó por unas décimas de segundo: "No, mañana tienes que trabajar". Pero enseguida cambié de idea, porque entro a las 9, y aquí las cosas por suerte van a otro ritmo.
La gente sale antes y se vuelve antes, da la sensación de que se administran mejor el tiempo. En España sales a las 11 o las 12 y vuelves a casa a las 5 o las 6; aquí sales a las 6 o las 7 (a veces más tarde), y vuelves también antes (12 o 1). Personalmente lo prefiero, porque vuelves pronto y te da tiempo a descansar para el día siguiente. También es cierto que hay excepciones, que nadie se piense que la gente de Praga son monjes y monjas de clausura. Pero es cierto que existe más fleixibilidad horaria.
Me ducho y me cambio, vamos al chino de la esquina, nos hartamos de comida y compramos algunas cervezas en una especie de "Deseos" checo. Por suerte para mi economía la cena me la pagaron, me daba cosa, pero insistieron así que..además ando pelado de dinero, no quiero sacar hasta que no tenga dinero en la cuenta checa para evitar pagar comisiones si lo hago de la cuenta española.
Estuvimos en el balcón bebiendo esas latas de Pilsner Urquell de medio litro y contando chistes, pero era una movida para traducirlos al inglés para que todos pudiéramos entenderlos. Después Elena sugirió que viéramos una serie llamada "How I met your mother". La verdad es que la serie está bien, estuvimos viendo unos cuantos capítulos y sobre las 12 o así nos dispersamos, no sin antes repasar el checo aprendido hasta el momento. Antes de ver las pelis estuvimos casi una hora haciendo notas con un taco de Post-it con palabras en checo, pegándolas donde correspondiera: en la ventana, en una botella, en un vaso, en el frigorífico, la puerta...la verdad es que para aprender vocabulario es un buen método.
Sábado:
Al volver de trabajar, me cruzo con Elena que va bajando las escaleras, y le digo que tenía una sorpresa para ella...no es nada, solo que me he aprendido los días de la semana y los meses del año, a decirlos y a escribirlos en checo; es que ella decía que era muy difícil y que aprendiera solo a decirlo. Tampoco es que sea una proeza digna de que le pongan mi nombre a una calle, pero me hace ilusión, jeje.
Me he puesto a escribir ahora no sea que de nuevo tenga que esperarme otro día más. Y otra sospresa. Llego al piso y mi compañero de piso está en la cocina: me señala una sartén y me dice que han preparado comida mejicana, hay dos burritos para mí. "Joder, DPM". Comí en el hotel a las 12 o así y ya estoy hambriento. Así que ahora mismo publico la entrada esta, y me caliento los burritos, jeje. Me sentaré en el balcón a comérmelos.
Un saludo a quien haya tenido agallas de leer hasta aquí, y hasta la próxima.
Vamos a ver unos capítulos de Futurama porque el menda no tiene nada mejor que hacer, así hago tiempo hasta la noche.
Como ya comenté, me da miedo que esto me esté empezando a gustar, no sé si será por la novedad y luego me acabaré hartando, o porque realmente estoy disfrutando de la experiencia.
No escribo desde el miércoles, día en el que tampoco trabajé. Tenía la intención de levantarme a las 5 o así, tempranito, jeje, para irme a hacer fotos por la ciudad, pero tal y como me aseguraron mis compañeros, que dijeron que no sería capaz, sonó la alarma, la apagué y seguí durmiendo. No hice nada en todo el día; por la tarde había quedado con Michael para ir al Instituto Cervantes a echar un vistazo a la biblioteca y para que él devolviera unos libros que tenía desde hacía tiempo. Sin embargo, me mandó un mensaje y me dijo que no podía, así que lo pospusimos para el día siguiente. "Se avecina una tarde de internet y/o pelis", pensé.
Pero por fortuna, Elena estaba en la cocina con su portátil, como casi siempre, y me dijo que unas amigas suyas daban una pequeña fiesta de cumpleaños, que si queríamos ir: yo no lo dudé, porque no tenía nada que hacer, así que perfecto.
OK, la fiesta era a las 8, teníamos que salir sobre las 19:30.
Llegamos al bar, y resulta que ella sólo conocía a una de las chicas, así que estuvimos toda la fiesta hablando ella y yo. Yo pensé que ella iba a conocer a todo el mundo y ya me imaginaba yo en una esquina, con una cerveza en la mano viendo los fondos de pantalla y los temas del móvil para hacer tiempo hasta que quisiera irse. Pero no fue así. Salimos del bar no sin antes despedirnos y tomarnos unos chupitos, volvimos a casa y pasamos por Pizzaroma, en I.P. Pavlova, que creo que ya lo comenté porque estuvimos la vez que fuimos al Cross Club.
Lo cierto es que cada vez me cae mejor la chica ésta, además es muy guapa, y nos llevamos bastante bien Toby, ella y yo.
Jueves:
Trabajando por la mañana, por la tarde quedé con Michael para ir al Instituto Cervantes. Nada de interés, salvo que es interesante ir allí con frecuencia debido a las féminas que lo frecuentan con intención de aprender español. Y qué mejor que un nativo cacereño para practicar el español en todos sus ámbitos...bueno, gilipolleces aparte, no solo por eso es interesante, tienen bastantes libros y música, y es un lugar interesante para conocer gente que estudia español. Además hablé con la simpática y atractiva joven del mostrador, preguntándole que si tenían libros para aprender checo, con ejercicios y eso; amablemente me acompañó hasta esa sección y me convinció para que intentara aprenderlo, que me apuntara, que podía venir siempre que quisiera allí a hacer ejercicios y eso..."a lo mejor dentro de poco podemos hablar en checo", me dice con una sonrisa (hablaba español).
Conclusión, que son 250 coronas por todo el año, así que en cuanto tenga dinero allí estaré. Antes de irnos miro algunos cds de las estanterías: Estopa, Extremoduro, Amaral, Maná...tienen bastantes discos y variados. Veo que Michael se acerca con una sonrisilla, le pregunto que qué pasa y me dice que le han prohibido sacar libros durante no se cuánto tiempo por retrasarse en la devolución. Antes de partir definitivamente empezamos con el cachondeo de aprender español y nos ponemos a buscar cuentos infantiles para Michael, pero solo encontramos versiones de libros de adultos para niños; y cuando digo de adultos no me refiero a guarros, sino libros en plan "El lazarillo de Tormes", "Don Quijote", etc. Versión resumida y letra grande, para niños pequeños o aprendices del idioma castellano.
Salimos y nos despedimos. Le digo que le avisaré la semana que viene si salgo con Petr, por si se quiere venir, pero me dice que le operan de la rodilla el lunes y tiene que estar 3 días en cama.
Cuando llegué al piso estaban Toby y Elena en la cocina, que se ha convertido en el salón social del piso, cada uno con su tema: Elena chateando, Toby con la guitarra y yo me puse preparar algo de cena. Me lo podría haber ahorrado porque a las 10 o así, Elena pega un salto del sillón y sugiere que cocinemos unos Gnochi (no sé si se escribe así, son unas bolitas de patata pequeñas). Una decisión un tanto repentina y no premeditada, pero vale.
Viernes:
Llega el finde, y claro, hay que salir o hacer algo. Yo trabajo, pero ahora que estoy aquí no pienso desperdiciar ni una sola oportunidad de hacer cosas, ir a sitios o de conocer a gente, aunque no tenga dinero o tenga que madrugar. Llego del hotel y me encuentro a Toby y Elena en el sofá de la cocina (qué raro), y cuando entro me miran con una sonrisa de felicidad extraña..."venga, que nos vamos al chino y a por unas cervezas". Tengo que reconocer que mi Chemical serio pensó por unas décimas de segundo: "No, mañana tienes que trabajar". Pero enseguida cambié de idea, porque entro a las 9, y aquí las cosas por suerte van a otro ritmo.
La gente sale antes y se vuelve antes, da la sensación de que se administran mejor el tiempo. En España sales a las 11 o las 12 y vuelves a casa a las 5 o las 6; aquí sales a las 6 o las 7 (a veces más tarde), y vuelves también antes (12 o 1). Personalmente lo prefiero, porque vuelves pronto y te da tiempo a descansar para el día siguiente. También es cierto que hay excepciones, que nadie se piense que la gente de Praga son monjes y monjas de clausura. Pero es cierto que existe más fleixibilidad horaria.
Me ducho y me cambio, vamos al chino de la esquina, nos hartamos de comida y compramos algunas cervezas en una especie de "Deseos" checo. Por suerte para mi economía la cena me la pagaron, me daba cosa, pero insistieron así que..además ando pelado de dinero, no quiero sacar hasta que no tenga dinero en la cuenta checa para evitar pagar comisiones si lo hago de la cuenta española.
Estuvimos en el balcón bebiendo esas latas de Pilsner Urquell de medio litro y contando chistes, pero era una movida para traducirlos al inglés para que todos pudiéramos entenderlos. Después Elena sugirió que viéramos una serie llamada "How I met your mother". La verdad es que la serie está bien, estuvimos viendo unos cuantos capítulos y sobre las 12 o así nos dispersamos, no sin antes repasar el checo aprendido hasta el momento. Antes de ver las pelis estuvimos casi una hora haciendo notas con un taco de Post-it con palabras en checo, pegándolas donde correspondiera: en la ventana, en una botella, en un vaso, en el frigorífico, la puerta...la verdad es que para aprender vocabulario es un buen método.
Sábado:
Al volver de trabajar, me cruzo con Elena que va bajando las escaleras, y le digo que tenía una sorpresa para ella...no es nada, solo que me he aprendido los días de la semana y los meses del año, a decirlos y a escribirlos en checo; es que ella decía que era muy difícil y que aprendiera solo a decirlo. Tampoco es que sea una proeza digna de que le pongan mi nombre a una calle, pero me hace ilusión, jeje.
Me he puesto a escribir ahora no sea que de nuevo tenga que esperarme otro día más. Y otra sospresa. Llego al piso y mi compañero de piso está en la cocina: me señala una sartén y me dice que han preparado comida mejicana, hay dos burritos para mí. "Joder, DPM". Comí en el hotel a las 12 o así y ya estoy hambriento. Así que ahora mismo publico la entrada esta, y me caliento los burritos, jeje. Me sentaré en el balcón a comérmelos.
Un saludo a quien haya tenido agallas de leer hasta aquí, y hasta la próxima.
Vamos a ver unos capítulos de Futurama porque el menda no tiene nada mejor que hacer, así hago tiempo hasta la noche.
martes, 15 de julio de 2008
Martes 15: segundo día de vacaciones
El día no prometía, pero antes de acostarme no pude evitar sentirme más que satisfecho y bastante contento. De hecho, en ese momento me entraron ganas de quedarme aquí por mucho tiempo.
Como no tenía nada que hacer, salvo ir por ahí a fotografiar la ciudad, no puse el despertador ni nada. Bajé los parasoles de las ventanas y me dispuse a dormir hasta que me hartara. No obstante, a las 8:30 de la mañana ya estaba cansado de dar vueltas forzando un sueño que no acababa de llegar. Me acosté pronto, así que estaba descansado.
Me levanté y me hice unas tostadas. Mientras se hacían, me puse a colocar la comida que tengo en el frigorífico, con tan mala suerte que no me di cuenta de que se quemaban las tostadas. Pues nada, a raspar lo negro y a ver cómo queda. Estrené mi bote de medio kilo de mantequilla, que junto con la mermelada de ciruela generaban un sabor aceptable, mucho mejor que la mermelada esa sin nada más.
Después de desayunar, quise hacer tiempo porque me parecía que las 9:30 era demasiado temprano para salir a la calle, pero qué narices iba a hacer; así que cojo la mochila, meto el paraguas, una sudadera, el abono de transporte, un mapa turístico que nunca me ayuda pero que siempre llevo, y poco más. Decido llevarme esta vez el mp3, pero tras escuchar dos canciones se apaga: la batería...
Me dirijo hacia el centro, hacia la Plaza Wenceslao, unos 40 minutos andando o incluso menos. Tal y como me temía, inundada de turitas que deambulan y otros formados en grupos que siguen a un tipejo con un paraguas de colores llamativos. Nada, otra vez será. Bajo la plaza y al final de la misma giro a la derecha, en dirección a otro monumento famoso, La Torre de la Pólvora o algo así; pero a medida que avanzo me voy dando cuenta de que lo único que sacaré en claro de ese paseo es el propio paseo, porque si lo que quería era hacer fotos interesantes...la cantidad de turistas imposibilita esa tarea.
Me re
signo y aprovecho para callejear, pensando en que al día siguiente me levantaré temprano y me acercaré a estos mismo lugares. Callejeo sin rumbo y tras varias vueltas que a vista de pájaro serían sin sentido, encuentro la Plaza del Reloj, lo que viene siendo la "plaza del pueblo". Entre la gran cantidad de turistas y que había un escenario montado con motivo de un festival de jazz, ni ando sacando la cámara. Sigo callejeando como si me conociera la ciudad de toda la vida, y con más suerte que otra cosa, voy a dar directamente con el Puente Karlov, Charles Bridge, Karlov Most (ya no sé cómo llamarlo...). Impresionante: no me imaginaba que pudiera estar tan concurrido, así que giro a la derecha y me dispongo a ir al Parque Letna, ya que las zonas turísticas están ya en pleno apogeo (son alrededor de las 11:00).
Pero antes de llegar allí cambio de idea, decido subir al castillo. Cruzo el río y voy hasta la parada del tram que sube hasta el castillo. Espero unos minutos junto a algunos turitas desorientados, y pillo el primer tram que viene, como si me lo conociera todo a la perfección. Me sorprende a la vez que me inquieta el hecho de que ningún turista se suba al mismo tram que yo, y mentalmente pienso: "ya la hemos vuelto a liar...". Y efectivamente, el tram que he cojido no va al Castillo, sino que se desvía antes...Me bajo en cuanto puedo, caminata de media hora y encuentro el castillo de casualidad.
Hasta las cejas de gente (por no decir otra cosa). No obstante, el cansancio me hace resignarme de nuevo y tomo algunas fotos de mala gana, porque me temo que es imposible encontrar este lugar con poca gente. Hago lo que puedo, bajo del castillo y me voy directo a
casa, andando desde el castillo hasta la parada del tram de Karlovo Namesti (¡se dice pronto!). Tram 23 y a casa. Como algo y descanso un poco pasando las fotos al ordenador. Veo una peli (Soy leyenda) para distraerme y luego decido acercarme a Vysehrad.
Caminata hasta Vysehrad: al menos esta vez iba más decidido que la vez anterior, y voy por el mismo camino, pasando al lado de la iglesia de aspecto bizantino. Atravieso una zona totalmente desierta de gente y luego otra de edificios de nueva construcción, bastante feos para mi gusto, comparados con la belleza de los edificios del centro y de los alrededores.
Después de ello, salgo a una zona que parece ser otro pueblo distinto a Praga. Cruzo la carreterita, subo una calle empinada y empedrada y veo un cartelito que entre otras direcciones señala lo que estoy buscando. "Perfecto", pienso, por fin algo me sale medio bien. Subo la calle empedrada que hace una curva hacia la derecha, dejando al lado izquierdo una pared de rocas. Y cuando se abre la curva, al final veo una puerta parecida a la de una fortaleza.

No puedo reflejarlo con palabras ni imágenes, pero es de destacar el ambiente de tranquilidad que reina en esa zona. Los pájaros cantando, y casi ningún ruido que dé indicios de civilización en el parque. Atravieso la puerta y veo el césped, los árboles y los caminitos de tierra que dividen la hierba en porciones desiguales. Gente paseando, niños jugando, jóvenes matando el tiempo...el parque parece ser un gran centro de ocio para todos lo públicos.
Bueno, también hay un cementerio, así que un poco de respeto. Pero los sonidos en el parque prácticamente se reducen al trinar de lo pájaros y a los lloriqueos de algún niño que clama la presencia de su madre porque se ha caido jugando. Parejas jóvenes tumabas en el césped; parejas mayores sentadas en los bancos; parejas de mediana edad observando como sus niños intenta en vano coger una paloma...la paz y el sosiego en el parque campan a sus anchas.
Mientras camino por los sendero del parque en busca de objetivos para mi cámara, me surge una idea clara en la cabeza: aún a riesgo de ser demasaido clásico, ya sé cuál es el lugar perfecto para declararte a una chica; si alguna ves tengo que pedir matrimonio a alguna mujer, será en Vysehrad. Suena a promesa de película, pero en serio que lo intentaría.
Me encantaría quedarme a vivir allí, pero son las 18:00 aproximadamente, y quiero volver pronto para hablar con mi familia y tener tiempo para ducharme y prepararme para salir. El día anterior Petr me dijo que tocaba en un bar, y me pareció buena excusa para salir y estrenarme en las noches de Praga. Se lo comenté a mis compañeros de piso y les pareció buena idea. Toby no sabía si podría venir. Pensé que íbamos a ir Elena y yo solamente pero al final Dania también se apuntó bajo la promesa de volver pronto porque al día siguiente tenía que trabajar.
Pues eso: vuelta a casa, andando hasta Namesti Miru, donde acabé por casualidad, cojo el tram 4 (por probar) y llego a casa. Hablo con mi familia, hablo con Elena, Dania que se apunta a venir si volvemos pronto y nos vamos hacia allí.
Llegamos a la parada de metro (no la escribo porque no me acuerdo ni cómo se lee), pero tengo que llamar a Petr para que me venga a buscar porque no sabemos dónde está exactamente. Aparece y nos mete prisa porque tocan en 5 minutos. Carrera hasta el bar y...de repente recuerdo haber estado ahí antes con Adolfo y Ángel, en el Cross Club. Lo recuerdo vagamente, pero estoy seguro de haber estado allí antes.

Concierto de música punk y ska-punk: la verdad es que me lo pasé bastante bien, en esos momentos pensaba "joder, yo me quedo aquí a vivir". Recuerdo que en Trujillo la única alternativa de ocio nocturno es hacer botellón en un descampado para luego ir a la Abadía (que por otra parte es preciosa) y ver a la misma gente de siempre mientras unos ritmos reggeatoneros/poperos te destrozan los oídos. No es que esté mal del todo, pero un poco de variedad no sienta mal.
Son las 23:30 y mis compañeras se quieren volver antes de que cierren el metro a la
medianoche. No encuentro a Petr, así que en parte mejor, porque como lo hubiera visto me hubiera quedado con él para que la noche hubiera sido redonda, pero bueno, es la primera vez que salgo, tampoco hay que pedirle peras al olmo.
Mientras vamos de camino a casa, pienso en que tengo que mandarle un mail a Petr diciéndole que quedemos para salir alguna otra noche, en cuanto tenga dinero eso sí, porque me percaté de lo fácil que es ligar siendo español o por ser extranjero, no sé. Sea por lo que sea, estoy deseando volver a salir. Y no vale la escusa del dinero, porque por 28 coronas te sirven medio litro de cerveza (poco más de 1€); cuando salimos anoche metí en el monedero 100 coronas (no llega a 5€), pensando "madre mía, si con este dinero en España no te da ni para una bolsa de patatas de una máquina expendedora..."
Antes de llegar al piso, al salir del metro en la estación de IP Pavlova pasamos por una pizzeria de esas que abren hasta tarde para que los jovenzuelos que han salido de marcha puedan saciar su apetito sin poner demasiados reparos a la calidad de la comida; una porción de pizza mediana 35 coronas (alrededor de 1'5€). Me acuerdo de los rosendos de Cáceres, donde por menos de 2'5 nadie te sirve un pedazo de masa requemado con queso reseco por encima. Tal y como estoy me lo pienso y lo pago, porque no había cenado nada antes de salir: no sé si fue por eso o porque realmente estaba buena, pero me supo a gloria.
Ya en casa, me pongo a pensar de nuevo en que cada vez me va gustando más esto; a medida que van pasando los días, la vida de Praga me agrada cada vez más, por lo que siento cierto "temor" de que al final me guste y no quiera volver...pero eso el tiempo lo dirá.
Como no tenía nada que hacer, salvo ir por ahí a fotografiar la ciudad, no puse el despertador ni nada. Bajé los parasoles de las ventanas y me dispuse a dormir hasta que me hartara. No obstante, a las 8:30 de la mañana ya estaba cansado de dar vueltas forzando un sueño que no acababa de llegar. Me acosté pronto, así que estaba descansado.
Me levanté y me hice unas tostadas. Mientras se hacían, me puse a colocar la comida que tengo en el frigorífico, con tan mala suerte que no me di cuenta de que se quemaban las tostadas. Pues nada, a raspar lo negro y a ver cómo queda. Estrené mi bote de medio kilo de mantequilla, que junto con la mermelada de ciruela generaban un sabor aceptable, mucho mejor que la mermelada esa sin nada más.
Después de desayunar, quise hacer tiempo porque me parecía que las 9:30 era demasiado temprano para salir a la calle, pero qué narices iba a hacer; así que cojo la mochila, meto el paraguas, una sudadera, el abono de transporte, un mapa turístico que nunca me ayuda pero que siempre llevo, y poco más. Decido llevarme esta vez el mp3, pero tras escuchar dos canciones se apaga: la batería...
Me dirijo hacia el centro, hacia la Plaza Wenceslao, unos 40 minutos andando o incluso menos. Tal y como me temía, inundada de turitas que deambulan y otros formados en grupos que siguen a un tipejo con un paraguas de colores llamativos. Nada, otra vez será. Bajo la plaza y al final de la misma giro a la derecha, en dirección a otro monumento famoso, La Torre de la Pólvora o algo así; pero a medida que avanzo me voy dando cuenta de que lo único que sacaré en claro de ese paseo es el propio paseo, porque si lo que quería era hacer fotos interesantes...la cantidad de turistas imposibilita esa tarea.
Me re
Pero antes de llegar allí cambio de idea, decido subir al castillo. Cruzo el río y voy hasta la parada del tram que sube hasta el castillo. Espero unos minutos junto a algunos turitas desorientados, y pillo el primer tram que viene, como si me lo conociera todo a la perfección. Me sorprende a la vez que me inquieta el hecho de que ningún turista se suba al mismo tram que yo, y mentalmente pienso: "ya la hemos vuelto a liar...". Y efectivamente, el tram que he cojido no va al Castillo, sino que se desvía antes...Me bajo en cuanto puedo, caminata de media hora y encuentro el castillo de casualidad.
Hasta las cejas de gente (por no decir otra cosa). No obstante, el cansancio me hace resignarme de nuevo y tomo algunas fotos de mala gana, porque me temo que es imposible encontrar este lugar con poca gente. Hago lo que puedo, bajo del castillo y me voy directo a
Caminata hasta Vysehrad: al menos esta vez iba más decidido que la vez anterior, y voy por el mismo camino, pasando al lado de la iglesia de aspecto bizantino. Atravieso una zona totalmente desierta de gente y luego otra de edificios de nueva construcción, bastante feos para mi gusto, comparados con la belleza de los edificios del centro y de los alrededores.
Después de ello, salgo a una zona que parece ser otro pueblo distinto a Praga. Cruzo la carreterita, subo una calle empinada y empedrada y veo un cartelito que entre otras direcciones señala lo que estoy buscando. "Perfecto", pienso, por fin algo me sale medio bien. Subo la calle empedrada que hace una curva hacia la derecha, dejando al lado izquierdo una pared de rocas. Y cuando se abre la curva, al final veo una puerta parecida a la de una fortaleza.
No puedo reflejarlo con palabras ni imágenes, pero es de destacar el ambiente de tranquilidad que reina en esa zona. Los pájaros cantando, y casi ningún ruido que dé indicios de civilización en el parque. Atravieso la puerta y veo el césped, los árboles y los caminitos de tierra que dividen la hierba en porciones desiguales. Gente paseando, niños jugando, jóvenes matando el tiempo...el parque parece ser un gran centro de ocio para todos lo públicos.
Bueno, también hay un cementerio, así que un poco de respeto. Pero los sonidos en el parque prácticamente se reducen al trinar de lo pájaros y a los lloriqueos de algún niño que clama la presencia de su madre porque se ha caido jugando. Parejas jóvenes tumabas en el césped; parejas mayores sentadas en los bancos; parejas de mediana edad observando como sus niños intenta en vano coger una paloma...la paz y el sosiego en el parque campan a sus anchas.
Mientras camino por los sendero del parque en busca de objetivos para mi cámara, me surge una idea clara en la cabeza: aún a riesgo de ser demasaido clásico, ya sé cuál es el lugar perfecto para declararte a una chica; si alguna ves tengo que pedir matrimonio a alguna mujer, será en Vysehrad. Suena a promesa de película, pero en serio que lo intentaría.
Me encantaría quedarme a vivir allí, pero son las 18:00 aproximadamente, y quiero volver pronto para hablar con mi familia y tener tiempo para ducharme y prepararme para salir. El día anterior Petr me dijo que tocaba en un bar, y me pareció buena excusa para salir y estrenarme en las noches de Praga. Se lo comenté a mis compañeros de piso y les pareció buena idea. Toby no sabía si podría venir. Pensé que íbamos a ir Elena y yo solamente pero al final Dania también se apuntó bajo la promesa de volver pronto porque al día siguiente tenía que trabajar.
Pues eso: vuelta a casa, andando hasta Namesti Miru, donde acabé por casualidad, cojo el tram 4 (por probar) y llego a casa. Hablo con mi familia, hablo con Elena, Dania que se apunta a venir si volvemos pronto y nos vamos hacia allí.
Llegamos a la parada de metro (no la escribo porque no me acuerdo ni cómo se lee), pero tengo que llamar a Petr para que me venga a buscar porque no sabemos dónde está exactamente. Aparece y nos mete prisa porque tocan en 5 minutos. Carrera hasta el bar y...de repente recuerdo haber estado ahí antes con Adolfo y Ángel, en el Cross Club. Lo recuerdo vagamente, pero estoy seguro de haber estado allí antes.

Concierto de música punk y ska-punk: la verdad es que me lo pasé bastante bien, en esos momentos pensaba "joder, yo me quedo aquí a vivir". Recuerdo que en Trujillo la única alternativa de ocio nocturno es hacer botellón en un descampado para luego ir a la Abadía (que por otra parte es preciosa) y ver a la misma gente de siempre mientras unos ritmos reggeatoneros/poperos te destrozan los oídos. No es que esté mal del todo, pero un poco de variedad no sienta mal.
Son las 23:30 y mis compañeras se quieren volver antes de que cierren el metro a la
medianoche. No encuentro a Petr, así que en parte mejor, porque como lo hubiera visto me hubiera quedado con él para que la noche hubiera sido redonda, pero bueno, es la primera vez que salgo, tampoco hay que pedirle peras al olmo.
Mientras vamos de camino a casa, pienso en que tengo que mandarle un mail a Petr diciéndole que quedemos para salir alguna otra noche, en cuanto tenga dinero eso sí, porque me percaté de lo fácil que es ligar siendo español o por ser extranjero, no sé. Sea por lo que sea, estoy deseando volver a salir. Y no vale la escusa del dinero, porque por 28 coronas te sirven medio litro de cerveza (poco más de 1€); cuando salimos anoche metí en el monedero 100 coronas (no llega a 5€), pensando "madre mía, si con este dinero en España no te da ni para una bolsa de patatas de una máquina expendedora..."
Antes de llegar al piso, al salir del metro en la estación de IP Pavlova pasamos por una pizzeria de esas que abren hasta tarde para que los jovenzuelos que han salido de marcha puedan saciar su apetito sin poner demasiados reparos a la calidad de la comida; una porción de pizza mediana 35 coronas (alrededor de 1'5€). Me acuerdo de los rosendos de Cáceres, donde por menos de 2'5 nadie te sirve un pedazo de masa requemado con queso reseco por encima. Tal y como estoy me lo pienso y lo pago, porque no había cenado nada antes de salir: no sé si fue por eso o porque realmente estaba buena, pero me supo a gloria.
Ya en casa, me pongo a pensar de nuevo en que cada vez me va gustando más esto; a medida que van pasando los días, la vida de Praga me agrada cada vez más, por lo que siento cierto "temor" de que al final me guste y no quiera volver...pero eso el tiempo lo dirá.
lunes, 14 de julio de 2008
Lunes 14: primer día de mini-vacaciones
Pues eso, empiezan mis pequeñas vacaciones de 4 días para poder ver lo que me queda de la ciudad. Anoche me llamó Petr porque le dije que quedáramos para hacerme una cuenta en el banco; hemos quedado hoy a las 10 en la Plaza Wenceslao, donde la otra vez. Me preguntó que si me parecía temprano, y lo cierto es que para España sí que me parecería pronto, pero aquí en Praga creo que se trata de una hora aceptable.
Me acosté pronto para poder descansar, pues tenía bastantes planes para hoy. Bajé unos parasoles que tienen mis ventanas para poder aprovechar más tiempo en la cama, y puse el despertador a las 9. Ninguno de los dos cumplió su función, porque me desperté antes de esa hora, a pesar de los parasoles y de que el día estaba nublado. Me hice unas tostadas para ver si gastaba la insípida mermelada de ciruela (¿por qué la compraría...?), me vestí y salí de casa para coger el tram. Había pensado en ir andando paar aprovechar y empaparme del ambiente de la ciudad, me encanta andar por las calles; pero pensé que ya tendría tiempo de darme caminatas, además de que el tiempo se me estaba echando encima.
Tram 22 en Vrsovice Namesti hasta Narodni Trida, y luego andando hasta donde había quedado con Petr. Llegué con 6 minutos de retraso y él ya estaba allí. Venga, a la sucursal más cercana del Raiffeisen Bank, que por suerte está cerca; lo cierto es que hay bastantes sucursales por toda la ciudad.
Por el camino hablamos entre otras cosas de ropa, y me comenta que la ropa que tiene, casi toda, se la ha comprado en el mercadillo de Cáceres, y que está pensando en aprovechar en enero las rebajas, ir a España y volverse con más ropa, jeje. Me sugiere que cuando tenga dinero visite algunas otras ciudades de la República Checa, y lo cierto es que ya lo había pensado; pero claro, todo depende del señor dinero.
Llegamos al banco y después de unos 45 minutos de traducción simultánea de Petr
tengo la cuenta bancaria. Las condiciones no son como yo esperaba, pero paso de ir de banco en banco comparando, no quiero que el pobre Petr acabe hasta las narices de mí (bastante ha hecho ya con acompañarme a los sitios donde he necesitado de traductor). Así que nada, pero hemos echado casi la mañana.
Aprovecho para comprar algo de leche en el TESCO que hay al lado, y a ver si de una maldita vez encuentro una esponja, que la otra vesz no hubo manera. Le planteo a Petr la posibilidad de acercarnos al Instituto Cervantes, ya que Ángel me comentó que allí había biblioteca (no es para menos), y puedes contactar con compatriotas; pero me dice que tiene que estudiar, así que quizás vaya el miércoles.
Entramos en TESCO, 5 minutos deambulando por la sección de higiene y cosmética, rodeados de chicas guapas que buscan una fórmula para mantenerse en ese estado casi eternamente (como los edificios de la ciudad, jeje), mirando en todas direcciones, alternando miradas de búsqueda de esponjas y observación de chicas; por fin la veo: no es una esponja como yo esperaba, es una especie de bola, pero me vale. Petr me sugiere bromeando que compre la rosa, pero opto por coger la azul, va más con mi estilo, jeje.
Después vamos a la sección de alimentación, hay que bajar escaleras. De nuevo deambulamos sin encontrar la leche, hasta que Petr le pregunta a "Miss Simpatía" (una trabajadora del supermercado), y nos lo indica con esa característica sonrisa de los checos cuando no te conocen.
Hecho. Mañana martes Petr tiene un concierto con su grupo (no sabía que tenía un grupo...), y me dice que si quiero ir. Uff, todo depende del dinero que tenga, porque entre lo que he tenido que dejar en el banco y que esta tarde tengo que comprar más cosas, estoy con el agua al cuello. Es decir, que tengo algo de dinero y lo básico para vivir, pero prefiero evitar gastos extras de momento, hasta que cobre y me estabilice. Sacar con la tarjeta española supone una comisión, y ya tendré que hacerlo el mes que viene para pagar el piso.
Y ahora aquí estoy, son las 12:28 y ya tengo hambre, así que me haré algo y recogeré la ropa. Luego iré al TESCO grande que está cerca de mi casa a por una almohada y a por ropa de cama, a ver qué encuentro.
Intento hacerme una tortilla, pero como siempre, a mitad del proceso me rindo ante la imposibilidad de conseguir una masa uniforme y decido hacer huevos revueltos. Después de comer me acuerdo de que debería hacer la ronda de llamadas a los abuelos para escuchar las advertencias de siempre: ten cuidado, come bien, cuidado con la gente por la calle, cuidado por la noche...sí abuela, sigo vivo, estoy bien, como bien (mejor que no sepan la verdad en este sentido, jeje), nadie me ha atracado aún ni me han robado...etc.
Aunque digo esto en plan de broma, en el fondo me da muchísima pena ver la ilusión que les hace que les llame, y me emociono hasta el punto de que me entran ganas de ir para allá en cuanto cualgue; sé que su única motivación para comporatrse así es que te quieren, pero es que si por ellos fuera no saldrías nuca de casa. Hay que hallar un punto intermedio. Me dice mi abuela que "todos los días le pido a la Virgen que estés bien y no te pase nada", y en mi mente puedo ver una de las estancias de la casa llena de velas por todas partes, iluminando de forma macabra, a media luz, los rostros de dolor y de pena de santos y vírgenes de sabe dios qué oficio o que actividad.
Cuelgo y me pongo a recoger la ropa que tendí el día anterior. Es curioso ver cómo la escasa humedad que hay en el ambiente hace sus efectos sobre la ropa, pues en menos de 24 horas ya está todo seco, y eso que tengo el tendedero en la habitación. La primera vez que me di cuenta fue cuando encedí una cerilla; parecerá una chorrada, pero me di cuenta de que ardía rapidísimo, más que en España. Se lo comenté a un compañero del hotel y me lo dijo, que era porque al haber poca humedad la madera estaba más seca.
Y después de esta nota sin relevancia, sigamos con más cosas irrelevantes. Me voy al TESCO a comprar, y siguiendo los consejos de mi compañero de piso voy andando; total, son menos de 10 minutos. Busco la sección textil que el otro día no encontré, pero es que estaba en el segundo piso y ni me di cuenta de que había escaleras. Después de una media hora dando vueltas por el pasillo, cojo una mini almohada. No se por qué, pero no he visto en ninguna parte almohadas como las de casa de toda la vida; aquí son una especie de cilindro, o una especie de cojín. Y dentro de esos cojines, hay una subdivisión entre grandes y pequeños; los pequeños son algo más duros que los grandes. Vamos, que no hay mucha variedad donde escoger...
Espero acertar con las medidas de la cama, pero de todas formas he cogido las más baratas y feas que había. Son de un solo color, lisas, sin nada más, 200 coronas. Aprovecho para pasar por un pasillo de sobres de comida precocinada, porque ya que estaba pues si puedo llevar algo más mejor. Tras ojear las estantería de pasada mi vista se clava en un cartelito que indica 3'90 Kc; veo el producto y resultan ser unos tallarines de esos que me gustan, de calentar agua, meter los bichos en la cazuela y a comer. "Joder", pienso, "cuatro coronas". No me lo pienso y cojo uno de cada sabor (solo uno, por si acaso); sabiendo que están aquí ya volveré a por más si están buenos.
Vuelta al piso andando, con la satisfacción de por fin poder dormir medio decentemente, y digo medio porque aún tengo que comprar el cubre-cama. No lo encontré en el TESCO, y me cansé de esperar, así que lo dejo para otra incursión, y quizás vaya al IKEA. Además paso de gastarme más dinero, ya me lo compraré el mes que viene cuando cobre; este mes es de prueba, hay que recortar gastos y ver qué pasa.
Dejo las cosas en el piso y me pongo otra vez delante del ordenador; dudo entre irme a pasear o rematar la faena yendo al LIDL que está a unos 10 minutos andando, en dirección opuesta al TESCO. Como amenaza lluvia, cojo la mochila, meto una bolsa del Tambo y otra del Dia que me traje de España y me pongo en camino. Bajo la calle, giro a la derecha y sigo la gran avenida hasta el LIDL, pasando antes por un parquecito, algunos bloques de piso bastante descuidados, un estadio deportivo donde pone "Bohemians 1905" y una gasolinera.
"Me cago en todo", pienso, "no me he traído monedas para coger el carro...", y cualquiera entra a pedirle a los amables empleados que te cambien un billete. Menos mal que sí que tenía unas cuantas de la vuelta del TESCO en el bolsillo de atrás. Entro en el LIDL y por suerte hay menos gente, pero también es más pequeño y hay menos cosas. No recuerdo bien los precios, pero me parecen similares a los del TESCO; me acuerdo del zumo (litro y medio por 24,90 coronas, los yogures a 4,90 coronas la unidad...). Me encuentro con una oferta idéntica a la del TESCO, de 3,90 coronas los sobres de pasta...tengo la sensación de que todo vale igual, las únicas diferencias son que el LIDL es más pequeño y hay que pagar por las bolsas.
Cojo dos cajas de litro y medio de zumo de naranja, algunas cosas congeladas, yogures, una bolsa de patatas picantes (hay que recortar gastos, pero por un capricho no pasa nada), cereales, etc. Lógicamente, cojo lo más barato de cada cosa, como hice la otra vez, deseando que al menos no tenga gusanos dentro ni esté demasiado malo. Por otro lado, he comprado algunas cosas al por mayor, como medio kilo de mantequilla (que espero me dure toda mi estancia), un kilo de salchicas y un bote de un kilo de ketchup. Y otra buena noticia, ¡he encontrado tomate frito! Esto lo digo por Ángel, si lo lee lo entenderá, jeje.
Vuelvo al piso andando; me fijo en una señora mayor y su hija, que salen al mismo tiempo que yo. Camino hacia el piso en lugar de esperar el tram, pensando que no me merece la pena esperar, porque son dos paradas. Y efectivamente: cuando llego a la calle Misnká donde giro hacia la izquierda para subir a mi portal, se bajan la misma señora con su hija que salieron del LIDL cuando yo.
Mientras saco las cosas de las bolsas y las coloco en la cocina, Elena está sentada en el sofá con su mini portátil y me mira mientras saco los productos que he adquirido, riéndose por la "healthy food" que he comprado, y especialmente cuando me ve sacar el kilo de salchicas, seguido del bote de mantequilla de medio kilo. "Is it for all your stay?", me pregunta entre risas. Y yo le respondo "I hope so".
Cuando terminé eran las 19:00 más o menos. Estaba motivado con la idea de irme a Vysehrad, pero de nuevo estaba amenazando lluvia y decido dejarlo para mañana. Hace un momento estábamos hablando de que hoy y mañana hay un festival de Jazz en Praga.
Otra curiosidad: hablando de todo un poco, cojo una guitarra española que había en el piso para enredar un poco y le comento a mi compañero de piso que mañana me voy al metro a pedir; pues bien, según dice él, cuando estaba en Londres, en un día tocando se sacaba suficiente para comer durante la semana...es para pensárselo, ¿no?
Me acosté pronto para poder descansar, pues tenía bastantes planes para hoy. Bajé unos parasoles que tienen mis ventanas para poder aprovechar más tiempo en la cama, y puse el despertador a las 9. Ninguno de los dos cumplió su función, porque me desperté antes de esa hora, a pesar de los parasoles y de que el día estaba nublado. Me hice unas tostadas para ver si gastaba la insípida mermelada de ciruela (¿por qué la compraría...?), me vestí y salí de casa para coger el tram. Había pensado en ir andando paar aprovechar y empaparme del ambiente de la ciudad, me encanta andar por las calles; pero pensé que ya tendría tiempo de darme caminatas, además de que el tiempo se me estaba echando encima.
Tram 22 en Vrsovice Namesti hasta Narodni Trida, y luego andando hasta donde había quedado con Petr. Llegué con 6 minutos de retraso y él ya estaba allí. Venga, a la sucursal más cercana del Raiffeisen Bank, que por suerte está cerca; lo cierto es que hay bastantes sucursales por toda la ciudad.
Por el camino hablamos entre otras cosas de ropa, y me comenta que la ropa que tiene, casi toda, se la ha comprado en el mercadillo de Cáceres, y que está pensando en aprovechar en enero las rebajas, ir a España y volverse con más ropa, jeje. Me sugiere que cuando tenga dinero visite algunas otras ciudades de la República Checa, y lo cierto es que ya lo había pensado; pero claro, todo depende del señor dinero.
Llegamos al banco y después de unos 45 minutos de traducción simultánea de Petr
Aprovecho para comprar algo de leche en el TESCO que hay al lado, y a ver si de una maldita vez encuentro una esponja, que la otra vesz no hubo manera. Le planteo a Petr la posibilidad de acercarnos al Instituto Cervantes, ya que Ángel me comentó que allí había biblioteca (no es para menos), y puedes contactar con compatriotas; pero me dice que tiene que estudiar, así que quizás vaya el miércoles.
Entramos en TESCO, 5 minutos deambulando por la sección de higiene y cosmética, rodeados de chicas guapas que buscan una fórmula para mantenerse en ese estado casi eternamente (como los edificios de la ciudad, jeje), mirando en todas direcciones, alternando miradas de búsqueda de esponjas y observación de chicas; por fin la veo: no es una esponja como yo esperaba, es una especie de bola, pero me vale. Petr me sugiere bromeando que compre la rosa, pero opto por coger la azul, va más con mi estilo, jeje.
Después vamos a la sección de alimentación, hay que bajar escaleras. De nuevo deambulamos sin encontrar la leche, hasta que Petr le pregunta a "Miss Simpatía" (una trabajadora del supermercado), y nos lo indica con esa característica sonrisa de los checos cuando no te conocen.
Hecho. Mañana martes Petr tiene un concierto con su grupo (no sabía que tenía un grupo...), y me dice que si quiero ir. Uff, todo depende del dinero que tenga, porque entre lo que he tenido que dejar en el banco y que esta tarde tengo que comprar más cosas, estoy con el agua al cuello. Es decir, que tengo algo de dinero y lo básico para vivir, pero prefiero evitar gastos extras de momento, hasta que cobre y me estabilice. Sacar con la tarjeta española supone una comisión, y ya tendré que hacerlo el mes que viene para pagar el piso.
Y ahora aquí estoy, son las 12:28 y ya tengo hambre, así que me haré algo y recogeré la ropa. Luego iré al TESCO grande que está cerca de mi casa a por una almohada y a por ropa de cama, a ver qué encuentro.
Intento hacerme una tortilla, pero como siempre, a mitad del proceso me rindo ante la imposibilidad de conseguir una masa uniforme y decido hacer huevos revueltos. Después de comer me acuerdo de que debería hacer la ronda de llamadas a los abuelos para escuchar las advertencias de siempre: ten cuidado, come bien, cuidado con la gente por la calle, cuidado por la noche...sí abuela, sigo vivo, estoy bien, como bien (mejor que no sepan la verdad en este sentido, jeje), nadie me ha atracado aún ni me han robado...etc.
Aunque digo esto en plan de broma, en el fondo me da muchísima pena ver la ilusión que les hace que les llame, y me emociono hasta el punto de que me entran ganas de ir para allá en cuanto cualgue; sé que su única motivación para comporatrse así es que te quieren, pero es que si por ellos fuera no saldrías nuca de casa. Hay que hallar un punto intermedio. Me dice mi abuela que "todos los días le pido a la Virgen que estés bien y no te pase nada", y en mi mente puedo ver una de las estancias de la casa llena de velas por todas partes, iluminando de forma macabra, a media luz, los rostros de dolor y de pena de santos y vírgenes de sabe dios qué oficio o que actividad.
Cuelgo y me pongo a recoger la ropa que tendí el día anterior. Es curioso ver cómo la escasa humedad que hay en el ambiente hace sus efectos sobre la ropa, pues en menos de 24 horas ya está todo seco, y eso que tengo el tendedero en la habitación. La primera vez que me di cuenta fue cuando encedí una cerilla; parecerá una chorrada, pero me di cuenta de que ardía rapidísimo, más que en España. Se lo comenté a un compañero del hotel y me lo dijo, que era porque al haber poca humedad la madera estaba más seca.
Y después de esta nota sin relevancia, sigamos con más cosas irrelevantes. Me voy al TESCO a comprar, y siguiendo los consejos de mi compañero de piso voy andando; total, son menos de 10 minutos. Busco la sección textil que el otro día no encontré, pero es que estaba en el segundo piso y ni me di cuenta de que había escaleras. Después de una media hora dando vueltas por el pasillo, cojo una mini almohada. No se por qué, pero no he visto en ninguna parte almohadas como las de casa de toda la vida; aquí son una especie de cilindro, o una especie de cojín. Y dentro de esos cojines, hay una subdivisión entre grandes y pequeños; los pequeños son algo más duros que los grandes. Vamos, que no hay mucha variedad donde escoger...
Espero acertar con las medidas de la cama, pero de todas formas he cogido las más baratas y feas que había. Son de un solo color, lisas, sin nada más, 200 coronas. Aprovecho para pasar por un pasillo de sobres de comida precocinada, porque ya que estaba pues si puedo llevar algo más mejor. Tras ojear las estantería de pasada mi vista se clava en un cartelito que indica 3'90 Kc; veo el producto y resultan ser unos tallarines de esos que me gustan, de calentar agua, meter los bichos en la cazuela y a comer. "Joder", pienso, "cuatro coronas". No me lo pienso y cojo uno de cada sabor (solo uno, por si acaso); sabiendo que están aquí ya volveré a por más si están buenos.
Vuelta al piso andando, con la satisfacción de por fin poder dormir medio decentemente, y digo medio porque aún tengo que comprar el cubre-cama. No lo encontré en el TESCO, y me cansé de esperar, así que lo dejo para otra incursión, y quizás vaya al IKEA. Además paso de gastarme más dinero, ya me lo compraré el mes que viene cuando cobre; este mes es de prueba, hay que recortar gastos y ver qué pasa.
Dejo las cosas en el piso y me pongo otra vez delante del ordenador; dudo entre irme a pasear o rematar la faena yendo al LIDL que está a unos 10 minutos andando, en dirección opuesta al TESCO. Como amenaza lluvia, cojo la mochila, meto una bolsa del Tambo y otra del Dia que me traje de España y me pongo en camino. Bajo la calle, giro a la derecha y sigo la gran avenida hasta el LIDL, pasando antes por un parquecito, algunos bloques de piso bastante descuidados, un estadio deportivo donde pone "Bohemians 1905" y una gasolinera.
"Me cago en todo", pienso, "no me he traído monedas para coger el carro...", y cualquiera entra a pedirle a los amables empleados que te cambien un billete. Menos mal que sí que tenía unas cuantas de la vuelta del TESCO en el bolsillo de atrás. Entro en el LIDL y por suerte hay menos gente, pero también es más pequeño y hay menos cosas. No recuerdo bien los precios, pero me parecen similares a los del TESCO; me acuerdo del zumo (litro y medio por 24,90 coronas, los yogures a 4,90 coronas la unidad...). Me encuentro con una oferta idéntica a la del TESCO, de 3,90 coronas los sobres de pasta...tengo la sensación de que todo vale igual, las únicas diferencias son que el LIDL es más pequeño y hay que pagar por las bolsas.
Cojo dos cajas de litro y medio de zumo de naranja, algunas cosas congeladas, yogures, una bolsa de patatas picantes (hay que recortar gastos, pero por un capricho no pasa nada), cereales, etc. Lógicamente, cojo lo más barato de cada cosa, como hice la otra vez, deseando que al menos no tenga gusanos dentro ni esté demasiado malo. Por otro lado, he comprado algunas cosas al por mayor, como medio kilo de mantequilla (que espero me dure toda mi estancia), un kilo de salchicas y un bote de un kilo de ketchup. Y otra buena noticia, ¡he encontrado tomate frito! Esto lo digo por Ángel, si lo lee lo entenderá, jeje.
Vuelvo al piso andando; me fijo en una señora mayor y su hija, que salen al mismo tiempo que yo. Camino hacia el piso en lugar de esperar el tram, pensando que no me merece la pena esperar, porque son dos paradas. Y efectivamente: cuando llego a la calle Misnká donde giro hacia la izquierda para subir a mi portal, se bajan la misma señora con su hija que salieron del LIDL cuando yo.
Mientras saco las cosas de las bolsas y las coloco en la cocina, Elena está sentada en el sofá con su mini portátil y me mira mientras saco los productos que he adquirido, riéndose por la "healthy food" que he comprado, y especialmente cuando me ve sacar el kilo de salchicas, seguido del bote de mantequilla de medio kilo. "Is it for all your stay?", me pregunta entre risas. Y yo le respondo "I hope so".
Cuando terminé eran las 19:00 más o menos. Estaba motivado con la idea de irme a Vysehrad, pero de nuevo estaba amenazando lluvia y decido dejarlo para mañana. Hace un momento estábamos hablando de que hoy y mañana hay un festival de Jazz en Praga.
Otra curiosidad: hablando de todo un poco, cojo una guitarra española que había en el piso para enredar un poco y le comento a mi compañero de piso que mañana me voy al metro a pedir; pues bien, según dice él, cuando estaba en Londres, en un día tocando se sacaba suficiente para comer durante la semana...es para pensárselo, ¿no?
domingo, 13 de julio de 2008
Domingo 13
Después de un duro día de trabajo, desde las 6 de la mañana hasta las 14 horas, aquí estoy, en frente del ordenador, escribiendo el blog que me sirve como entretenimiento y desahogo al mismo tiempo.
Me levanté a las 5 de la mañana, pero ya era de día. Pensé que estaría hecho polvo, y nada más ponerme en pie y lavarme la cara, viendo que el aspecto somnoliento no desaparecía aunque siguiera empapando mi rostro con agua fría, pensé en la siesta que me iba a pegar en cuanto llegara a casa esa tarde. Pero lo cierto es que ahora no estoy tan cansado, menos de lo que esperaba, quiero decir, así que enredaré toda la tarde haciendo tiempo hasta la noche, para aprovechar estos 4 días libres que tengo por delante.
No lo he explicado antes, pero la cadena Eurostars tiene dos hoteles de 5 estrellas en la ciudad: el David y el Thalia. Como la encargada del David está de vacaciones hasta el sábado, al menda le toca hacer sus funciones.
Solo esperaba tener dos días libres, tal y como me había dicho Ondrej, el encargado del Thalia, pero al salir de trabajar he ido a verle porque me dijo que quería hablar conmigo; "así provecho para comer allí", pensé, porque me cae mejor Hassan el argelino, el cocinero del Thalia (al menos habla inglés), que la cocinera rusa que hay en el David, que solo habla ruso o checo, no se muy bien qué será...
Salgo del hotel, hace algo de frío y llueve un poco. El cielo está gris y las calles prácticamente desiertas, y recuerdo que los fines de semana Praga se vacía de sus ciudadanos para dejar que los turistas campen a sus anchas por la ciudad. Llego al Thalia y busco a Ondrej, para que me diera la inesperada buena noticia: no tengo que trabajar hasta el viernes; quizás el jueves tenga que ir, pero no es seguro. De momento, 3 días libres como mínimo para dormir hasta que me harte, y sobre todo para seguir recorriendo la ciudad y haciendo fotos, que se ha convertido en mi principal motivación a la hora de salir a la calle. El miércoles tendré que acercarme al hotel por la mañana, para firmar el contrato, pero nada más.
También debería tener como una de mis principales misiones comprar unas sábanas o algo así, y una almohada mejor. Una chica del trabajo me ha dicho que vaya al IKEA que hay al final de la línea amarilla, pero no me ha dicho en qué dirección...así que le pregunto a Tania aprovechando que la escucho llegar al piso poco después que yo. Además le he tenido que preguntar cómo se pone la lavadora, que no quiero liarla. Hemos estado hablando bastante rato, así que por fin he podido conocer más cosas sobre ella. Tiene 27 años; es bajita, enclenque (como yo, jeje), con gafas. Habla bajito y es muy ordenada, es la típica tía que ves y piensas: "tiene pinta de empoyona y/o repipi". No aparenta esa edad, la verdad. Me cuenta que está aquí en Praga desde Enero; vino con una especie de intercambio y decidió buscarse trabajo aquí; trabaja para no se qué empresa en atención al cliente.
Como decía, le pregunto que dónde podría comprar esas cosas, y me dice que en la estación de Metro de Andel hay un centro comercial grande, y que es una zona bonita. "Ya tengo otro objetivo para visitar", pienso, y me froto las manos mentalmente imaginándome de camino a la parada, bajándome del metro y mirando en todas direcciones con la cámara en la mano como si fuera un revolver esperando alguien que le rete a un duelo, caminando en una dirección que probablemente me obligue a dar la vuelta al poco rato hasta que tras varios intentos fallidos localice algo interesante para ver o fotografiar.
Espero que no llueva mañana, ni pasado, ni al otro; o al menos que no llueva mucho, porque me da igual como salga el tiempo, pienso salir a hacer fotos y a pasear. No me parece una buena idea "aprovechar" los días libres para jugar al ordenador o para enredar en Youtube viendo los vídeos más absurdos que se hayan hecho sobre las cosas más irrelevantes que te puedas imaginar.
¡Un momento! Antes tengo que quedar con Petr para abrirme una cuenta en algún banco checo, que probablemente será uno que se llama Raiffaisenbank; suena alemán, pero dudo que lo sea porque ya me contó éste que lo alemán no era muy bien visto aquí, y me he dado cuenta de que hay bastantes sucursales. Le mandaré un correo para ver cuándo puede quedar.
Pensé en ir a comprar comida, pero voy a intentar sobrevivir con lo que tengo, porque los días que trabaje como en el hotel. Recapitulando: cuenta bancaria checa, ropa de cama (qué fino queda eso), parada de metro de Andel y fotos de Praga; y dentro de este último punto se podrian hacer varias subdivisiones: castillo, zona centro (¡aún no he ido a la Plaza del Reloj!), Vysehrad, y callejear sin dirección y sin miedo a perderse.
Tengo que ser sincero y decir que lo primero que se me vino a la cabeza cuando Ondrej me dijo que tenía 4 días libres es: "Perfecto, 4 días para comerme la cabeza". Al menos con el trabajo me mantengo ocupado. Pero luego me di cuenta de que no hay que ser tan cenizo, aprovecharé el tiempo. Antes de salir del hotel me cruzo con Lindo, el brasileño, y me dice en su mezcla de portugués y español: "Aprovecha para despejarte del trabajo". Creo que le haré caso, me parece un buen consejo.
Acaba de sonar un truneo; miro hacia la derecha, y a través del gran ventanal de mi habitación veo el cielo gris y la lluvia caer sobre los tejados de los edificios que hace ya bastantes años que se construyeron pensados para durar siempre, y que hasta ahora cumplen con su función a la perfección. Llamadme nostálgico, pero no puedo evitar, en esta situación, acordarme de la gente que echo de menos, y de lo que me gustaría que estuvieran aquí. Quizás sea por el tiempo y la lluvia, o quizás sea porque aún no logro quitármelos de la cabeza a pesar de mis mini vacaciones.
P.S. Acabo de recordar que tengo que acercarme al Instituto Cervantes, para ver qué se cuece en esa embajada lungüística donde Ángel me dijo que podría encontrar libros en español, así me culturizo un poco y dejo el ordenador un rato. Avisaré a Michael, porque me parece que quería venir también; en principio le dije de ir el martes, pero él iba a montar en bici; ahora que dipongo de más días libres, quizás le interese ir el miércoles o el jueves. (Y pienso, ¿a quién narices le importarán estas tonterías de mi vida...?)
Me levanté a las 5 de la mañana, pero ya era de día. Pensé que estaría hecho polvo, y nada más ponerme en pie y lavarme la cara, viendo que el aspecto somnoliento no desaparecía aunque siguiera empapando mi rostro con agua fría, pensé en la siesta que me iba a pegar en cuanto llegara a casa esa tarde. Pero lo cierto es que ahora no estoy tan cansado, menos de lo que esperaba, quiero decir, así que enredaré toda la tarde haciendo tiempo hasta la noche, para aprovechar estos 4 días libres que tengo por delante.
No lo he explicado antes, pero la cadena Eurostars tiene dos hoteles de 5 estrellas en la ciudad: el David y el Thalia. Como la encargada del David está de vacaciones hasta el sábado, al menda le toca hacer sus funciones.
Solo esperaba tener dos días libres, tal y como me había dicho Ondrej, el encargado del Thalia, pero al salir de trabajar he ido a verle porque me dijo que quería hablar conmigo; "así provecho para comer allí", pensé, porque me cae mejor Hassan el argelino, el cocinero del Thalia (al menos habla inglés), que la cocinera rusa que hay en el David, que solo habla ruso o checo, no se muy bien qué será...
Salgo del hotel, hace algo de frío y llueve un poco. El cielo está gris y las calles prácticamente desiertas, y recuerdo que los fines de semana Praga se vacía de sus ciudadanos para dejar que los turistas campen a sus anchas por la ciudad. Llego al Thalia y busco a Ondrej, para que me diera la inesperada buena noticia: no tengo que trabajar hasta el viernes; quizás el jueves tenga que ir, pero no es seguro. De momento, 3 días libres como mínimo para dormir hasta que me harte, y sobre todo para seguir recorriendo la ciudad y haciendo fotos, que se ha convertido en mi principal motivación a la hora de salir a la calle. El miércoles tendré que acercarme al hotel por la mañana, para firmar el contrato, pero nada más.
También debería tener como una de mis principales misiones comprar unas sábanas o algo así, y una almohada mejor. Una chica del trabajo me ha dicho que vaya al IKEA que hay al final de la línea amarilla, pero no me ha dicho en qué dirección...así que le pregunto a Tania aprovechando que la escucho llegar al piso poco después que yo. Además le he tenido que preguntar cómo se pone la lavadora, que no quiero liarla. Hemos estado hablando bastante rato, así que por fin he podido conocer más cosas sobre ella. Tiene 27 años; es bajita, enclenque (como yo, jeje), con gafas. Habla bajito y es muy ordenada, es la típica tía que ves y piensas: "tiene pinta de empoyona y/o repipi". No aparenta esa edad, la verdad. Me cuenta que está aquí en Praga desde Enero; vino con una especie de intercambio y decidió buscarse trabajo aquí; trabaja para no se qué empresa en atención al cliente.
Como decía, le pregunto que dónde podría comprar esas cosas, y me dice que en la estación de Metro de Andel hay un centro comercial grande, y que es una zona bonita. "Ya tengo otro objetivo para visitar", pienso, y me froto las manos mentalmente imaginándome de camino a la parada, bajándome del metro y mirando en todas direcciones con la cámara en la mano como si fuera un revolver esperando alguien que le rete a un duelo, caminando en una dirección que probablemente me obligue a dar la vuelta al poco rato hasta que tras varios intentos fallidos localice algo interesante para ver o fotografiar.
Espero que no llueva mañana, ni pasado, ni al otro; o al menos que no llueva mucho, porque me da igual como salga el tiempo, pienso salir a hacer fotos y a pasear. No me parece una buena idea "aprovechar" los días libres para jugar al ordenador o para enredar en Youtube viendo los vídeos más absurdos que se hayan hecho sobre las cosas más irrelevantes que te puedas imaginar.
¡Un momento! Antes tengo que quedar con Petr para abrirme una cuenta en algún banco checo, que probablemente será uno que se llama Raiffaisenbank; suena alemán, pero dudo que lo sea porque ya me contó éste que lo alemán no era muy bien visto aquí, y me he dado cuenta de que hay bastantes sucursales. Le mandaré un correo para ver cuándo puede quedar.
Pensé en ir a comprar comida, pero voy a intentar sobrevivir con lo que tengo, porque los días que trabaje como en el hotel. Recapitulando: cuenta bancaria checa, ropa de cama (qué fino queda eso), parada de metro de Andel y fotos de Praga; y dentro de este último punto se podrian hacer varias subdivisiones: castillo, zona centro (¡aún no he ido a la Plaza del Reloj!), Vysehrad, y callejear sin dirección y sin miedo a perderse.
Tengo que ser sincero y decir que lo primero que se me vino a la cabeza cuando Ondrej me dijo que tenía 4 días libres es: "Perfecto, 4 días para comerme la cabeza". Al menos con el trabajo me mantengo ocupado. Pero luego me di cuenta de que no hay que ser tan cenizo, aprovecharé el tiempo. Antes de salir del hotel me cruzo con Lindo, el brasileño, y me dice en su mezcla de portugués y español: "Aprovecha para despejarte del trabajo". Creo que le haré caso, me parece un buen consejo.
Acaba de sonar un truneo; miro hacia la derecha, y a través del gran ventanal de mi habitación veo el cielo gris y la lluvia caer sobre los tejados de los edificios que hace ya bastantes años que se construyeron pensados para durar siempre, y que hasta ahora cumplen con su función a la perfección. Llamadme nostálgico, pero no puedo evitar, en esta situación, acordarme de la gente que echo de menos, y de lo que me gustaría que estuvieran aquí. Quizás sea por el tiempo y la lluvia, o quizás sea porque aún no logro quitármelos de la cabeza a pesar de mis mini vacaciones.
P.S. Acabo de recordar que tengo que acercarme al Instituto Cervantes, para ver qué se cuece en esa embajada lungüística donde Ángel me dijo que podría encontrar libros en español, así me culturizo un poco y dejo el ordenador un rato. Avisaré a Michael, porque me parece que quería venir también; en principio le dije de ir el martes, pero él iba a montar en bici; ahora que dipongo de más días libres, quizás le interese ir el miércoles o el jueves. (Y pienso, ¿a quién narices le importarán estas tonterías de mi vida...?)
sábado, 12 de julio de 2008
Comunismo cubano y trabajadores checos
Ló último que me gustaría es que este blog tuviera algún contenido político, pero si cuento lo que voy a contar es simplemente porque es así; puede gustar o no, pero es lo que hay, la realidad.
Ayer estuve bastante rato hablando con uno de mis compañeros de trabajo: se llama Camilo, cuarenta y pico años, está soltero y es cubano. Bajito, regordete, con entradas y con un bigotito; usa gafas para ver de cerca, pero normalmente no se las pone porque dice que son molestas. No parece cubano, porque al igual que los otros chicos que hay en el hotel no tienen la piel oscura, podrían pasar por ciudadanos españoles perfectamente hasta que les oyes hablar con su peculiar acento. Por cierto, uno de ellos me confundió con un checo...
Me sorprendió que haya "tantos" cubanos en el hotel, y le pregunté que cómo se venían hasta aquí precisamente en lugar de quedarse en Cuba. Me miró y su respuesta fue clara y directa: "El comunismo", me dijo.
Empezó a hablarme de cómo era Cuba antes de la llegada del régimen de Fidel Castro, y el cambió cuando éste empezó a gobernar, hasta la actualidad. Con todo lujo de detalles me describía, como si estuviera andando en ese mismo momento por las mismas calles por las que anduvo hace más de 30 años; con nostalgia y con una mirada de tristeza me contaba que antes era un lugar más o menos próspero, donde se vivía bien.
Pero tras la llegada del régimen parece que la cosa cambió: muchas de las infraestructuras que habían sido fruto del "demonio capitalista" se dejaron estropear y ahora están en ruinas; antiguos barrios que ahora son solares de escombros; carreteras bien hechas que ahora son caminos para ganado.
Nos metemos en internet, en Youtube (dónde si no...), y ponemos unos vídeos de su ciudad natal, Cárdenas, situada al norte de la Isla. Tal y como él lo describía, las imágenes parecían de hace 50 años o más, y no pude evitar una pequeña risa interior, al escucharle decir: "Sí, este vídeo es reciente". Gente vagando por las calles, en bicicletas oxidadas, en burro, y algunos pocos afortunados con coches que podrían ser de mediados de siglo perfectamente. Pero detrás de esa risa inicial se escondía en realidad una tristeza de ver cómo gente como Camilo, se vé obligado a huir de su país por motivos políticos, independientemente de la ideología. Supongo que no es posible imaginar lo que se tiene que sentir cuando te vas de tu país y no tienes dónde ir porque en ningún lugar eres bien recibido: eso solo se puede experimentar cuando te pasa algo como a Camilo...
Me puse a pensar, y le dije: ¿Pero no se supone que el comunismo debería ser todo lo contrario?. Soltó una leve carcajada mientras se inclinaba un poco hacia atrás, y me respondió que eso es en teoría. "El comunismo está muy bien para quien lo lee, es perfecto; pero para los que lo viven no". Según sus palabras, que no recuerdo exactamente, el comunismo en Cuba logra la igualdad: todos son igual de pobres; trabajes más o menos, el salario recibido es el mismo; la mayoría de la población aprovecha para no trabajar y vivir del trabajo de los demás (casualmente los ciudadanos de raza negra son los que más practican este hábito, y que conste que yo no abrí la boca, eso lo dijo él).
Pensando en el comunismo, de camino a casa, me acordé de las palabras de Ángel diciéndome que muchos trabajadores checos, acostumbrados a este sistema, son perezosos en el trabajo, como todos supongo, y que no hacen nada hasta que no se lo ordenes; y si les das una orden la cumplen a rajatabla, pero sin salirse lo más mínimo. Es decir, que si le dices que coja una caja y la ponga a 10 metros de aquí en la dirección X, y casualmente ese emplazamiento está en el borde de algo y da al vació, el checo soltará la caja y ésta caerá. Esta mañana lo he comprobado, cuando he tenido que quedarme al cargo del restaurante durante los deayunos porque la jefa está de vacaciones: me ha sorprendido cómo acatan las órdenes, pero hasta que no les dices nada no se mueven, ¡no tienen sangre en las venas! Pensé que tendría problemas, porque acabo de llegar y quién soy yo para dar órdenes...pero no, parece que prefieren que les ordenen las cosas en lugar de hacerlas de motu proprio.
Tampoco sé si se tratará de un caso aislado en el hotel o se puede generalizar...
Ayer estuve bastante rato hablando con uno de mis compañeros de trabajo: se llama Camilo, cuarenta y pico años, está soltero y es cubano. Bajito, regordete, con entradas y con un bigotito; usa gafas para ver de cerca, pero normalmente no se las pone porque dice que son molestas. No parece cubano, porque al igual que los otros chicos que hay en el hotel no tienen la piel oscura, podrían pasar por ciudadanos españoles perfectamente hasta que les oyes hablar con su peculiar acento. Por cierto, uno de ellos me confundió con un checo...
Me sorprendió que haya "tantos" cubanos en el hotel, y le pregunté que cómo se venían hasta aquí precisamente en lugar de quedarse en Cuba. Me miró y su respuesta fue clara y directa: "El comunismo", me dijo.
Empezó a hablarme de cómo era Cuba antes de la llegada del régimen de Fidel Castro, y el cambió cuando éste empezó a gobernar, hasta la actualidad. Con todo lujo de detalles me describía, como si estuviera andando en ese mismo momento por las mismas calles por las que anduvo hace más de 30 años; con nostalgia y con una mirada de tristeza me contaba que antes era un lugar más o menos próspero, donde se vivía bien.
Pero tras la llegada del régimen parece que la cosa cambió: muchas de las infraestructuras que habían sido fruto del "demonio capitalista" se dejaron estropear y ahora están en ruinas; antiguos barrios que ahora son solares de escombros; carreteras bien hechas que ahora son caminos para ganado.
Nos metemos en internet, en Youtube (dónde si no...), y ponemos unos vídeos de su ciudad natal, Cárdenas, situada al norte de la Isla. Tal y como él lo describía, las imágenes parecían de hace 50 años o más, y no pude evitar una pequeña risa interior, al escucharle decir: "Sí, este vídeo es reciente". Gente vagando por las calles, en bicicletas oxidadas, en burro, y algunos pocos afortunados con coches que podrían ser de mediados de siglo perfectamente. Pero detrás de esa risa inicial se escondía en realidad una tristeza de ver cómo gente como Camilo, se vé obligado a huir de su país por motivos políticos, independientemente de la ideología. Supongo que no es posible imaginar lo que se tiene que sentir cuando te vas de tu país y no tienes dónde ir porque en ningún lugar eres bien recibido: eso solo se puede experimentar cuando te pasa algo como a Camilo...
Me puse a pensar, y le dije: ¿Pero no se supone que el comunismo debería ser todo lo contrario?. Soltó una leve carcajada mientras se inclinaba un poco hacia atrás, y me respondió que eso es en teoría. "El comunismo está muy bien para quien lo lee, es perfecto; pero para los que lo viven no". Según sus palabras, que no recuerdo exactamente, el comunismo en Cuba logra la igualdad: todos son igual de pobres; trabajes más o menos, el salario recibido es el mismo; la mayoría de la población aprovecha para no trabajar y vivir del trabajo de los demás (casualmente los ciudadanos de raza negra son los que más practican este hábito, y que conste que yo no abrí la boca, eso lo dijo él).
Pensando en el comunismo, de camino a casa, me acordé de las palabras de Ángel diciéndome que muchos trabajadores checos, acostumbrados a este sistema, son perezosos en el trabajo, como todos supongo, y que no hacen nada hasta que no se lo ordenes; y si les das una orden la cumplen a rajatabla, pero sin salirse lo más mínimo. Es decir, que si le dices que coja una caja y la ponga a 10 metros de aquí en la dirección X, y casualmente ese emplazamiento está en el borde de algo y da al vació, el checo soltará la caja y ésta caerá. Esta mañana lo he comprobado, cuando he tenido que quedarme al cargo del restaurante durante los deayunos porque la jefa está de vacaciones: me ha sorprendido cómo acatan las órdenes, pero hasta que no les dices nada no se mueven, ¡no tienen sangre en las venas! Pensé que tendría problemas, porque acabo de llegar y quién soy yo para dar órdenes...pero no, parece que prefieren que les ordenen las cosas en lugar de hacerlas de motu proprio.
Tampoco sé si se tratará de un caso aislado en el hotel o se puede generalizar...
miércoles, 9 de julio de 2008
Conociendo gente rara...
No tenía pensado escribir hoy nada más, pero acabo de llegar a casa, me estoy bebiendo un vaso de leche con Nesquick, jeje (Petr se reía de mí porque decía que eso es de niños pequeños...) y es que he conocido a dos personajillos curiosos, dos empleados del hotel.
El primero es Michael, o no se cómo lo escribirá él, porque es cubano. Llego y me lo encuentro apoyado en la barra y mirando su correo en el ordenador del bar. Cuando nos ve aparecer a Luis y a mí rápidamente se incorpora y saluda. Bueno, después de las presentaciones, y hablando un poco con él, resulta que es cubano, salió de la isla por el tema de Fidel Castro y se fue a Rusia a trabajar. Allí en Cuba se dedicaba a comprar coches antiguos, restaurarlos enteros (motor y exterior), para volverlos a vender luego. Qué casualidad, porque a mí me encantan los coches antiguos; resulta que es un manitas con la mecánica porque su abuelo era mecánico en Cuba, y le enseñó todo lo que él sabía. Y ahora aquí hace lo mismo en sus ratos libres, así que hemos quedado en que cuando tengamos un día libre quedamos para que me enseñe sus trabajos de mecánica...a ver si puedo aprender algo, que siempre me hubiera gustado aprender algo.
Me enseña fotos que tiene en su correo de coches que ha restaurado y menuda pasada, porque muchos son vehículos de los años '50 o antes. Me comenta que los coches en Cuba son carísimos porque el régimen político pone muchísimas barreras. Me comenta que un Lada 2104 básico puede costar unos 6.000 dólares. Para nosotros no será mucho, pero ese coche es una mierdecilla, y para la gente de Cuba ese debe de ser un importe prohibitivo.
Veo algunas fotos de su novia bailando salsa. "¿Aquí dan clases de salsa?", le preguntó. Resulta que sí, además de que parece ser un buen método para ligar, según me comenta (jeje), porque los tíos de por aquí no son muy bailones (por qué será que no me sorprende...). Otra promesa de Michael de quedar e ir a una discoteca de salsa.
Después conozco a Lindo, un chaval brasileño que habla una mezcla de español, portugués e inglés. También habla checo, porque su novia es checa, y lleva aquí ya 11 años. Es muy simpático y habla mucho. Pero es una persona agradable, es muy amable y servicial con los clientes, y eso es bueno para el negocio, jeje.
Veo que hay dos señoras mayores cenando, y que están hablando con él en español. Me acerco disimuladamente y me entrometo en la conversación. Son dos señoras argentinas que están recorriendo el mundo, eso dicen. Han pasado por España y les ha encantado, me aseguran. Hablamos de los checos y de su forma de ser: todo el mundo coincide a la hora de describirlos...
Después, cuando ya se ha ido todo el mundo, voy a la cocina a cenar algo: una ensalada de atún, lechugas, tomates, etc. "Perfecto", pienso, "por fin algo sano". Hablando de todo un poco, Lindo, el cocinero (un argelino que se llama Hassan; habla inglés y checo) y yo, me hablan del clima checo. "Dentro de dos meses bajan las temperaturas", me dice Lindo, "menos 10 grados". Uff, ya me está entrando frío...
Al salir del hotel, veo el tram 22 parando en Narodni Divadlo, la estación que está al lado y donde yo debería cogerlo; pero me da tanta pereza echar a correr que decido dejarlo pasar y montarme en el siguiente...craso error, 10 minutos esperando allí de pie. Hubiera merecido la pena correr un poco, pero la recompensa es la de ver un poco de la vida nocturna de Praga. Chicas guapas, pero sin arreglar ni nada. Me acuerdo de lo que me dijo Michael, de que en Rusia las mujeres eran guapas como las checas, pero además eran elegantes, siempre arregladas y bien vestidas; aquí la verdad es que no se arreglan ni nada, pero total, no les hace falta.
Me arrepiento de haber perdido el tram y tener que esperar como un tonto, pensé que pasaba cada 4 minutos. Y lo más gracioso es que al venir me ha pasado lo mismo, y me ha tocado esperar 10 minutos. Lo positivo es que al menos ya se a que hora exacta pasan los tanvías que me interesan por las estaciones que debo utilizar. Que no se repita.
El primero es Michael, o no se cómo lo escribirá él, porque es cubano. Llego y me lo encuentro apoyado en la barra y mirando su correo en el ordenador del bar. Cuando nos ve aparecer a Luis y a mí rápidamente se incorpora y saluda. Bueno, después de las presentaciones, y hablando un poco con él, resulta que es cubano, salió de la isla por el tema de Fidel Castro y se fue a Rusia a trabajar. Allí en Cuba se dedicaba a comprar coches antiguos, restaurarlos enteros (motor y exterior), para volverlos a vender luego. Qué casualidad, porque a mí me encantan los coches antiguos; resulta que es un manitas con la mecánica porque su abuelo era mecánico en Cuba, y le enseñó todo lo que él sabía. Y ahora aquí hace lo mismo en sus ratos libres, así que hemos quedado en que cuando tengamos un día libre quedamos para que me enseñe sus trabajos de mecánica...a ver si puedo aprender algo, que siempre me hubiera gustado aprender algo.
Me enseña fotos que tiene en su correo de coches que ha restaurado y menuda pasada, porque muchos son vehículos de los años '50 o antes. Me comenta que los coches en Cuba son carísimos porque el régimen político pone muchísimas barreras. Me comenta que un Lada 2104 básico puede costar unos 6.000 dólares. Para nosotros no será mucho, pero ese coche es una mierdecilla, y para la gente de Cuba ese debe de ser un importe prohibitivo.
Veo algunas fotos de su novia bailando salsa. "¿Aquí dan clases de salsa?", le preguntó. Resulta que sí, además de que parece ser un buen método para ligar, según me comenta (jeje), porque los tíos de por aquí no son muy bailones (por qué será que no me sorprende...). Otra promesa de Michael de quedar e ir a una discoteca de salsa.
Después conozco a Lindo, un chaval brasileño que habla una mezcla de español, portugués e inglés. También habla checo, porque su novia es checa, y lleva aquí ya 11 años. Es muy simpático y habla mucho. Pero es una persona agradable, es muy amable y servicial con los clientes, y eso es bueno para el negocio, jeje.
Veo que hay dos señoras mayores cenando, y que están hablando con él en español. Me acerco disimuladamente y me entrometo en la conversación. Son dos señoras argentinas que están recorriendo el mundo, eso dicen. Han pasado por España y les ha encantado, me aseguran. Hablamos de los checos y de su forma de ser: todo el mundo coincide a la hora de describirlos...
Después, cuando ya se ha ido todo el mundo, voy a la cocina a cenar algo: una ensalada de atún, lechugas, tomates, etc. "Perfecto", pienso, "por fin algo sano". Hablando de todo un poco, Lindo, el cocinero (un argelino que se llama Hassan; habla inglés y checo) y yo, me hablan del clima checo. "Dentro de dos meses bajan las temperaturas", me dice Lindo, "menos 10 grados". Uff, ya me está entrando frío...
Al salir del hotel, veo el tram 22 parando en Narodni Divadlo, la estación que está al lado y donde yo debería cogerlo; pero me da tanta pereza echar a correr que decido dejarlo pasar y montarme en el siguiente...craso error, 10 minutos esperando allí de pie. Hubiera merecido la pena correr un poco, pero la recompensa es la de ver un poco de la vida nocturna de Praga. Chicas guapas, pero sin arreglar ni nada. Me acuerdo de lo que me dijo Michael, de que en Rusia las mujeres eran guapas como las checas, pero además eran elegantes, siempre arregladas y bien vestidas; aquí la verdad es que no se arreglan ni nada, pero total, no les hace falta.
Me arrepiento de haber perdido el tram y tener que esperar como un tonto, pensé que pasaba cada 4 minutos. Y lo más gracioso es que al venir me ha pasado lo mismo, y me ha tocado esperar 10 minutos. Lo positivo es que al menos ya se a que hora exacta pasan los tanvías que me interesan por las estaciones que debo utilizar. Que no se repita.
Miércoles 9
Nada especial ha sucedido hoy, excepto que me he dado cuenta de que creo que me estoy mimetizando con el ambiente de la ciudad. El motivo que me lleva a creerlo es que en el tram me han querido entrevistar para la tele checa.
Bueno, no es que haya que tener unas grandes dotes deductivas para ello; no he entendido nada de lo que me ha dicho, pero una chica alta, rubia y bien vestida se me ha acercado con un micro, sonriendo y diciendo algo que podría pasar, para mí, por cualquier idioma de Europa del Este. Detrás de ella, otra chica, (menos atractiva, por qué no decirlo), con una cámara al hombro.
"Sorry, I don't speak Czech" (esas palabras tan comunes para mí ya). No ha parecido importarle, así que se han girado y han ido a la caza de otro potencial ciudadano checo que sí que hable el idioma. Me imagino que sería algún tipo de "Localia" checa o algo así, no sé.
Y también me pasó el otro día, en mi visita al Castillo. Se para un coche a mi lado y un joven me pregunta algo, en una lengua que no entiendo, pero que doy por supuesto que es checo. Alante iban dos chicos, detrás dos chicas, una estampa típica de jovenes europeos viajando en coche; es un Volkswagen Polo negro, diesel, así que no me digas más.
Les digo en inglés que no soy de aquí, se disculpan, sube la ventanilla y se aleja. Miro la matrículo: Polonia. Después de eso me tranquilizo en parte, pensando que al menos no llamo la atención como un señor con gorra, chanclas con calcetines, una mochila y un mapa de la ciudad abierto agarrado con una mano, mientras con la otra se rasca la barbilla mirando en todas las direcciones posibles.
Bueno, se me olvidaba la tontería de esta mañana cuando me he bajado del tram. "Próxima parada, Narodni Trida", dice la voz de mujer robótica (en checo, lógicamente). No dudo un segundo, puesto que la calle del hotel se llama así, y me bajo. Pero me doy cuenta de que eso no es Narodni Trida. Como buen tonto, en lugar de hacer lo que habría hecho cualquiera y seguir la línea del Tram, me meto por unas callejuelas. He estado dando vueltas unos 10 minutos, hasta que milagrosamente, he conseguido dar con el hotel. "¿Por qué llaman Narodni Trida a una parada que no está en esa calle, y a la que está en esa calle la llaman de otra forma?"
Y al volver a casa, voy a Narodni Trida, confiado como si llevara viviendo en la ciudad toda la vida, me pongo en la parada del tram y espero. Como me aburría, me acerco al panel y veo las paradas de las líneas 22 y 23, que son las que llevan a mi casa. Empiezo a leer nombres de estaciones (más bien a mirar, porque cualquiera lee esos nombres con sus tildes y símbolos encima de consonantes) y no encuentro en la que yo me bajo (sé cómo se dice, y si lo escucho la reconozco, pero prefiero no escribirla porque no tengo ni idea); empieza por "V", y lleva alguna "c", "k", "y"...y seguro que algún acento, pero pocas vocales. Y luego Namesti, eso sí: V--------- Namesti.
El caso es que empiezo a pensar, y veo que se acerca el 23 en dirección contraria a la que yo esperaba que debería ir. "Joder, me he equivocado de parada", echo a correr hacia el otro lado de la calle, porque estaba a punto de salir el tram 23 (fíjate, por no esperar 4 minutos a que pasara el siguiente), y cuando estoy llegando las puertas se empiezan a cerrar. En el metro de Madrid cualquiera metería la cabeza para evitar que se cerraran las puertas y poder acoger un viajero más, pero eso aquí no es estila, y he visto en el metro como una señora mayor lo pierde por no llegar a tiempo, sin que ningún caballero, señor, niño o tío cuaquiera hiciera nada. Se quedan ahí, pasamados, mirando. Al menos no se ríen, pienso, aunque puede que se estén descojonando en sus adentros y que luego lo utilicen en sus reuniones de amigos y compañeros de trabajo para echar unas carcajadas.
Tuve suerte, y un tipo que debería ser un turista (sonriente, un gorro de paja, camiseta de manga corta, calzonas y una mochila), sujetó la puerta y pude montar. Miro, no hay asiento. Bueno, era de esperar, con tanta gente es lógico.
Y ya aprovecho para comentar lo de los asientos también, además de lo de las puertas. Para mí y para muchos españoles, bien por la educación de casa, o bien por sentido común, cuando una señora joven o mayor entra en un transporte público, siempre se le cede el sitio (o al menos eso se debería hacer). Aquí en Praga no he visto todavía a nadie ceder el sitio a nadie, en general. Da igual que haya un señor mayor con aspecto de estar en sus últimos años de vida, una mujer joven, una embarazada, una señora de mediana edad; si el asiento está ocupado por quien sea, éste no se inmutará, seguirá mirando el suelo o hacia el horizonte sin siquiera preguntarle si desea sentarse.
Lo cierto es que esto está cambiando, porque me estoy dando cuenta de que la gente empieza a ceder los sitios a la gente mayor y mujeres con niños, como dios manda, como tiene que ser...pero hay algunos que todavía resisten.
Bueno, no es que haya que tener unas grandes dotes deductivas para ello; no he entendido nada de lo que me ha dicho, pero una chica alta, rubia y bien vestida se me ha acercado con un micro, sonriendo y diciendo algo que podría pasar, para mí, por cualquier idioma de Europa del Este. Detrás de ella, otra chica, (menos atractiva, por qué no decirlo), con una cámara al hombro.
"Sorry, I don't speak Czech" (esas palabras tan comunes para mí ya). No ha parecido importarle, así que se han girado y han ido a la caza de otro potencial ciudadano checo que sí que hable el idioma. Me imagino que sería algún tipo de "Localia" checa o algo así, no sé.
Y también me pasó el otro día, en mi visita al Castillo. Se para un coche a mi lado y un joven me pregunta algo, en una lengua que no entiendo, pero que doy por supuesto que es checo. Alante iban dos chicos, detrás dos chicas, una estampa típica de jovenes europeos viajando en coche; es un Volkswagen Polo negro, diesel, así que no me digas más.
Les digo en inglés que no soy de aquí, se disculpan, sube la ventanilla y se aleja. Miro la matrículo: Polonia. Después de eso me tranquilizo en parte, pensando que al menos no llamo la atención como un señor con gorra, chanclas con calcetines, una mochila y un mapa de la ciudad abierto agarrado con una mano, mientras con la otra se rasca la barbilla mirando en todas las direcciones posibles.
Bueno, se me olvidaba la tontería de esta mañana cuando me he bajado del tram. "Próxima parada, Narodni Trida", dice la voz de mujer robótica (en checo, lógicamente). No dudo un segundo, puesto que la calle del hotel se llama así, y me bajo. Pero me doy cuenta de que eso no es Narodni Trida. Como buen tonto, en lugar de hacer lo que habría hecho cualquiera y seguir la línea del Tram, me meto por unas callejuelas. He estado dando vueltas unos 10 minutos, hasta que milagrosamente, he conseguido dar con el hotel. "¿Por qué llaman Narodni Trida a una parada que no está en esa calle, y a la que está en esa calle la llaman de otra forma?"
Y al volver a casa, voy a Narodni Trida, confiado como si llevara viviendo en la ciudad toda la vida, me pongo en la parada del tram y espero. Como me aburría, me acerco al panel y veo las paradas de las líneas 22 y 23, que son las que llevan a mi casa. Empiezo a leer nombres de estaciones (más bien a mirar, porque cualquiera lee esos nombres con sus tildes y símbolos encima de consonantes) y no encuentro en la que yo me bajo (sé cómo se dice, y si lo escucho la reconozco, pero prefiero no escribirla porque no tengo ni idea); empieza por "V", y lleva alguna "c", "k", "y"...y seguro que algún acento, pero pocas vocales. Y luego Namesti, eso sí: V--------- Namesti.
El caso es que empiezo a pensar, y veo que se acerca el 23 en dirección contraria a la que yo esperaba que debería ir. "Joder, me he equivocado de parada", echo a correr hacia el otro lado de la calle, porque estaba a punto de salir el tram 23 (fíjate, por no esperar 4 minutos a que pasara el siguiente), y cuando estoy llegando las puertas se empiezan a cerrar. En el metro de Madrid cualquiera metería la cabeza para evitar que se cerraran las puertas y poder acoger un viajero más, pero eso aquí no es estila, y he visto en el metro como una señora mayor lo pierde por no llegar a tiempo, sin que ningún caballero, señor, niño o tío cuaquiera hiciera nada. Se quedan ahí, pasamados, mirando. Al menos no se ríen, pienso, aunque puede que se estén descojonando en sus adentros y que luego lo utilicen en sus reuniones de amigos y compañeros de trabajo para echar unas carcajadas.
Tuve suerte, y un tipo que debería ser un turista (sonriente, un gorro de paja, camiseta de manga corta, calzonas y una mochila), sujetó la puerta y pude montar. Miro, no hay asiento. Bueno, era de esperar, con tanta gente es lógico.
Y ya aprovecho para comentar lo de los asientos también, además de lo de las puertas. Para mí y para muchos españoles, bien por la educación de casa, o bien por sentido común, cuando una señora joven o mayor entra en un transporte público, siempre se le cede el sitio (o al menos eso se debería hacer). Aquí en Praga no he visto todavía a nadie ceder el sitio a nadie, en general. Da igual que haya un señor mayor con aspecto de estar en sus últimos años de vida, una mujer joven, una embarazada, una señora de mediana edad; si el asiento está ocupado por quien sea, éste no se inmutará, seguirá mirando el suelo o hacia el horizonte sin siquiera preguntarle si desea sentarse.
Lo cierto es que esto está cambiando, porque me estoy dando cuenta de que la gente empieza a ceder los sitios a la gente mayor y mujeres con niños, como dios manda, como tiene que ser...pero hay algunos que todavía resisten.
martes, 8 de julio de 2008
Martes 8 (parte 2)
Después de varias horas hablando por el messenger (¡gracias Gemma!), sentado delante del ordenador, el cielo empieza a abrirse y el sol se deja ver levemente. Me asomo al balcón, hace aire fresco, pero se puede estar perfectamente en manga corta.
Me pongo los vaqueros y las deportivas; cojo la mochila y meto el paraguas (hasta hace poco había estado lloviendo), una sudadera, la cámara de fotos y 70 coronas que tenía en monedas. Equipamiento suficiente para darse una vuelta, hacer algunas fotos, y darse un pequeño homenaje en alguna de las múltiples "Trafika" que hay por todos lados.
Mi intención es buscar Vysehrad, una iglesia con un cementerio situados en una colina, lugar poco frecuentado incluso por los propios checos (excepto fines de semana), pero de singular belleza. Miro en el mapa que hay pegado en el lateral del frigorífico, y decido hacerle una foto a la zona que me interesa; cutre pero práctico.
Salgo de casa y desciendo la calle hasta una avenida infinita, con bloques de edificios destartalados a ambos lados. La verdad es que no tenía nada interesante que ver, coches pasando en ambas direcciones a gran velocidad, algunos viandantes por las aceras, gente esperando en la parada del bus y del tram...lo típico por aquí; y de repente, no se por qué, miro al suelo y me doy cuenta de que casi no hay suciedad, y pienso en España y sus suelos. Y eso que se trata de una zona del extraradio y de baja clase.
Sigo caminando, caminando, caminando...paso al lado de un estadio deportivo, un parque, y de repente surge delante de mis narices el cartel de una gasolinera, y miro el precio: gasolina de 95 a 32'5 coronas. "Más o menos como en España", pienso, y sigo andando.
Tengo que adelantar que el paseo ha sido prácticamente inútil, de no ser porque he descubierto una armería, pero estaba cerrada; y porque también he descubierto un Lidl. Parece una tontería, pero ya es como comprar en España.
Veo que la avenida gira hacia la derecha, y la iglesia de Vysehrad seguía sin aparecer, como si hubiera desaparecido. "Joder, si ayer la vi...". Decido desviarme hacia la derecha, pasando por un parquecito que estaba en cuesta, y sigo hacia arriba. Cruzo una zona residencial, con casas inmensas y coches de lujo. Nadie a la vista, como si no viviera nadie en el barrio, silencio...
Por fin llego a una calle más transitada, giro hacia la izquierda pensando en dónde narices estaría la maldita iglesia, que ya debería verse. Callejeo un poco hacia ninguna dirección, con la tranquilidad de que aunque no sé muy bien dónde estoy, al menos estoy en la orilla derecha del río; esa es buena señal, aunque tampoco me convence del todo. Miro el reloj y veo que llevo casi una hora andando, y la iglesia no aparece. Me planteo el darme la vuelta, pero ya que estoy en la calle, habrá que aprovechar, al menos una foto y me vuelvo.
Callejeo hasta que al fondo veo un tram, y eso me hace ver la luz, porque quiere decir que es una calle principal. Acelero el paso, ilusionado como alguien que ve una fuente de agua en medio del desierto, llego y cuál sería mi sorpresa...Namesti Miru: la plaza que está a 20 minutos de mi piso, pero que yo he alcanzado en una hora gracias a mi nueva e improvisada ruta. "Me cago en...".
"¿Me voy al piso o sigo buscando?" Otro esfuerzo, sigamos buscando; giro hacia la izquierda, en dirección al río, pero por una calle paralela a la que va directamente desde Namesti Miru hasta el Puente Jiraskuv. Sin darme cuenta me voy desviando y llego hasta una avenida de 4 carriles donde los coches pasan como balas. Miro hacia ambos lados, pero no veo ningún paso de cebra, pero no me cabe en la cabeza que los checos hayan cometido ese fallo. Exacto: unos metros más adelante hay un paso subterráneo. Paso por él y salgo a una calle donde divido en primer lugar un edificio de ladrillos rojizos con tejados con mucho pico de pizarra. No se por qué, pero me recuerda a las películas de Harry Potter.
Voy a c
ruzar la calle para acercarme, per veo al final de otra calle una torre con una cruz en lo alto. "Tiene que ser una iglesia". Así que cambio de rumbo, voy hacia allí. Llego al final de la calle y me encuentro con una iglesia tipo bizantina. Intento encontrar una entrada, pero el recinto está cerrado, así que, intentaré recordarlo para volver otro día...
Ya había perdido toda esperanza de encontrar Vysehrad, así que pensé en volver al piso, improvisando una nueva ruta, para así descubrir alguna cosa curiosa. Antes de darme la vuelta, veo una calle sin salido, junto a la iglesia esta, voy hasta el final y...¡por fin veo Vysehrad! Allí, a lo lejos, la famosa iglesia...Miro el reloj, durante un segundo me planteo la posibilidad de ir, pero eso supondrían casi dos horas entre llegar hasta allí, y luego de vuelta al piso; y también hay que contar con la caminata necesaria para llegar hasta allí.
Nada, otro día será, media vuelta, y decido pasar por el edificio que vi antes. Giro la esquina y me acerco hacia lo que parece la entrada principal. Como dije antes, pensaba que era una iglesia...pero me equivocaba. Justo cuando voy a entrar veo un cartel en la puerta: no entiendo checo, pero deduzco que es una clínica ginecológica (Ginekologicke no sé qué, o algo así). "Joder, si alguien me ve haciendo fotos a una clínica ginecológica...". Aún así, el edificio es bonito.
Fin del paseo, media vuelta y para casa. Improviso una ruta pasando de nuevo por el paso subterráneo, callejeo hasta llegar a Namesti Miru, y desde ahí hasta el piso por la ruta habitual. Toda la avenida hacia abajo, pasando por las tiendas de siempre, las casas de siempre...y mentalmente voy evaluando si ha merecido la pena o no. Mejor que quedarse en casa, por lo menos, sí que ha sido; al menos he descubierto un Lidl, y el paseo me ha servido para darme cuenta de otra cosa. Cuando vas por las calles de Praga, por las zonas no turísticas, puede que haya gente rica o pobre, coches lujosos o antiguos, edificios ostentosos bien cuidados o medio en ruinas, pero el ambiente de tristeza que se respira no se tapa con nada.
La gente no ríe, solo camina.
Me pongo los vaqueros y las deportivas; cojo la mochila y meto el paraguas (hasta hace poco había estado lloviendo), una sudadera, la cámara de fotos y 70 coronas que tenía en monedas. Equipamiento suficiente para darse una vuelta, hacer algunas fotos, y darse un pequeño homenaje en alguna de las múltiples "Trafika" que hay por todos lados.
Mi intención es buscar Vysehrad, una iglesia con un cementerio situados en una colina, lugar poco frecuentado incluso por los propios checos (excepto fines de semana), pero de singular belleza. Miro en el mapa que hay pegado en el lateral del frigorífico, y decido hacerle una foto a la zona que me interesa; cutre pero práctico.
Salgo de casa y desciendo la calle hasta una avenida infinita, con bloques de edificios destartalados a ambos lados. La verdad es que no tenía nada interesante que ver, coches pasando en ambas direcciones a gran velocidad, algunos viandantes por las aceras, gente esperando en la parada del bus y del tram...lo típico por aquí; y de repente, no se por qué, miro al suelo y me doy cuenta de que casi no hay suciedad, y pienso en España y sus suelos. Y eso que se trata de una zona del extraradio y de baja clase.
Sigo caminando, caminando, caminando...paso al lado de un estadio deportivo, un parque, y de repente surge delante de mis narices el cartel de una gasolinera, y miro el precio: gasolina de 95 a 32'5 coronas. "Más o menos como en España", pienso, y sigo andando.
Tengo que adelantar que el paseo ha sido prácticamente inútil, de no ser porque he descubierto una armería, pero estaba cerrada; y porque también he descubierto un Lidl. Parece una tontería, pero ya es como comprar en España.
Veo que la avenida gira hacia la derecha, y la iglesia de Vysehrad seguía sin aparecer, como si hubiera desaparecido. "Joder, si ayer la vi...". Decido desviarme hacia la derecha, pasando por un parquecito que estaba en cuesta, y sigo hacia arriba. Cruzo una zona residencial, con casas inmensas y coches de lujo. Nadie a la vista, como si no viviera nadie en el barrio, silencio...
Por fin llego a una calle más transitada, giro hacia la izquierda pensando en dónde narices estaría la maldita iglesia, que ya debería verse. Callejeo un poco hacia ninguna dirección, con la tranquilidad de que aunque no sé muy bien dónde estoy, al menos estoy en la orilla derecha del río; esa es buena señal, aunque tampoco me convence del todo. Miro el reloj y veo que llevo casi una hora andando, y la iglesia no aparece. Me planteo el darme la vuelta, pero ya que estoy en la calle, habrá que aprovechar, al menos una foto y me vuelvo.
Callejeo hasta que al fondo veo un tram, y eso me hace ver la luz, porque quiere decir que es una calle principal. Acelero el paso, ilusionado como alguien que ve una fuente de agua en medio del desierto, llego y cuál sería mi sorpresa...Namesti Miru: la plaza que está a 20 minutos de mi piso, pero que yo he alcanzado en una hora gracias a mi nueva e improvisada ruta. "Me cago en...".
"¿Me voy al piso o sigo buscando?" Otro esfuerzo, sigamos buscando; giro hacia la izquierda, en dirección al río, pero por una calle paralela a la que va directamente desde Namesti Miru hasta el Puente Jiraskuv. Sin darme cuenta me voy desviando y llego hasta una avenida de 4 carriles donde los coches pasan como balas. Miro hacia ambos lados, pero no veo ningún paso de cebra, pero no me cabe en la cabeza que los checos hayan cometido ese fallo. Exacto: unos metros más adelante hay un paso subterráneo. Paso por él y salgo a una calle donde divido en primer lugar un edificio de ladrillos rojizos con tejados con mucho pico de pizarra. No se por qué, pero me recuerda a las películas de Harry Potter.
Voy a c
Ya había perdido toda esperanza de encontrar Vysehrad, así que pensé en volver al piso, improvisando una nueva ruta, para así descubrir alguna cosa curiosa. Antes de darme la vuelta, veo una calle sin salido, junto a la iglesia esta, voy hasta el final y...¡por fin veo Vysehrad! Allí, a lo lejos, la famosa iglesia...Miro el reloj, durante un segundo me planteo la posibilidad de ir, pero eso supondrían casi dos horas entre llegar hasta allí, y luego de vuelta al piso; y también hay que contar con la caminata necesaria para llegar hasta allí.
Nada, otro día será, media vuelta, y decido pasar por el edificio que vi antes. Giro la esquina y me acerco hacia lo que parece la entrada principal. Como dije antes, pensaba que era una iglesia...pero me equivocaba. Justo cuando voy a entrar veo un cartel en la puerta: no entiendo checo, pero deduzco que es una clínica ginecológica (Ginekologicke no sé qué, o algo así). "Joder, si alguien me ve haciendo fotos a una clínica ginecológica...". Aún así, el edificio es bonito.
Fin del paseo, media vuelta y para casa. Improviso una ruta pasando de nuevo por el paso subterráneo, callejeo hasta llegar a Namesti Miru, y desde ahí hasta el piso por la ruta habitual. Toda la avenida hacia abajo, pasando por las tiendas de siempre, las casas de siempre...y mentalmente voy evaluando si ha merecido la pena o no. Mejor que quedarse en casa, por lo menos, sí que ha sido; al menos he descubierto un Lidl, y el paseo me ha servido para darme cuenta de otra cosa. Cuando vas por las calles de Praga, por las zonas no turísticas, puede que haya gente rica o pobre, coches lujosos o antiguos, edificios ostentosos bien cuidados o medio en ruinas, pero el ambiente de tristeza que se respira no se tapa con nada.
La gente no ríe, solo camina.
Martes 8 (parte 1)
Hoy ha sido un día normalito, pero lo narraré desde el principio porque hay algunas curiosidades.
En primer lugar, había quedado con Petr en la Plaza Wenceslao, junto a la estatua del caballo, a las 9:30. Cuando hablé y le sugerí las 10, pensando que era demasiado pronto, me sorprendió cuando me dijo que era mejor quedar antes..."joder", pensé, pero si en España a esa hora todavía no has abierto los ojos..."OK, perfecto tío, mañana nos vemos".
Estoy tumbado en la cama; me había acostado tarde escribiendo el blog, porque me daba pereza dejarlo para tener que volverlo a empezar cuando fuera, no sea que se me olvidara alguna cosilla. Me despierto con la habitación inundada de luz, y lo primero que se me viene en mente es "¿Por qué no me habrá sonado el despertador?". A juzgar por la claridad del día, calculé según mi experiencia en España que serían las 10 por lo menos.
Estiro el brazo perezosamente hasta la mesilla, cojo el móvil y miro la hora: ¡6:17! De nuevo me sorprendo, y es que no acabo de acostumbrarme al hecho de que a las 6 ya sea de día aquí en Praga. Puede parecer un coñazo, pero no te das ni cuenta, y así se aprovecha el día mucho más.
Me levanto y me dirijo deambulando hacia el balcón, miro por la ventana y veo los coches, l
os tranvías y la gente, en pleno funcionamiento. Resoplo, me desperezó y regreso a la cama. Me tumbo y aprovecho para domitar hasta las 8, cuando la alarma me despierta de nuevo. Ahora sí que toca levantarse. A pesar de que el colchón es bueno, me siento cansado, como si mi cuerpo necesitara más horas de sueño. "Menuda siesta me voy a echar, pienso", sin poder evitar por otro lado en pensar que seguramente me surja algo inesperado que me impida ejecutar esos planes de dormir.
Voy a la cocina, me sirvo un vaso de zumo y me lo bebo de dos tragos. Escucho la ducha del servicio de al lado, y en ese momento entra mi compañera italiana en la cocina, vestida elegantemente para irse a trabajar.
Miro el reloj y compruebo que la hora se me echa encima, así que me cambio rápidamente, y salgo de casa en dirección a la Plaza Wenceslao. Llego antes de tiempo, así que me siento en un banco a esperar a Petr, que como buen checo, espero sea puntual. Observo los grupos de turistas intentando adivinar su procedencia por las pintas, y así me entretengo hasta que llega.
Saludos y enumeración de lo que tenemos que hacer. En primer lugar vamos a una tienda de Vodafone a por el móvil. Sacamos número, porque la tienda estaba bastante concurrida, y esperamos a que nos toque. Delante de nosotros una pareja española que se cansa de esperar al poco y se marcha. 10 minutos más y aparece en la pantalla "Q1": nuestro número. Avanzamos hacia el mostrador donde una chica nos atiende con una sonrisa. Conversación en checo entre Petr y la chica, donde yo lo único que hago es mirar hacia otro lado como un tonto, porque no me entero de nada. Petr me va traduciendo lo que dice: por 1.077 coronas (45€) tenemos un móvil básico, tarjeta de Vodafone y 200 coronas de saldo. Es lo más barato, son solo 6 meses, así que perfecto, no quiero mp3, cámara ni historias de esas.
Punto uno quitado, ahora vamos a comprar las camisas para el trabajo. Recorremos varias tiendas y en ninguna encontramos nada interesante, aunque aprovecho para ver la ropa que hay aquí; más o menos lo mismo que en España, precios similares. También hay que tener en cuenta que estamos en la zona turística. Vamos a Zara entonces, que creo recordar que es ahí donde me dijeron que las habían comprado los del hotel. Miramos, y veo una camisa perfecta; precio, 999 coronas. "Ufff", demasiado, aunque me las paga el hotel, pero tampoco es plan de pasarse y presentarse con una camisa de seda de la última colección de algún niñato americano que ha decidido dedicarse al diseño de ropa. Empiezo a pensar que no vamos a encontrar nada, pero de repente Petr ve unas camisas negras, lisas, talla S; 699 coronas. No es barato, pero es lo que hay, así que cojo dos y voy a la caja para pagarlas, ni me las pruebo.
Salimos de Zara, y nuestra siguiente parada es la estación de metro donde puedo hacerme el abono de transporte para 3 meses. Una foto, 1.510 coronas y rellenar un impreso donde no entiendo absolutamente nada. "Si no hubiera venido Petr...", pienso para mí. Bueno, otra cosa menos. Delanta de nosotros, en la cola, un anciano que parece entender español; nos hemos dado cuenta demasiado tarde, Petr y yo ya hemos hecho un comentario gracioso sobre su camisa, mezcla de camisa hawaiana y camiseta de equipo de fútbol. El señor no parece molestarse, quizás no lo haya entendido bien o se lo haya tomado como un cumplido.
Buscamos un banco donde hacerme una cuenta. Me interesaban 2: el KB (Banca Comercial, pero en checo, no se como se escribe) o el ReiffeiseBank, ambos con cajeros cerca de mi casa. Prefiero el primero, parece más profesional, así que nos vamos a Namesti Miru, porque no encontramos ninguna sucursal en la zona donde estábamos. Habíamos pasado por Narodni Trida, para ir a la estación de metro y veo un edificio inmenso con un cartel de "Deutsche Bank". Le sugiero a Petr la posibilidad de hacerlo ahí, parece un banco más importante. Me mira girnado rápidamente la cabeza y me dice: "Nada que sea alemán". Parece ser que lo que suene a alemán no es bienvenido aquí en la República Checa, algo comprensible ya que fueron invadidos hace relativamente poco tiempo, en la Segunda Guerra Mundial.
Como decía, nos dirigíamos a Namesti Miru; ya teníamos hambre y allí hay un restaurante chino que le gustaba a Petr. Miro el reloj y solo son las 11:30 ¡Pero yo ya tengo hambre! Parece que mi estómago ya está hecho al horario checo.
De camino pasamos por un supermercado y recuerdo que tengo cosas que comprar, así que entramos, compro algunos artículos que no pude comprar el día anterior porque no lo encontré. En la caja, intento sacar las monedas sueltas que tengo para quitarme suelto, pero la "amable" cajera se cansa de esperar y me da la vuelta de los billetes que le había dado. Una muestra más de la simpatía checa, pienso. Meto las cosas en la mochila y salimos.
Llegamos a Namesti Miru y vamos a la sucursal del banco. Conversación en checo entre Petr y el empleado, donde una vez más no me entero de nada (tampoco es que tuviera esperanzas de ello), y salimos. "¿Qué pasa?", le pregunto. Resultad que para hacerme una cuenta necesitan un permiso de residencia y el contrato de trabajo. "Joder, más papeleos y movidas", habrá que ir a la oficina de extranjería o a la embajada española a enterarse bien, o lo que es lo mismo, quedar otro día y echar la mañana...bueno, al menos de momento tengo dinero para ir tirando, creo. Mientras comemos en el chino, aprovecho para ver el móvil bien; es tan simple que en 2 minutos ya has visto todas las opciones y menús, pero estoy conforme. Me fijo en el móvil de Petr y veo que es de T-Mobile. "T-Mobile es una compañía alemana", le digo. "No decías antes que lo alemán...". Me mira, duda un segundo, y me responde: "¡Pero no pone Deutsche!"
Quedo con Petr en llamarle otro día, la semana siguiente ya, para quedar y arreglar esto del banco. Menos mal que tengo traductor, sino...
Voy hasta el piso andando, porque así hago tiempo; total, no tengo nada que hacer en toda la tarde. Me debato entre quedarme en casa ganduleando o "acercarme" a hacer fotos a Vysehrad, una iglesia con cementerio que hay en lo alto de una colina. Pero empieza a nublarse, y metros antes de llegar al piso empieza a chispear un poco. Se resuelven mis dudas, gandulearé en casa, al menos de momento.
Y aquí estoy, las 13:53 con todo hecho, a ver cómo se desarrolla la tarde...
En primer lugar, había quedado con Petr en la Plaza Wenceslao, junto a la estatua del caballo, a las 9:30. Cuando hablé y le sugerí las 10, pensando que era demasiado pronto, me sorprendió cuando me dijo que era mejor quedar antes..."joder", pensé, pero si en España a esa hora todavía no has abierto los ojos..."OK, perfecto tío, mañana nos vemos".
Estoy tumbado en la cama; me había acostado tarde escribiendo el blog, porque me daba pereza dejarlo para tener que volverlo a empezar cuando fuera, no sea que se me olvidara alguna cosilla. Me despierto con la habitación inundada de luz, y lo primero que se me viene en mente es "¿Por qué no me habrá sonado el despertador?". A juzgar por la claridad del día, calculé según mi experiencia en España que serían las 10 por lo menos.
Estiro el brazo perezosamente hasta la mesilla, cojo el móvil y miro la hora: ¡6:17! De nuevo me sorprendo, y es que no acabo de acostumbrarme al hecho de que a las 6 ya sea de día aquí en Praga. Puede parecer un coñazo, pero no te das ni cuenta, y así se aprovecha el día mucho más.
Me levanto y me dirijo deambulando hacia el balcón, miro por la ventana y veo los coches, l
Voy a la cocina, me sirvo un vaso de zumo y me lo bebo de dos tragos. Escucho la ducha del servicio de al lado, y en ese momento entra mi compañera italiana en la cocina, vestida elegantemente para irse a trabajar.
Miro el reloj y compruebo que la hora se me echa encima, así que me cambio rápidamente, y salgo de casa en dirección a la Plaza Wenceslao. Llego antes de tiempo, así que me siento en un banco a esperar a Petr, que como buen checo, espero sea puntual. Observo los grupos de turistas intentando adivinar su procedencia por las pintas, y así me entretengo hasta que llega.
Saludos y enumeración de lo que tenemos que hacer. En primer lugar vamos a una tienda de Vodafone a por el móvil. Sacamos número, porque la tienda estaba bastante concurrida, y esperamos a que nos toque. Delante de nosotros una pareja española que se cansa de esperar al poco y se marcha. 10 minutos más y aparece en la pantalla "Q1": nuestro número. Avanzamos hacia el mostrador donde una chica nos atiende con una sonrisa. Conversación en checo entre Petr y la chica, donde yo lo único que hago es mirar hacia otro lado como un tonto, porque no me entero de nada. Petr me va traduciendo lo que dice: por 1.077 coronas (45€) tenemos un móvil básico, tarjeta de Vodafone y 200 coronas de saldo. Es lo más barato, son solo 6 meses, así que perfecto, no quiero mp3, cámara ni historias de esas.
Punto uno quitado, ahora vamos a comprar las camisas para el trabajo. Recorremos varias tiendas y en ninguna encontramos nada interesante, aunque aprovecho para ver la ropa que hay aquí; más o menos lo mismo que en España, precios similares. También hay que tener en cuenta que estamos en la zona turística. Vamos a Zara entonces, que creo recordar que es ahí donde me dijeron que las habían comprado los del hotel. Miramos, y veo una camisa perfecta; precio, 999 coronas. "Ufff", demasiado, aunque me las paga el hotel, pero tampoco es plan de pasarse y presentarse con una camisa de seda de la última colección de algún niñato americano que ha decidido dedicarse al diseño de ropa. Empiezo a pensar que no vamos a encontrar nada, pero de repente Petr ve unas camisas negras, lisas, talla S; 699 coronas. No es barato, pero es lo que hay, así que cojo dos y voy a la caja para pagarlas, ni me las pruebo.
Salimos de Zara, y nuestra siguiente parada es la estación de metro donde puedo hacerme el abono de transporte para 3 meses. Una foto, 1.510 coronas y rellenar un impreso donde no entiendo absolutamente nada. "Si no hubiera venido Petr...", pienso para mí. Bueno, otra cosa menos. Delanta de nosotros, en la cola, un anciano que parece entender español; nos hemos dado cuenta demasiado tarde, Petr y yo ya hemos hecho un comentario gracioso sobre su camisa, mezcla de camisa hawaiana y camiseta de equipo de fútbol. El señor no parece molestarse, quizás no lo haya entendido bien o se lo haya tomado como un cumplido.
Buscamos un banco donde hacerme una cuenta. Me interesaban 2: el KB (Banca Comercial, pero en checo, no se como se escribe) o el ReiffeiseBank, ambos con cajeros cerca de mi casa. Prefiero el primero, parece más profesional, así que nos vamos a Namesti Miru, porque no encontramos ninguna sucursal en la zona donde estábamos. Habíamos pasado por Narodni Trida, para ir a la estación de metro y veo un edificio inmenso con un cartel de "Deutsche Bank". Le sugiero a Petr la posibilidad de hacerlo ahí, parece un banco más importante. Me mira girnado rápidamente la cabeza y me dice: "Nada que sea alemán". Parece ser que lo que suene a alemán no es bienvenido aquí en la República Checa, algo comprensible ya que fueron invadidos hace relativamente poco tiempo, en la Segunda Guerra Mundial.
Como decía, nos dirigíamos a Namesti Miru; ya teníamos hambre y allí hay un restaurante chino que le gustaba a Petr. Miro el reloj y solo son las 11:30 ¡Pero yo ya tengo hambre! Parece que mi estómago ya está hecho al horario checo.
De camino pasamos por un supermercado y recuerdo que tengo cosas que comprar, así que entramos, compro algunos artículos que no pude comprar el día anterior porque no lo encontré. En la caja, intento sacar las monedas sueltas que tengo para quitarme suelto, pero la "amable" cajera se cansa de esperar y me da la vuelta de los billetes que le había dado. Una muestra más de la simpatía checa, pienso. Meto las cosas en la mochila y salimos.
Llegamos a Namesti Miru y vamos a la sucursal del banco. Conversación en checo entre Petr y el empleado, donde una vez más no me entero de nada (tampoco es que tuviera esperanzas de ello), y salimos. "¿Qué pasa?", le pregunto. Resultad que para hacerme una cuenta necesitan un permiso de residencia y el contrato de trabajo. "Joder, más papeleos y movidas", habrá que ir a la oficina de extranjería o a la embajada española a enterarse bien, o lo que es lo mismo, quedar otro día y echar la mañana...bueno, al menos de momento tengo dinero para ir tirando, creo. Mientras comemos en el chino, aprovecho para ver el móvil bien; es tan simple que en 2 minutos ya has visto todas las opciones y menús, pero estoy conforme. Me fijo en el móvil de Petr y veo que es de T-Mobile. "T-Mobile es una compañía alemana", le digo. "No decías antes que lo alemán...". Me mira, duda un segundo, y me responde: "¡Pero no pone Deutsche!"
Quedo con Petr en llamarle otro día, la semana siguiente ya, para quedar y arreglar esto del banco. Menos mal que tengo traductor, sino...
Voy hasta el piso andando, porque así hago tiempo; total, no tengo nada que hacer en toda la tarde. Me debato entre quedarme en casa ganduleando o "acercarme" a hacer fotos a Vysehrad, una iglesia con cementerio que hay en lo alto de una colina. Pero empieza a nublarse, y metros antes de llegar al piso empieza a chispear un poco. Se resuelven mis dudas, gandulearé en casa, al menos de momento.
Y aquí estoy, las 13:53 con todo hecho, a ver cómo se desarrolla la tarde...
lunes, 7 de julio de 2008
Saludos
Bueno, esta es la crónica de mis primeros días en Praga, así que a quien le pueda interesar, fruto del aburrimiento, que le eche un vistazo.
La verdad es que en general la ciudad está muy bien para vivir; es una capital europea donde tienes de todo, pero yo personalmente echo de menos la gente de España. Si no fuera por eso...la gente aquí es muy diferente, son como robots xD
Y es que hasta que no sales de España no te das cuenta lo bien que vivimos; y eso lo dicen los propios checos, que conste que no me invento nada. Me preguntan que cómo se me ocurre venirme a Praga viviendo en España.
De todas formas, se trata de una experiencia interesante, recomendable sin duda. Yo, a pesar de los altibajos iniciales, me estoy divirtiendo bastante, y eso que esto no ha hecho más que empezar.
¡Saludos a todos!
La verdad es que en general la ciudad está muy bien para vivir; es una capital europea donde tienes de todo, pero yo personalmente echo de menos la gente de España. Si no fuera por eso...la gente aquí es muy diferente, son como robots xD
Y es que hasta que no sales de España no te das cuenta lo bien que vivimos; y eso lo dicen los propios checos, que conste que no me invento nada. Me preguntan que cómo se me ocurre venirme a Praga viviendo en España.
De todas formas, se trata de una experiencia interesante, recomendable sin duda. Yo, a pesar de los altibajos iniciales, me estoy divirtiendo bastante, y eso que esto no ha hecho más que empezar.
¡Saludos a todos!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


